Posts tagged ‘sociedad’

¡Ratas!

Justo antes de las vacaciones de invierno, en la segunda semana de julio, los estudiantes secundarios de la capital federal argentina volvieron a ocupar escuelas. Fueron cuatro, dos dependientes de la ciudad y dos de la Universidad de Buenos Aires. Los reclamos, claro, no eran nuevos. Los alumnos del Normal 1, por ejemplo, exigen la desinfección total del colegio, invadido por ratas y por larvas; un problema que tienen hace años y no ha hecho sino agravarse.

Muchos medios de comunicación –de los oficialistas y de los opositores– coincidieron en criticar por exagerada la medida de lucha e intentaron ridiculizar a sus impulsores. Pero una vez más quedó demostrado que una cosa es editorializar al aire con algunas imágenes descontextualizadas como fondo y muy otro confrontar en vivo y en directo con los protagonistas. Así le pasó al célebre periodista Eduardo Feinmann cuando, desde el piso del canal de cable C5N, apretó con sus ironías a Nicolás Cernadas, vicepresidente del centro de estudiantes del colegio en cuestión. Bastó que el muchacho le respondiera de frente: “¿Por qué? ¿Vos harías tu programa con ratas alrededor?”, para que el hombre de prensa bajara de inmediato el tono y después mandara la tanda.

julio 27, 2012 at 2:42 pm Deja un comentario

Carta pública en apoyo al bloqueo de insumos de Tinogasta

Los y las abajo firmantes expresamos públicamente nuestro apoyo al bloqueo de insumos que realiza el pueblo de Tinogasta, provincia de Catamarca. Este bloqueo impide el paso a los camiones que transportan los materiales y maquinarias necesarios para la industria de la megaminería. Al mismo tiempo, es el espacio donde se lleva adelante el trabajo reflexivo de los compañeros y las compañeras que debaten con la comunidad, e informan y dialogan con todo aquel que esté dispuesto a escucharlos.

Es de público conocimiento la brutal represión estatal sufrida por el pueblo de Tinogasta el 10 de febrero del presente año, que liberó el paso a los camiones que transportaban los explosivos con los que dinamitan y destruyen nuestras montañas y cerros. Como tantas otras veces, en esa oportunidad, primaron los intereses empresariales frente a los genuinos reclamos populares. Esos son los intereses económicos de empresas transnacionales que saquean y contaminan nuestra naturaleza, generando un fuerte impacto ambiental negativo en toda la población, utilizando millones de litros de agua mensuales en regiones donde la misma escasea, destruyendo sus economías regionales, comprometiendo, en síntesis, la vida de los pueblos de la región.

Todo esto es parte de un modelo basado en el saqueo de la naturaleza y el deterioro ambiental y social por parte de las empresas transnacionales y nacionales, con el aval de las políticas estatales, que fomentan esta forma de producción megaminera, sin controles ambientales, con escaso pago de regalías y utilizando métodos de represión y descalificación a los pueblos en lucha.

Reivindicamos la lucha de esta asamblea por una vida digna, por un ambiente sano y por el derecho a decidir de nuestros pueblos, porque también es nuestra lucha. Y nos ponemos a disposición de los y las habitantes de Tinogasta.

Debemos estar a la altura de las circunstancias a la hora de defender nuestra soberanía. Estamos convencidos firmemente de que la lucha de Tinogasta  gira en torno a la necesidad de no resignar jamás el derecho soberano de nuestro  pueblo sobre el territorio.

Sostenemos que los gobiernos deben someterse a la voluntad popular y no entregar ni vender ninguna parte de nuestro territorio, desde las Islas Malvinas hasta la Cordillera de los Andes.

Demandamos al gobierno nacional y provincial el cese de las hostilidades y difamaciones que actualmente se llevan adelante hacia los vecinos y vecinas, y la suspensión inmediata de todos los proyectos y actividades mineras en Catamarca a los fines de generar las condiciones de diálogo necesarias con el pueblo.

¡Tinogasta resiste!

¡Ni una megaminera más en Argentina!

¡Las Malvinas son argentinas, la Cordillera de los Andes también!

 Adhesiones a apoyotinogasta@gmail.com

abril 7, 2012 at 3:07 pm Deja un comentario

Pachamama

Los estudiantes más grandes sacaron la idea sacada de una página de la internet y la maestra –con la venia de la directora– tomó la idea y la fogoneó. Incentivarlos a partir del interés inmediato, ponerlos en movimiento nada tiene de malo, claro, pero hasta la creatividad pedagógica debe reconocer límites, ¿no?

