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Entrevista a Diego Rojas, el periodista autor de ¿Quién mató a Mariano Ferreyra?

El pasado lunes 4 de abril, cuando se cumplía un nuevo aniversario del asesinato del maestro neuquino Carlos Fuentealba, concurrió al programa radiofónico Desde el aula Diego Rojas, para ser entrevistado al aire acerca de la reciente publicación de su ensayo ¿Quién mató a Mariano Ferreyra? El libro había sido presentado el viernes anterior en una sede de la Universidad de Buenos Aires frente a cientos de personas y animando un interesante debate. De alguna manera el periodista trajo a la casa de la calle Lambaré el eco de esos dichos y polémicas. La charla fue desde las escuelas en las que Rojas aprendió a escribir hasta, por supuesto, la descripción de los diversos pasos de la investigación acerca de la muerte de Ferreyra a manos de una patota enviada por los jerarcas sindicales de la Unión Ferroviaria. En el momento en que se realizaba la entrevista crecían los rumores acerca de que José Pedraza, el secretario general de la UF, seguiría procesado por la justicia aunque sería liberado. Por suerte el chisme no se confirmó.

A continuación transcribimos un fragmento de la conversación:

Desde el aula: – Seguramente la pregunta que sigue ya te la han hecho repetidamente pero es inevitable dado que uno de los aportes más interesantes de tu libro es el reportaje -hasta donde sabemos el único después del asesinato de Mariano Ferreyra- que lograste arrancarla a José Pedraza. Entonces, ¿por qué no nos contás esa experiencia? ¿Cómo fue dialogar con Pedraza, mirar a los ojos a quien sabés que mandó a matar a un joven trabajador y estudiante para conservar un negocio inmoral?

Diego Rojas: -(…) La verdad es que fue, a la vez, una de las experiencias más raras, conmocionantes y necesarias de mi vida. Pedraza me contó que no quería dar entrevistas a los medios comerciales porque la prensa siempre lo termina mostrando, decía, como un “sindicalista empresario”… (Risas.) Qué otra cosa es, ¿no? Pro bueno, se subía las mangas para mostrarme que no tenía pulsaras de oro ni relojes costosos como algunos habían dicho. Por lo demás me impresionó como una suerte de abuelo, simplemente vestido, y que en cualquier momento se iba a levantar para llevar a sus nietos a la plaza. Tiene algún tipo de enfermedad que hace que las manos le tiemblen todo el tiempo, y eso suma a su persona un halo de fragilidad. Más allá de eso yo fui dispuesto a ponerme firme y hacer todas las preguntas que tenía pensadas, y que habían surgido de la investigación, en eso no pensaba aflojar.

Por otra parte tenía frente a mí a un sindicalista que con su biografía expresa buena parte de la historia argentina de las últimas cinco décadas, o más, y describe una dramática paradoja. Yo cito varias veces en mi libro la inspiración que el escrito de Rodolfo Walsh ¿Quén mató a Rosendo? constituye para mí, ese volumen y Walsh mismo como periodista y escritor fuerte y decisivo; ¡y tenía frente a mí a alguien que había conocido y compartido ideas y palabras con Walsh! Es significativo señalar que Pedraza, además de su origen humilde y  como trabajador, se inició políticamente en la izquierda del Partido Socialista, junto a Juan Carlos Coral entre otras figuras, es decir casi un filo-trotskista; más tarde se acercó al peronismo de izquierda, fue entonces que conoció a Walsh, puesto que Pedraza fue uno de los principales animadores de la CGT de los Argentinos y de su famoso semanario, en el que Walsh trabajó junto a Horacio Verbitsky y Rogelio García Lupo, por ejemplo. En el libro yo destacó la mención alabatoria que hace de él Juan José Hernández Arregui en uno de sus ensayos a partir de la lectura de encendido panfleto que Pedraza redactó… Increíble. Más tarde se alejó, se llamó medio a silencio durante la dictadura y volvió con todas las luces en la época del menemismo, fue partícipe principal de la destrucción de los ferrocarriles argentinos, de su privatización, y después armó con sus restos, junto a empresarios “amigos” y los subsidios del gobierno  kirchnerista el fabuloso negocio de las empresas mercerizadas.

