Chester Himes, Empieza el calor

julio 16, 2008 at 1:31 pm Deja un comentario

Chester Himes es un escritor norteamericano ayer nomás bastante renombrado y hoy algo fuera de moda y de las referencias periodísticas.

Nació en Missouri en 1909, trabajó en las cosas más diversas, desde detrás del mostrador de un bar hasta fabricando armamentos en California. Estuvo preso casi ocho años por robo. Cuando terminaba la segunda gran guerra se publicó su primera ficción y desde entonces no paró hasta su muerte en España en 1984. Sus escritos suelen, más o menos, ser catalogados dentro de la llamada “novela negra”, que en su caso es casi un chiste.

Algunos de sus textos lo hicieron bien famoso, principalmente Por amor a Imabelle, pero aquí queremos rescatar otro, menor, que hace unos días compramos en una oferta y liquidamos en un viaje largo de colectivo.

Se llama originalmente The Heat’s On (Empieza el calor) y data de 1967. Se trata de un relato verdaderamente delirante.

Sus personajes centrales son dos policías negros casualmente suspendidos por algún exceso en su labor y que responden a los apelativos de Ataúd Johnson y Sepulturero Jones, quienes en el medio de los días más calurosos del año andan dando vueltas por Harlem y el puerto de Nueva York tratando de entender una serie de crímenes y rarezas semejantes que se suceden a partir de una falsa alarma de incendio y que van enhebrando las andanzas a un enano gritón, un gigante negro albino que sobre el final se pinta de… muy negro, un africano que anda con turbante, heroinómanos y dealers, chicas que se desnudan. En fin, todo un desfile esperpéntico que a las pocas páginas le hace al lector olvidarse de la trama y el enigma para advertir que lo que está leyendo es principalmente una novela cómica que de tanto en tanto roza una suerte de costumbrismo con aspiración casi antropológico que intenta alcanzar alguna clave para la comprensión, de manera no convencional, del alma y las conductas de la cultura negra yanqui.

Uno no puede leer narraciones como éstas sin imaginar cuánto les ha robado Spike Lee para sus películas mejores. Arte popular en el mejor sentido de la palabra.

La edición es Bruguera, pertenece a la colección “Novela negra” que dirigía el argentino Juan Carlos Martini y la traducción es de otro escritor argentino, Marcelo Cohen, quien para desgracia de todos nosotros se vio obligado por esas cosas del mercado a traducir al español, me cacho.

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