Porque una cosa es ofrecer clases grupales ilustrativas acompañadas por un escrito que comienza contando que “nuestro bien más preciado es el agua…”, de dónde proviene el término “Pachamama” y qué quiere decir, y otra cosa muy diferente ponerse a juzgar el negocio de la minería.

De modo que cuando los jóvenes sacaron sus folletos y se lanzaron a dar cuenta del porqué de la pueblada en Famatina y las movilizaciones en las provincias de media Argentina contra la minería a cielo abierto, el cianuro y el envenenamiento de la tierra, el uso indiscriminado de los recursos energéticos, fue la secretaria a quien mandaron a explicarles que eso no era una verdadera investigación, que era política, y dio por concluida la exposición.

La maestra que se negó a ponerle esos límites al tema, faltó los dos días siguientes. Los estudiantes están ansiosos esperando que vuelva a ver qué tiene para decir sobre la “clase especial”.

marzo 2, 2012 at 12:24 am Deja un comentario

Poetas y artistas marcharán del 3 al 10 de marzo contra la megaminería en Chubut

(Esquel, 24 de febrero de 2012. Puerta E, por Pablo Blanco)– Del 3 al 10 de marzo de 2012 se realizará una marcha de poetas, artistas y vecinos de diversos lugares de la Patagonia en defensa de la ley 5001 que prohíbe la minería metalífera a cielo abierto y la utilización de cianuro, y por la aplicación plena de la misma en todo el territorio provincial. Unirán las ciudades de Trelew y Esquel caminando más de 400 km a través de la meseta patagónica amenazada por decenas de proyectos megamineros.

La marcha partirá de Trelew el día sábado 3 de marzo a las 9 horas desde avenida Fontana y Lewis Jones estimando arribar el sábado 10 a Esquel en horas de la tarde donde serán recibidos por la Asamblea de Vecinos Autoconvocados por el No a la Mina.

En los pueblos de la meseta y en las ciudades cabeceras se realizarán actividades artísticas. Se informará a los vecinos acerca del verdadero impacto de la megaminería y sus consecuencias sobre ríos y acuíferos que son de vital importancia para pobladores y ecosistemas.

Invitamos por este medio a las personas y organizaciones que quieran sumarse a esta clara expresión de repudio al saqueo, contaminación y destrucción de nuestros territorios y bienes comunes.

Convocan poetas y artistas patagónicos, la Unión de Asambleas Ciudadanas (UAC) y la Unión de Asambleas Patagónicas (UAP).

A principios de marzo marcharemos desde Trelew a Esquel en defensa de la ley 5001, y por la aplicación plena de su artículo 1º en todo el territorio provincial, para unirnos en un abrazo con la legendaria Asamblea de Vecinos Autoconvocados de Esquel que impulsó con su lucha la 5001, inspirando movimientos para que siete provincias legislen en igual sentido.

Por qué marchamos

  • El gobierno nacional, confundiendo el 54% de los votos con el permiso para dinamitar montañas y contaminar acuíferos, está impulsando un proceso para revertir la legislación obtenida a través de la lucha popular.
  • En Río Negro ya lo hicieron derogando la ley que prohibía la utilización de cianuro en los procesos mineros.
  • El gobierno saliente de Das Neves dejó lista una zonificación que podría utilizarse para derogar o modificar la ley.
  • En esa zonificación, más del 80 % de la provincia se convierte en zona de sacrificio minero para satisfacer la voracidad de las corporaciones transnacionales.
  • Esta “zona de sacrificio” pone en riesgo no sólo el medio ambiente, sino que atenta directamente contra la cosmovisión, el hábitat, la economía y la seguridad de los habitantes originarios de la meseta. La meseta NO es un desierto.
  • El rechazo masivo a la megaminería hidrotóxica en toda la comarca noroeste, en localidades de la meseta y ciudades de la costa provincial parece no importarle a los funcionarios de gobierno.
  • Proyecto Navidad (meseta centro norte) pretende volar 100 mil toneladas de roca diaria y tratar unas 15 mil toneladas en la planta de procesamiento de plata y plomo, utilizando millones de litros de agua, toneladas de explosivos y químicos tóxicos diariamente, decretando la condena a muerte del acuífero de la cuenca Sacanana.
  • Los proyectos uraníferos (cuenca del río Chubut) amenazan nuestro río y comprometen seriamente el futuro de Chubut. De todas las minerías la del uranio es la más peligrosa: el 70% de la radioactividad original queda en las colas mineras, las partículas del gas radón (radioactivo) pueden viajar hasta 1000 km antes que decaiga su radioactividad original. Estas partículas son cancerígenas. ¡La propia CNEA reconoce los peligros de la minería del uranio!