Lo de las mercerizadas lo plantea como una necesidad de la coyuntura, una iniciativa lanzada por Néstor Kirchner, Julio De Vido, Ricardo Jaime, ahora Juan Pablo Schiavi, el secretario de Transporte, que se extendió más de lo debido, pero que se estaba por “arreglar” cuando ocurrió el crimen. (…)

Difícil de creerle a un señor que se compró hace un tiempo un departamento por más de un millón de dólares y  por cuyas expensas desembolsa ¡cuatro mil pesos al mes!

Por momentos entrevistarlo me dio un poco de asco, de impotencia, sobre todo en el momento en que se puso a especular acerca de hasta dónde podía llegar la “cosa”, refiriéndose a su procesamiento y el otros dirigentes de la Unión Ferroviaria. ¿Hasta el juicio oral?, me decía; vamos, declaramos, un par de mañanas perdidas a lo más y listo. Me parece que por entonces él calculaba que zafaba de la cárcel. (…)

Así, cada tanto se le pasaba algo por la cabeza y cambiaba un poco el tono con el que estaba hablando. Por ejemplo, cuando afirmó que nadie del sindicato estaba implicado en el asesinato; yo le recordé que había testimonios que constaban en la causa donde se daba cuenta que a las pocas horas el barrabrava de Defensa y Justicia, y “empleado” de los talleres de Remedios de Escalada, Cristian Favale, seguramente el autor material del crimen, había andado jactándose en su lugar de trabajo de que “le hice un agujero en la barriga”, mientras se sonreía y hacía el gesto de gatillar con sus dedo en el aire. ¿Por qué nadie dijo nada entonces?, le pregunté, y él me contestó: “¿Qué te crees? ¡Los ferroviarios no somos botones!”. En la presentación de mi libro, hace tres días, uno de los invitados fue Jorge Altamira, del Partido Obrero, y él allí alertó de que existía la fuerte y confiable información de que a Pedraza lo iban a dejar en libertad, y llamó a movilizarse para impedirlo. A mí la cuestión me indigna, casi no me deja dormir. ¿Te imaginás? Ese asesino, con todas las pruebas que hay, ¡en libertad! Hagamos fuerza para que no suceda, nunca, es un deber, ¿no?

A continuación publicamos como material complementario algunos de los apuntes a partir de los cuales Rojas fue tramando la entrevista a Pedraza y un borrador acverca de los motivos que llevaron a que el libro se llame como se llama. Además de estos escritos el autor nos envió la foto que se reproduce arriba, que salió en la nota que le realizara la revista Los Inrrockuptibles y que es obra de Lola García Garrido.

Por qué el título del libro

Este libro se titula ¿Quién mató a Mariano Ferreyra?, en una clara alusión a la clásica obra de Rodolfo Walsh. La referencia no es casual. Cuarenta y dos años después de que el escritor denunciara el trasfondo del asesinato de Rosendo García a manos de la patota sindical vandorista, Mariano Ferreyra caía abatido por un disparo surgido de bandas de características similares. Similares, pero no iguales. Los parecidos entre unos y otros son muchísimos. El sindicalismo de Vandor como el de Pedraza se asemejan en su alejamiento completo de la defensa de los intereses de los trabajadores, supuesto objetivo natural de los sindicatos. Son corruptos, se venden a las patronales, se identifican con sus intereses, responden a un criterio político dominado por el oportunismo y el seguidismo a los poderes de turno, apelan a la violencia para acallar a los opositores y no dudan a la hora de cometer crímenes para mantener sus privilegios. Sin embargo, hay elementos novedosos en la putrefacción que atraviesa a un gran sector del sindicalismo dominante en la actualidad. Si bien en el pasado el vandorismo -una tradición que se extendió hasta los años noventa- gozaba de las dádivas que les ofrecían los empresarios o el Estado debido a sus favores, y si bien podían incluso conformar empresas que los alejaban aún más del rol que debían desempeñar; no se habían manifestado tan claramente como hoy como sectores ajenos a la clase trabajadora. No se habían manifestado como su claro opuesto. Desde José Pedraza hasta Hugo Moyano, muchos sindicalistas son claramente parte del empresariado. Ya sea a través de esposas, testaferros e, incluso, mediante emprendimientos sindicales (como los hoteles de lujo que administra el sindicato de camioneros), estos dirigentes sindicales abandonaron la acción que beneficie a los operarios por especulaciones que aumenten sus propios favores conseguidos. Enquistados en sus sitiales de dirección del movimiento obrero, desde allí defienden las mejores condiciones para realizar los negocios que engrosen sus cuentas. Pocas veces esa externalidad a las clases laboriosas quedó tan en evidencia como en estos días. De cualquier manera, y como en el pasado (que tanto reivindica el oficialismo mediante la reconstitución de la Juventud Sindical, que en los años setenta se había dedicado a perseguir a los sectores combativos del movimiento obrero), estas direcciones gremiales apelan a todos los métodos necesarios para conservar sus negociados. Para mantenerse en el poder.

