Posts tagged ‘inmigración’

Boli

Tanto le hicieron la cabeza que finalmente se sentó a esperar en el frío brumoso de la mañana.
Al Boli lo convencieron los compañeros, por atropello. Todos los almuerzos, con el pan y el fiambre tragados a las apuradas fuera del pozo, dale que dale: que no puede ser, que cuántos años más vas a andar postergando, que ahora che ya sos abuelo de un argentinito… Todo ese ruido machacón.
Aunque, a decir verdad, el argumento decisivo fue la rapidez del trámite. A él le parecía que no podía ser, estaba seguro de que había visto largas colas más de una vez, pero los negros le palmearon la espalda, le aseguraron que no, que hay muchos empleados, que los documentos salen como gargajos, y hasta lo jodieron al capataz para que le diera la mañana. “Total”, dijo uno mientras levantaba el pico, “Macri no va a dar la orden justo este lunes para que echen a correr el subte H hasta Corrientes, ¿no?”.
Por si algo faltaba para vencer su indecisión justo la noche anterior pudo ver, perdido unos minutos en el desfile de imágenes y sonidos del noticiero televisivo, a un funcionario sonriente que discurseaba sobre la necesidad de regularizar la documentación y, palabras más o menos, sugería la misma eficacia de los servicios oficiales pertinentes que sus compañeros de laburo.

Llegó temprano y desde lejos se dio cuenta de que lo habían meloneado mal. Que la hilera de gente se estiraba más allá de la autopista, que no le iba a alcanzar el día. Pero ya que estaba qué iba a hacer; llegó hasta el final, con la cabeza gacha tratando de no reconocer a ninguno, y se sentó sobre las baldosas grises de cemento todavía húmedas por la llovizna de anoche. Total, se dijo en silencio, ya sabía cómo matar el tiempo. Sacó el papel y la lapicera y se puso a escribir la demorada carta a su madre. Con un poco de suerte tal vez llegue antes de que la pobre vieja se muera allá en La Paz.

junio 6, 2008 at 12:16 pm Deja un comentario

Cómo librarse de un soplo de los inmigrantes ilegales (una modesta proposición yanqui)

El periódico Rio Grande Guardian informa que funcionarios de emergencia en Texas desarrollaron “nuevos planes de evacuación” para la temporada de huracanes que incluyen algunas pautas verdaderamente llamativas e innovadoras. En especial aquellas que están explícitamente destinadas a impedir que los inmigrantes indocumentados puedan escapar de los salvajes twisters.

Según los trascendidos, los autobuses escolares serán utilizados para ayudar a evacuar a los habitantes del lugar cuando se descerrajen desde los cielos las fuerzas de la naturaleza, pero, eso sí, antes de ser admitidos a bordo todos los pasajeros serán revisados por agentes de la patrulla fronteriza. Quien no sea ciudadano o residente legal deberá bajar del vehículo y no será de la partida evacuatoria, sino que será detenido en un “establecimiento cercano” del cual se afirma que (ésta es la parte más ridícula de todos los leguleyos considerandos) será construido para resistir huracanes.

Hace unos cuantos siglos el inglés Jonathan Swift escribió una memorable y modesta proposición para terminar a la vez con el flagelo del hambre y los niños pobres, sucios, malolientes y sin casa que andaban dando vueltas por Londres y sus alrededores. La solución propuesta era usarlos como comida. Pues bien, siguiendo la misma vena, aunque ya no en tono de sátira, parece que los gobernantes yanquis han encontrado una fórmula para reducir drásticamente, al menos en algunos de sus Estados, la cantidad de inmigrantes indeseados.

mayo 23, 2008 at 11:37 am Deja un comentario

Estimado señor refugiado… Una carta del gobierno británico digna de las antologías del humor negro (si no fuera por sus amargas consecuencias)

Podría parecer una muestra del ancestral humor de flema inglesa si no fuera por sus consecuencias por demás inmediatas y dramáticas. Ocurre que Gran Bretaña decidió sin mayor trámite cerrarle las puertas a miles de iraquíes quienes, desesperados por la situación que les ha tocado vivir en su país (en gran parte gracias a los “esfuerzos democráticos” de los ingleses), se decidieron a buscar asilo en aquellos territorios europeos que rodean al famoso Big Ben.

El periódico The Guardian informó que el gobierno británico le ha enviado cartas a más de 1.400 refugiados iraquíes en las que los intima (más bien: les ordena) que regresen ya a Irak o afrontarán “una pobreza extrema” en Gran Bretaña. Dicho en otras palabras menos eufemísticas: se trata de un vulgar chantaje puesto que lo que anticipa el Estado británico, antes de que a alguno se le ocurra iniciar trámite de algún tipo, es que no los van a ayudar con alimentos ni alguna clase de hospedaje después de algunas días, no distribuirán entre ellos las visas de aduana necesarias y correspondientes para que obtengan algún tipo de empleo, los mantendrán amuchados en algún galpón antes de embarcarlos nuevamente, etc.

Las cartas dicen que los iraquíes tienen tres semanas para regresar voluntariamente a su país, período tras el cual van a perder el apoyo estatal y terminarán ilegales y en la calle.

El párrafo más memorable y jocoso de la epístola en cuestión es aquél donde se brindan los fundamentos para apoyar la decisión oficial inglesa. El gobierno británico esgrime como argumento mayor que ahora “Irak es seguro para los refugiados”…

Claro que, a renglón seguido y en el colmo de la perversión diplomática y humanitaria, les solicita a los señores refugiados que firmen una renuncia de derechos que absuelve a Gran Bretaña de toda responsabilidad por su situación una vez que regresen al territorio iraquí.

mayo 16, 2008 at 11:39 am Deja un comentario

Acerca de la gran inmigración

En su libro La gran inmigración (Buenos Aires, Sudamericana, 1991) Ema Wolf y Cristina Patriarca comentan la siguiente nota aparecida en la revista P.B.T. en 1904, y dedicada al por entonces ministro de Agricultura, Damián Torino:

“Siete mil inmigrantes han desembarcado en Buenos Aires en menos de una semana. Ya tiene Torino catorce mil brazos disponibles para la cosecha, suponiendo que no haya ningún mano. Y suponiendo que la langosta deje algo que cosechar, porque ésta es la huéspeda que no había contado el Ministro.

Cosas las dos apremiantes
a que debe, y por la posta,
atender, pero ¿a cuál antes?
¿a la manga de langosta,
o a la manga de inmigrantes?”.

abril 19, 2008 at 11:44 am Deja un comentario



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