¡No permitamos que suceda en Chubut! ¡Famatina nos marca el camino!

Por todas estas razones marcharemos durante siete días atravesando la meseta y realizando actividades en los pueblos que están en el camino, con la poesía, el arte y la música como únicas armas y nuestra verdad como bandera.

¡Vos también podes unirte a la marcha!

 

Manifiesto de la Marcha de Poetas y Artistas

Sí, decimos no:

un no de agua

un no de tierra

un no de roca

un no de semilla

un no de coirón

un no de ciprés

un no paisano.

Sí, decimos no:

un no de vuelo de pájaro

un no a los cuatro vientos

un no en los faldeos

un no de sal

un no de acordeón

un no de de andamio

un no de cocina de leña

un no de canto rodado

un no de papita macachín

un no en la boca que tiene sed.

Decimos no porque sí:

porque la tierra es nuestra

porque el agua es nuestra

porque el futuro es nuestro.

No a la megaminería.

No al saqueo.

No a la contaminación.

febrero 28, 2012 at 6:24 pm Deja un comentario

Entrevista a Christian Rath sobre su libro Trabajadores, tercerización y burocracia sindical. El caso Mariano Ferreyra

El lunes 7 de noviembre Jens Christian Rath se acercó a la casa de la calle Lambaré a charlar con el programa radiofónico Desde el aula (FM La Tribu 88.7 de la ciudad de Buenos Aires).  Rath fue delegado del Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor (SMATA) de Córdoba en el período del Cordobazo, miembro del Comité de Acción y Lucha de la huelga general del SMATA en 1970, delegado por las agrupaciones clasistas del SMATA y la Unión Obrera Metalúrgica (UOM) en el Congreso Nacional de Sindicatos y Agrupaciones convocado por los sindicatos clasistas SITRAC y SITRAM (Sindicatos de los Trabajadores de las Empresas ConCord y MaterFer, pertenecientes a la Fiat), también en Córdoba, en agosto de 1971; es por otra parte miembro de la dirección del Partido Obrero, hoy empeñado en el desarrollo del Frente de Izquierda y los Trabajadores. Tales antecedentes valen de por sí ya para tomar contacto con un partícipe y testigo de las luchas del movimiento obrero argentino de las últimas décadas; sin embargo, en la ocasión el motivo del reportaje fue otro: la reciente aparición de su libro. Lo curioso y significativo de Trabajadores, tercerización y burocracia sindical… es que la figura de Mariano Ferreyra está siempre presente aun cuando los temas que se tratan pueden no hablar directamente de su asesinato, y ya remontarse a los orígenes del capitalismo y de la historia argentina, ya reflexionar sobre la crisis económica planetaria en curso. Sobre estas cuestiones versó la charla y, como era de esperarse, muchas de ellas quedaron afuera…

En la ilustración que acompaña Rath aparece junto a otro dirigente sindical histórico del clasismo argentino, Gregorio Flores. La foto fue tomada el 1 de mayo de 2011, en ella se puede ver a un Flores sonriente y con su gorro de lana. Casi en el momento mismo en que la recibimos nos enteramos con tristeza de la muerte de “Goyo” Flores; que sirva pues de homenaje esta imagen última que lo muestra entre banderas rojas el Día del Trabajador.


Christian Rath
: —Antes de entrar de lleno a las preguntas me gustaría hacer la siguiente observación. Un libro es una creación colectiva, una interacción, y por eso de alguna manera me parece importante expresar —lo digo en función de un conjunto de comentarios que he recibido— que tiene las puertas abiertas todo aquel que quiera aportar a este tema, con su opinión o con información que yo no he manejado. Me gustaría al respecto abrir un debate que atrajera aportes que puedan enriquecer la obra, quizás pensando ya en una segunda edición aumentada y corregida. La mayor parte de las conclusiones que me ha tocado escribir están tomadas de la experiencia real de los trabajadores de carne y hueso; mis aseveraciones dialogan y debaten con esa suerte de trabajador anónimo que ha jugado un papel descollante en la transformación social de la Argentina y el mundo, y que por lo general permanece allí abajo, desplazado, escondido, negado.