Es por eso que hoy, tanto como ayer, resulta necesario acabar con esta manera de construir el sindicalismo argentino. No sólo para que no haya más asesinatos, como el de Mariano Ferreyra, que lamentar, sino también por una necesidad estratégica. Rodolfo Walsh concluía su libro con la siguiente reflexión: “La comunidad capitalista no aparece cuestionada, la lucha de clases no es reconocida, la ‘paz social’ debe mantenerse, se quiere ser ‘factor de poder’ y no tomar el poder. Discutir el vandorismo desde la perspectiva de una teoría revolucionaria de la clase obrera es reencontrar uno por uno los viejos lugares comunes del reformismo, del sindicalismo burgués. En todo caso Vandor es derrotado por los hechos, además de la teoría. Es bueno, sin embargo, que los trabajadores aprendan a reconocer las ideas que conducen a esos hechos, y que sepan también que las ideas no son inocentes, que el desprecio por la ideología de la clase obrera es una promesa segura de traiciones, y que las traiciones no se consuman porque sí, sino en pago de algo. Bien lo dijo Amado Olmos, refiriéndose no sólo a Vandor, sino al grupo de jerarcas enriquecidos, de burócratas complacientes que lo han acompañado en sus aventuras: ‘Estos dirigentes han adoptado las formas de vida, los automóviles, las inversiones, las casas, los gustos de la oligarquía a la que dicen combatir. Desde luego con una actitud de ese tipo no pueden encabezar a la clase obrera’”. Estas palabras conservan toda su potencia en la actualidad. Basta reemplazar “Vandor” por “Pedraza”, por “Moyano”, por “Gerardo Martínez”, por “Omar Viviani”, por “Gerónimo Venegas”. Y de reemplazar estas direcciones sindicales por otras comprometidas realmente con la defensa de los intereses de los trabajadores depende, en gran parte, el futuro de la nación. Sobre estas premisas es que el título de este libro homenajea a la obra de Rodolfo Walsh.

Apuntes para la entrevista a José Pedraza

Trabajador del ferrocarril mantuvo conversaciones con Favale antes de su entrega. Juan Araya ofreció abogados a todos los sospechosos, al doctor Framont. Araya llamó a Luna para decirle que le transmitiera al gobierno que si no paraban de acusar ferroviarios iban a seguir parando. Y también, en un allanamiento, dijo que ya se liberaba todo, “así sacamos todo”. ¿Conoce a Araya, rol de Araya, apoderado UF y uno de los directores de Operadora Ferroviaria Sociedad del Estado?

