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agosto 21, 2011 at 1:45 pm Deja un comentario

Esperando a Superman, de Davis Guggenheim

Waiting for Superman es un documental de Davis Guggenheim, escrito por él mismo junto a Billy Kimball, estrenado en el 2010, financiado entre otros por Bill Gates y que cuenta entre sus admiradores al presidente Barack Obama.

En el centro del debate está la educación en los Estados Unidos. La educación pública, porque todos aquellos que quieren zafar de sus males tienen la posibilidad de optar por la privada que, se descarta, es mejor (se cita en un momento que el promedio de costo anual de una escuela primaria privada es de 8.000 dólares); se trata de la educación pública, pues, a la que están condenados los sectores de menores recursos (y de allí la direccionalidad demagógica del mensaje).

La película dice varias cosas a la vez. Por un lado apela con los rostros de niños ansiosos, padres preocupados y música ad hoc a cierto efecto melodramático-pedagógico, del tipo “Miren a las pobres víctimas…” de los entuertos que causan sus “mayores”

Por otro lado, tiene un costado particularmente psicopatero dirigido al público de los Estados Unidos: aquel que a través de las estadísticas muestra que la tierra de Thomas Jefferson hoy está en las evaluaciones internacionales por detrás de todas las naciones desarrolladas. ¿Cómo pudo ser? De paso digamos que las cifras citadas demuestran que, el menos en matemáticas y lengua, allá están tal mal como acá.

Finalmente, se predica que la solución al problema es sencilla: basta decisión, tenacidad, capacitación y entusiasmo. La catástrofe educativa no es un problema de presupuesto. Según los números que se citan la “inversión” por niño yanqui se ha duplicado en las últimas tres décadas, al mismo tiempo que la aguja del rendimiento casi no se ha movido en el medidor.

Se han sucedió los presidentes y los encargados nacionales, estaduales y municipales de la educación, se han sancionado diversas leyes y normativas reformistas complementarias, pero nada parece haber dado resultado. ¿Por qué? La respuesta de la película es: la burocracia. Un laberinto de dependencias, secretarías, funcionarios, secretarios y etcéteras que se ha fosilizado e impide cualquier cambio. Dentro del establishment conservador, un lugar privilegiado lo ocupan los gremios de maestros. Éstos, a partir de la lucha legítima entablada con posterioridad a la Segunda Guerra para defender los derechos laborales de los docentes, con el tiempo se han transformado en un monstruo inamovible que, encima, se potencia con sus periódicas contribuciones millonarias a los partidos Demócrata, en primer lugar, y también Republicano.

La “mano” del sindicato se ve -subraya el filme- en un contrato de trabajo arreglado con el Estado hace ya tiempo que vuelve a los docentes prácticamente intocables en sus cargos. Así, los “malos” maestros y profesores se atornillan a sus escritorios y no hay dios que los saque de allí hasta el retiro, justo -tal la proporción de la tragedia- cuando se comprueba que el único modo de salir del hoyo es con “buenos” y abnegados docentes.

Porque lo que cuenta Waiting for Superman es una historia de “personas” preocupadas, padres, funcionarios y especialistas en educación, y sin embargo la cosa cada vez está peor, porque la rueda dentada del sistema termina comiéndose las buenas intenciones y los intentos buenos.

La solución que predica la película estaría, consecuentemente, por fuera del “sistema”; es decir, a través de las llamas escuelas “charter” o “experimentales” o algunos otros alias que posibilitan saltarse las cláusulas de los convenios colectivos, rajar sin más a los de “mal desempeño”, quedarse con los buenos y excelentes, estimular con mejores salarios a quienes brindan una mayor productividad, etc. La película se pregunta con asombro de sentido común cómo puede ser que un mal maestro y un buen maestro cobren lo mismo, nunca se pregunta cómo puede ser que las instituciones de formación no garanticen que todos sus egresados sean buenos, en fin.

Pero para demostrar lo que quiere demostrar Guggenheim toma algunos casos particulares y exitosos de escuelas de este tipo, como las escuelas Seed de Washington D.C. o la que dirige el educador Geoffrey Canada en la zona más pobre de Nueva York, que habrían demostrado empíricamente que, si se les dedica el suficiente tiempo y esfuerzo, los chicos pobres pueden tener tan buen desempeño como los ricos, y saltar esa brecha histórica de rendimiento que las estadísticas atesoran entre los resultados de los colegios a los que concurren unos y otros.

En fin, poco para comentar. De cualquier modo la película es interesante para detectar, bien en crudo, la usina de los argumentos liberales típicos que abundan en los diarios y los discursos de los funcionarios de nuestro país. No obstante lo cual uno bien puede sacar de algunos de los argumentos esgrimidos conclusiones opuestas a las que se ofrecen; por ejemplo, del caos de normativas zonales que tanto alimentan al ogro ineficaz de la burocracia bien puede deducirse la necesidad de un sistema educativo único y centralizado. O incluso llamar la atención acerca de por qué será que Guggenheim nunca nombra el lugar que la religión tiene en la educación norteamericana.

La película empieza narrando en primera persona el sufrimiento del chico que vive en el ghetto, ama las historietas y a quien una mañana su madre le revela que Superman no existe, que jamás superhéroe alguno vendrá para solucionar de un soplo los problemas de los simples mortales. Y en eso Guggenheim también tiene razón.

Waiting for Superman se puede bajar de aquí.

febrero 10, 2011 at 4:51 pm 8 comentarios



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