Desde el aula: —Una porción de tu ensayo se dedica a atacar y polemizar con cierto sentido común o mitos instalados por parte de la historiografía académica y los divulgadores y analistas del periodismo criollo para pensar presente y pasado. Por ejemplo, la idea de que la tercerización es un invento posmoderno, que nació en los noventa con la corriente llamada neoliberal y se proyecta en el siglo XXI. Tu afirmación es muy otra.

Christian Rath: —La tercerización nace con el capitalismo. Cuando los primeros capitalistas realizan ese salto de calidad histórico que consiste en reunir a los trabajadores en un mismo espacio físico, el primitivo taller, aquellos que son convocados por el empresario para hacerse cargo de la fase primaria de la producción son artesanos arruinados o miembros que han dejado de pertenecer a las viejas corporaciones, y se presentan allí junto a su familia y otros que les son cercanos. El empresario pacta con ellos en forma individual, no con toda la parentela; les explica qué parte de la producción van a tener a su cargo y es ese trabajador el que luego distribuye la tarea con sus familiares y amigos. Muchas veces afuera del taller y otras en el mismo espacio del taller. Se trata de una experiencia laboral que nace hacia el mil setecientos y pico, pero que se extiende por muchos años. En ciertas ramas concentradas de la industria, como en la siderurgia de los Estados Unidos, por ejemplo, se encuentran prácticas de este tipo casi hasta tocar el 1900. La tercerización permanece, entonces, aun cuando la producción ya se haya desarrollado en gran escala. En la medida que la industrialización se despliega, la tercerización se va angostando. Esto ocurre cuando se instala el fordismo, momento en que el capital ya ha tomado plenamente la totalidad de la producción y la organiza descomponiendo infinitesimalmente la tarea, confinando al trabajador a realizar durante todo el día de labor una misma acción simple y mecánica; esa división extrema del trabajo que queda emblematizada en fábricas en las que, geográficamente, el patrón está allá arriba, en las oficinas de gerenciamiento, y el trabajador aquí abajo, en la línea de montaje.

La tercerización pasa a ocupar un lugar marginal hasta aproximadamente los años setenta. Empieza en ese momento el desarrollo de la crisis capitalista, y con ella la tercerización vuelve a la escena mundial. El hecho posibilita afirmar que la tercerización nada tiene que ver, como afirman algunos, con un tipo de innovación o modernización productiva, no, nada de eso, se trata, por el contrario, de la convergencia de una serie de factores que el capitalista visualiza como determinaciones que le permiten reducir el costo laboral. Por primera vez la denominada industria de transformación comienza a trasladarse a las naciones atrasadas o semicoloniales, en las cuales el costo laboral es menor que en los países desarrollados, como ocurre con los salarios chinos de 2,50 a 4 dólares el día. Así la fabricación se traslada a China, siguiendo con el ejemplo, pero los productos manufacturados vuelven al país de origen, aquel que tiene el capital para invertir, las regalías, la matriz original y demás. En la Argentina se instalaron en su momento las plantas automotrices, protegidas por determinadas fronteras arancelarias, etcétera, pero lo que se producía, los autos y camiones, eran para el país. El cambio radica en que las mercancías cuya producción se traslada a algún lugar de Asia, vuelven después a Inglaterra o Francia; con un costo laboral infinitamente menor, los pantalones que antes se producían en la propia Alemania, ahora se confeccionan en Turquía y después retornan y son vendidos en Frankfurt, la industria de la transformación realiza así su ciclo completo. Se produce entonces una transformación que no está reglada por un vuelco de calidad de la producción industrial, sino que tiene que ver con empresarios que intentan imponer como necesidad estratégica su libertad para la contratación.