SOCIEDADES – Fecha: 25/07/2008

OPERADORA FERROVIARA SOCIEDAD DEL ESTADO Constitución de Sociedad: 1) ESTADO NACIONAL, 2) Escritura Nº 75 del 04/07/02008, 3) Operadora Ferroviaria Sociedad del Estado, 4) Avenida José María Ramos Mejía 1302, C.A.B.A., 5) La Sociedad tiene como objeto la prestación de los servicios de transporte ferroviario tanto de cargas como de pasajeros, en todas sus formas, que le sean asignados, incluyendo el mantenimiento del material rodante, para lo cual podrá desarrollar todas las acciones que resulten necesarias o convenientes para la mejor realización de sus funciones, llevando a cabo los actos de administración o disposición que sean precisos para el cumplimiento de las mismas, incluso mediante la participación en sociedades o empresas, nacionales o extranjeras, con sujeción a lo dispuesto en la legislación vigente, y con los alcances establecidos en la Ley Nº 26.352 y sus normas reglamentarias, 6) La duración de la sociedad es de NOVENTA Y NUEVE (99) años, 7) El capital social se fija en la suma de PESOS VEINTE MILLONES ($ 20.000.000), y estará representado por la cantidad de VEINTE MILLONES (20.000.000) de certificados nominativos de UN PESO ($ 1) cada uno de propiedad del ESTADO NACIONAL, 8) La sociedad será dirigida y administrada por un Presidente y contará con un Directorio compuesto por TRES (3) Directores Titulares incluido el Presidente y TRES (3) Directores Suplentes quienes durarán TRES (3) años en sus funciones, pudiendo ser reelegidos indefinidamente. La fiscalización será ejercida por TRES (3) Síndicos Titulares y TRES (3) Síndicos Suplentes quienes durarán TRES (3) años en sus funciones. Los Síndicos actuarán como cuerpo colegiado bajo la denominación de Comisión Fiscalizadora. PRESIDENTE: Doctor MARCELO EDUARDO LÓPEZ ARIAS. DIRECTORES TITULARES: Doctora ALBA DEL VALLE THOMAS HATTI; Doctor JUAN ROSAURO ARAYA. DIRECTORES SUPLENTES: Licenciado EMILIO JAVIER ÁLZAGA; Ingeniero CARMELO VALENTIN NOCERA; señor RUBÉN OMAR VIDAL. COMISIÓN FISCALIZADORA, SÍNDICOS TITULARES: Contador Alejandro Fabián DIAZ; Doctor RICARDO GUILLERMO TONET y Contador WALTER ANTONIO PARDI, y SÍNDICOS SUPLENTES: Doctor JAVIER RODRIGO SIÑERIZ; Contadora Silvana María GENTILE; y Contador Néstor Luis FUKS, 10) Cierre de Ejercicio: 31 de diciembre. Ingeniero/Secretario de Transporte: RICARDO RAÚL JAIME, Secretario e. 25/07/2008 Nº 582.467 v. 25/07/2008

Fuente: Boletín Oficial de la República Argentina – Nro: 31454 del 25/07/08

Alfonso Severo denunció que una patota liderada por Saldaña, “Chuly” Carruega y Daniel “Santa Fe” Hess -barrabrava de Banfield- lo sacó a los tiros de su puesto.

Las contrataciones de gente perteneciente a las barras bravas del fútbol parece una constante. Favale, “Chuly”, Gabriel Sánchez no son hijos de ferroviarios.

José Luis García, jefe de Administración de Personal y Liquidación de Haberes. La subsecretaría de Transporte envía los fondos a UGOFE para pagar los sueldos del personal convencionado, los que están fuera de convenio que quedaron de la anterior gestión del Roca y el pago de los sueldos de otras empresas. Se envía a cada concesionario para que deposite el dinero en cada cuenta sueldo. Que había una diferencia del 30% entre lo que recibía UGOFE y lo que se pagaba a los empleados.

Raúl Oscar Castellano, secretario de medios de la Unión Ferroviaria, es presidente de Cooperativa Unión del Mercosur. El estatuto social queda asentado en Independencia 2880. También es director de Nuevo Central Argentino S.A. ¿Cómo se puede ser representante de los trabajadores cuando a la vez se es miembro de una empresa que contrata ferroviarios?

Polired, Aceros Zapla, Masa, Socorristas, tercerizados de SGC del Belgrano Sur, trabajadores en negro de los baños.

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abril 10, 2011 at 1:10 pm Deja un comentario

El oficio de intervenir. Políticas de subjetivación en grupos e instituciones

Raquel Bozzolo, Osvaldo Bonano y Marta L’Hoste, El oficio de intervenir. Políticas de subjetivación en grupos e instituciones, Buenos Aires, Biblos, “Sin fronteras”, 2008, 304 páginas.