En 1992 la Universidad John Hopkins realizó en los Estados Unidos una investigación cuyas conclusiones son muy interesantes. El estudio permitía concluir que las tareas de tiempo parcial o subcontratación no tenían la más mínima diferencia con aquellas que realizaban los trabajadores regulares, de planta, permanentes. No había diferencias ni desde el punto de vista de la factura, de la confección, ni desde el punto de vista de la capacitación, la calidad. Si se tratara de verdad de un proceso de modernización tecnológica que necesariamente debe desarrollarse en un ciclo de cuatro horas en lugar de ocho, ¿por qué el salario relativo del que trabaja cuatro debe ser un treinta, cuarenta o cincuenta por ciento inferior al “normal”? La contestación a esta pregunta lleva a la raíz del proceso económico-social en curso.

El reinicio de la tercerización se nutre de tres grandes cambios. En primer lugar el descenso de la tasa de beneficio de los capitalistas. En 1971 se decretó la inconvertibilidad del dólar que marca el punto de partida de una crisis de conjunto, mundial. Es en ese mismo momento, 1973 ó 1975, que comienza la deslocalización de las empresas. En segundo lugar, la inmensa masa de trabajadores, de relativa calificación, como la proveniente de los ex estados obreros, que se vuelve utilizable. Como en China, millones de trabajadores, medianamente calificados, muchos de ellos emigrados del campo que luego retornarán a él, plantean la posibilidad de un proceso de explotación renovado en una escala gigantesca. En tercer lugar, los medios de transporte de nueva generación que permiten realizar lo que antes parecía impensable en términos de eficiencia y rapidez, y que garantizan que una camisa fabricada en India está unas horas después en París. Se trata de una conjugación de factores, pero el nervio de este proceso se encuentra en la necesidad y el intento por parte de los empresarios de reconstruir su tasa de ganancia sobre la base de una explotación creciente de los trabajadores. (…)

Un termómetro de este proceso: los trabajadores más veteranos recordarán, como parte de su archivo personal, su experiencia de vida, que hace treinta años no existían las agencias de empleo. Estas agencias se formalizaron en la Argentina con un decreto menemista de 1992, que un poco más tarde fue reglamentado y viabilizado por el gobierno que tenemos hoy.

Hace pocos días se podían escuchar las quejas de quienes en el mes de octubre ya se apresuraban para sacar pasajes en tren para ir a pasar las fiestas de fin de año con sus familias en el Interior del país. Acampaban días enteros en Constitución, se agotaban los pasajes, había tumultos… La aglomeración se explica porque viajar en tren en malas condiciones a, por ejemplo, Santiago del Estero cuesta unos 45 pesos mientras que hacerlo en ómnibus sale 450. Esta realidad tiene también su historia. En tu libro vos hacés mención al “Plan Larkin” que, de alguna manera, permite contextualizar y explicar esa situación que llega hasta la actualidad.

Christian Rath: —El 1 de octubre de 1960 se firmó un acuerdo entre el gobierno argentino y el Banco Mundial que, para estudiar el sistema de transporte y en particular la red ferroviaria, demandó una investigación que tuvo al frente a Thomas Larkin, ex director de Logística del ejército de los Estados Unidos.  En 1958 había llegado a la presidencia Arturo Frondizi quien, además de la privatización del petróleo, impulsó la instalación en suelo argentino de plantas de fabricación de autos y camiones. Es un caso insólito en la historia argentina porque en un cierto momento llegaron a existir doce terminales automotrices para una producción total que era la décima parte del  millón de automóviles que se supone se alcanzará este año. Las plantas se instalaron por tres razones: porque las barreras arancelarias les posibilitaban gestionar su producción casi sin competencia, porque el costo del trabajo del obrero argentino —como relativamente lo sigue siendo hoy— es una quinta parte del de un obrero de los países centrales, y porque el Estado fomentó con muy jugosos subsidios la instalación de esas industrias. Quizás exageremos cuando hablamos de “plan”, pero la iniciativa de Larkin significó la amputación empírica de buena parte de la red ferroviaria. Esas líneas de ferrocarril permitían la llegada al Interior y el desarrollo económico ligado a las tareas agropecuarias; aunque, por supuesto, no se trata aquí tampoco de endiosar el funcionamiento ferroviario fomentado por los ingleses, que tenía su obvia orientación en conducir los granos y las carnes hacia el puerto de salida de exportaciones. Pero, bueno, los autos y camiones reclamaban rutas y calles y menos trenes; el cambio afectó la rutina de viaje de millones de personas y además encareció el traslado de cargas. Fruto de la resistencia obrera el Plan Larkin no pudo implementarse en su totalidad, el proceso de vaciamiento se completaría más tarde. (…)

Ni siquiera el gobierno de Juan Perón invirtió en los ferrocarriles. Cuando se los nacionaliza, en 1948, las vías férreas, el sistema de señalización, la locomoción, ya eran obsoletos; para lograr que ese activo estuviera en condiciones operables se necesitaba una inversión que nunca llegó, entre otras cosas porque un par de años más tarde, ya en 1951 ó 1952 el gobierno peronista entró en crisis. O sea que la destrucción de los ferrocarriles como sistema público de comunicación comenzó en los cincuenta y llega hasta hoy. Con Carlos Menem arribaron las concesionarias, es decir, empresas a las que el gobierno pone a cargo del servicio y a cambio éstas deben pagar un canon por su utilización. Las concesionarias tampoco pusieron un peso, ni siquiera en las inversiones más elementales que deben hacerse en infraestructura para que el sistema siga en pie. El tren necesita una inyección periódica de inversiones para el cambio de vías, mejoras técnicas en las locomotoras y vagones, etcétera; las empresas concesionarias nunca invirtieron un peso y el Estado jamás las controló ni les exigió que cumplieran incluso con aquello que habían firmado.

Supuestamente las concesionarias se fueron en el 2002, pero en realidad todavía están allí. La administración de Néstor Kirchner creó dos direcciones, una de Superestructura y otra de Operaciones; pese a ello las concesionarias se mantienen prendidas como parásitos. En medio de la propaganda oficial de fortalecimiento de la burguesía nacional, Kirchner habló de la necesidad de relanzar la actividad ferroviaria, reabrir los talleres y reconstruir la industria de los ferrocarriles. Los datos al día de hoy dicen que nada de esto existió o existe. Los viejos talleres, el de Tafí Viejo, el de La Plata, permanecen vacíos; todo lo que se ha hecho es la compra de esos 250 famosos vagones chinos, más algunos convenios de reparación de trenes para los que se convocó al capital extranjero.

(…) Es interesante ver los intereses cruzados que tironean el “negocio”. Cuando se relanzaron ciertos ramales se les permitió beneficiarse con su explotación a algunos empresarios y a sindicatos como el de Camioneros; se buscó que unos y otros integraran los consejos directivos de las empresas como para equilibrar intereses, ¿no?, que no chocaran en una disputa salvaje. ¿Qué es lo que podrían pelearse por regentear? Pues los trenes que ocupan los corredores de soja. Ahí sí se busca garantizar un transporte eficiente y barato. Y el pobre tipo que se quiere ir de vacaciones al Chaco o a Jujuy debe soportar cuarenta horas de viajes, pelearse por los pocos pasajes disponibles según un esquema de servicio asistencial, mínimo, porque compite con el otro, con los micros que cuestan diez veces más y que se han convertido en un transporte de privilegio.

—En un capitulo remarcás que la creación, divulgación y mantenimiento del concepto de “burocracia sindical”, en la bibliografía académica y en los cantos callejeros de los manifestantes, es un triunfo histórico del discurso de la izquierda. ¿Qué es la burocracia sindical? ¿Qué significa en la Argentina y en el mundo?

Christian Rath: —Si nos remontamos a 1880 ó 1890, no existía entonces un Ministerio de Trabajo como parte del gobierno argentino oligárquico, el de Miguel Ángel Juárez Celman o el que fuera. Y así era en todo el mundo. ¿Cómo se manejaban las “relaciones laborales”? Pues los trabajadores de un establecimiento A consideraban que debían tener un salario mayor, como el que habían conseguido quienes laboraban en la fábrica B,  e iniciaban una huelga para sostener su reclamo. Mientras el gobierno caracterizaba que el paro no era excesivamente peligroso, que no iba a extenderse demasiado y atentar contra las reglas del juego generales, pues lo dejaban correr, si  no mandaban las fuerzas de la represión directa para sofocar la huelga como fuera. Pero en principio existía la libertad de asociación y organización, sin injerencia del Estado. A partir de 1900, para poner una fecha arbitraria, comienza a crecer la tendencia al disciplinamiento social en todas las esferas. Es la época del capital financiero, del imperialismo y la necesidad de disciplinar todos los aspectos de la vida económica, política y social. Entonces es cuando comienza el intento de estatizar los sindicatos.