Los autores de este volumen son a la vez psicólogos e investigadores y docentes universitarios en Buenos Aires y La Plata. Intentan ofrecer a través de las cinco partes que integran El oficio de intervenir reflexiones y respuestas prácticas al quehacer del psicólogo de cara a los traumáticos hechos sociales que la dictadura brutal y la represión social descerrajaron sobre la Argentina de las últimas décadas. Se trata de coordenadas precisas; según cuentan en la presentación: “Nuestro equipo se formó en un cruce de recorridos personales, en plena posdictadura, para elaborar y pensar críticamente las experiencias transitadas. Nos conocíamos desde nuestro trabajo de resistencia ante la dictadura, nos reunían convicciones y apuestas políticas que coincidían en la situación; también lo hacían preocupaciones teóricas semejantes. Comenzamos a trabajar juntos en el momento en que tanto las formulaciones como los dispositivos con los que habíamos trabajado en la casa de las Madres de la Plaza de Mayo se habían transformado en obstáculo”.

De alguna manera el norte de los diversos capítulos está dado por la convicción de que las formas más tradicionales del quehacer del psicólogo, incluidos los aportes clásicos de la psicología social y del llamado análisis institucional, deben ser revisados y, de alguna manera, aprovechados, sintetizados y superados por las exigencias y la demanda de los diversos procesamientos individuales de un cerrado contexto sociocultural. Así trazado, el camino sigue una vía más bien inductiva: no tanto de la teoría a la práctica sino más bien al revés, desde los procesos de subjetivización hacia las exigencias que éstos imponen a los modelos teóricos. El ida y vuelta impone en consecuencia y con posterioridad una decantación que busca que la propia reflexión teórica se robustezca a partir de los nuevos enfrentamientos y experiencias -es decir, se vuelve una renovada exigencia de conceptualización-, que envuelven, por supuesto, la figura misma del psicólogo y los modos de constitución de su subjetividad profesional.

De tal modo las diferentes secciones por momentos parecen convocar a un lector especializado pero en otros, dada la materia más “concreta” sobre la que se edifican, el análisis de hasta qué punto la vida pública se apoya y alimenta sus universos simbólicos o imaginarios en procesos sociales de subjetivización, el lector al que se busca seducir se muestra como más amplio y diverso en su gusto. Basta al respecto, por ejemplo, leer el tratamiento que se hace del episodio de “cambio de bebés” conocido periodísticamente como caso Costa-Mangini para observar el interés de los autores por proyectar sus observaciones más allá de un campo en exceso restringido. O el apartado que se dedica a analizar los “efectos” de la guerra de Malvinas, o aquellos en los que se cruzan los territorios de la ley, los discursos del “humanismo”, los derechos humanos y el saber psicológico.

La “intervención” del psicólogo, en suma, es mostrada, teorizada y evaluada en términos sociales, políticos, morales y profesionales, y a la luz de una experiencia inmediata que, si bien no “contiene” y clausura la reflexión, permite si entender que tal contextualización brinda un punto de arranque (y de anclaje) imprescindible.

“La estructura actual de nuestras sociedades está sostenida por la constitución de contradicciones y escisiones, entre lo público y lo privado, la vida íntima y la vida social, la subjetividad y la política, la palabra y el acto, el cuerpo como soporte de fantasías y el cuerpo productivo. (…) en el dispositivo propuesto por las organizaciones de derechos humanos la convención que se instaura no neutraliza ni reinterpreta las significaciones directamente reales, sociales e históricas de los efectos en lo psíquico de la represión social y política. -escribió Osvaldo Bonano en el capítulo “El control social de las disciplinas”, que cierra con algunas definiciones que comprometen al volumen en su conjunto- Así, por ejemplo, los profesionales sostienen con sus actos y no sólo con sus palabras una definición pública de sus opciones políticas, y comprometen su cuerpo productivo con el desciframiento de los fantasmas terroríficos de la desaparición y la tortura. Hasta donde pude verlo, esto implica un posicionamiento social y ético-político inconmensurable con el llamado ‘lugar del analista’ como posición socialmente determinada. Trabajar para producir las consecuencias teóricas de esta cuestión quizás sea una de nuestras tareas más urgentes.”

mayo 16, 2008 at 11:40 am Deja un comentario



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