Un primer movimiento en la Argentina sigue al famoso informe de Juan Bialet Massé, a raíz del cual Joaquín V. González redacta un código laboral, que por un lado contempla en parte las ocho horas de trabajo, sí, pero a cambio de ellas exige una regimentación feroz del sindicalismo obrero. Las centrales anarquistas se pronuncian en su contra, al igual que algunos sectores empresariales importantes que preferían seguir como hasta entonces y desconfiaban de los cambios, razón por la cual el proyecto no prospera, pero queda el mojón. La iniciativa va a pegar un salto durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen quien busca establecer una relación estable con los sindicatos, sobre todo con la Unión Ferroviaria y la Federación de Obreros Marítimos, dos gremios esenciales de la época dada su relación con la estructura de un país orientado exclusivamente hacia la exportación de granos y carnes. En 1945 el peronismo trae consigo la Ley de Asociaciones Sindicales, un nuevo salto en la integración por parte del Estado. Comienza a popularizarse el término “personería”, y el hecho de que cualquier sindicato que quiera permanecer dentro del “marco de la ley” debe obtener esa “personería gremial” que otorga el Estado y que involucra una serie de requerimientos, incluso sobre los estatutos y el funcionamiento interior de los gremios.

Pero en 1910 la “personería” no existía. Los trabajadores se reunían, discutían los estatutos de sus asociaciones, y funcionaban según las propias normas acordadas. Un viejo militante del clasismo argentino, y amigo mío, Gregorio Flores, ha observado repetidamente que los sindicatos deben soportar al Estado hasta en el interior de sus estatutos de funcionamiento, pero que eso no ocurre con la Sociedad Rural o con la Unión Industrial Argentina, instituciones patronales a las que nadie les dice cómo deben comportarse. El fin, pues, es manifiesto y evidente. Si no siguen las normas establecidas por el Estado los sindicatos pierden su personería, su derecho a disponer de las cuotas de sus afiliados, son “castigados”. (…)

La burocracia sindical es la capa social que se ha conformado bajo la tutela del Estado en función de intereses que son ajenos a los de sus representados. Si no se tiene en cuenta y se coloca en primer plano la regimentación estatal se corre el riesgo de caer en interpretaciones parciales, o superficiales. Por ejemplo cuando se dice que los burócratas sindicales son seres corruptos que lo único que buscan es enriquecerse. Por supuesto que hay numerosos ejemplos de burócratas sindicales que tienen mucho dinero, propiedades, etcétera, pero hay muchos momentos de la historia argentina en que se puede observar que los burócratas sindicales no ganan mucho más que los trabajadores comunes y, sin embargo, encarnan esa tendencia a la integración con el Estado. Sin ir más lejos, el propio Lorenzo Miguel, quien siempre se ufanó de ser un hombre modesto que tenía su humilde casita en un barrio pobre de la ciudad (aunque las malas lenguas decían que poco se sabía de los seis meses al año que pasaba en Italia…). Los burócratas sindicales se definen por su aceptación de la tutela del Estado, que conlleva el tema elemental de la necesidad de la independencia y soberanía de las organizaciones obreras.

(…) La burocracia sindical, contra lo que muchos aseguran, es anterior a Perón; en todo caso lo que Perón hizo fue cooptar a los burócratas sindicales, soldarlos al funcionamiento del Estado argentino. Pero un buen ejercicio de la memoria obliga a releer el pronunciamiento que la Confederación General del Trabajo reconstituida dio a conocer  en 1930, frente al golpe de José Uriburu, un golpe de Estado derechista, filofascista, que sin embargo la CGT saludó con “expectativas” y sólo le reclamó que no aplicara la pena de muerte a unos activistas sindicales que habían sido encarcelados.

Si se observan las últimas décadas se pueden subrayar algunos rasgos importantes en cuanto al desempeño de la burocracia sindical. En primer lugar, que formara parte de las comisiones asesoras llamadas por la dictadura militar de 1976. Queda como un símbolo José Rodríguez, el máximo dirigente del SMATA, que fue expulsado de las organizaciones internacionales por haber participado de la delación de los activistas sindicales de fábricas como la Mercedes Benz. Hay un documental extraordinario  de la cineasta Gaby Weber, Milagros no hay, que da cuenta en detalle de la brutalidad del caso, que involucra campos de concentración dentro de las fábricas, sindicalistas detenidos-desaparecidos, complicidad y acuerdo de las empresas, el gobierno, las fuerzas de represión y la burocracia sindical, la apropiación de menores.

Pero antes de esos hechos ya el manejo de las obras sociales había producido otro salto en la integración estatal. Las obras sociales son una conquista histórica de los trabajadores, aportes de los trabajadores que sin embargo están fuera de su control; pues bien, seis meses después del Cordobazo, la dictadura que comandaba Juan Carlos Onganía reglamentó el funcionamiento de las obras sociales dejando en manos de la burocracia sindical el gerenciamiento de ese gran negocio, una enorme masa de dinero. Se trata de un negocio que, por otra parte, abrió las puertas para la privatización y la tercerización de los servicios médicos y asistenciales. Hace pocos días leía un comentario con respecto a esa idea de que el gobierno de Cristina Kirchner echaría mano a los fondos de las obras sociales para manejar la crisis económica, y el analista se preguntaba correctamente si acaso eso ya no ocurría, si el gobierno no se apropia en su provecho del, por ejemplo, presupuesto correspondiente al fondo por enfermedades especiales. La confiscación existe hace tiempo.

El gobierno de Carlos Menem, para neutralizar la protesta obrera que podían desencadenar las privatizaciones masivas, sumó a la burocracia a su cruzada. Es muy impactante analizar el alcance que tuvo la tercerización y la formación de cooperativas de trabajadores, organizadas por la burocracia sindical, con los despedidos de Yacimientos Petrolíferos Fiscales (YPF). El rol que los sindicatos integrados al Estado cumplieron en el desguace y la privatización de empresas bajo el menemismo es una historia que falta escribir para que nos demos cuenta de su verdadera dimensión. Y así llegamos a la cooperativa Unión del Mercosur en la cual, José Pedraza, mandamás de la Unión Ferroviaria, a través de testaferros mantenía la explotación de los trabajadores que él supuestamente representaba, y a los que se les pagaba un sueldo que constituía la tercera parte de lo que cobra un trabajador regular o de planta…

—En definitiva, ¿cuál es la causa del asesinato de Mariano Ferreyra?

Christian Rath: —A mí me llamó mucho la atención una declaración formulada por Paolo Rocca en la Unión Industrial Argentina, poco más de dos semanas después del asesinato de Mariano Ferreyra. La familia Rocca, desde Agostino, abuelo de Paolo, es toda una referencia para la clase empresarial argentina. Pues bien, Paolo Rocca enfatizó que los empresarios necesitan tener las manos libres para contratar y subcontratar con el fin de ajustar los costos laborales. Se trata de una declaración de principios, la afirmación  cruda y directa de una necesidad estratégica para la burguesía, nacional e internacional. Porque se trata, al fin y al cabo, de lo mismo que reclama el empresario alemán que puede relocalizar su producción industrial en China o India.

Ni bien se produjo el asesinato de Mariano Ferreyra, Héctor Recalde, conocido asesor legal de la CGT, elaboró un proyecto en respuesta a la situación laboral injusta que se había develado a los ojos de todos. En él no aboga por terminar con las prácticas de contratación y subcontratación, pero lo que dice es que si un trabajador opera en una fábrica bajo la firma de otra empresa, si realiza la misma tarea debe cobrar lo mismo que el trabajador de planta, el que está “en blanco”. ¿Sabés dónde esta ese proyecto? Sepultado en el décimoquinto cajón del último escritorio de la sala de acuerdos de la Comisión de Trabajo de la Cámara de Diputados de la Nación. Murió antes de que se diera a conocer, no ya que fuera debatido por los legisladores. O sea que el gobierno actúa en función del mandato de Rocca y la dirección estratégica que la gran burguesía impone: la tercerización no se toca. Hay muchos jóvenes y trabajadores que miran con simpatía y acompañan al gobierno de los Kirchner, ven en él una cierta renovación, que se indignaron por la muerte de Mariano Ferreyra, y muchos de ellos marcharon pidiendo castigo para los culpables. Este sector le planteó al gobierno, de manera más o menos explícita, que la tercerización no podía correr más, que era una injusticia increíble… El Ministro de Trabajo, Carlos Tomada, se hizo cargo de tal petición y en un discurso hizo una distinción entre la “buena” tercerización y la “mala” tercerización, claro que nunca explicó cuáles son las virtudes de la buena.

El asesinato de Mariano Ferreyra es un hecho que revela el tejido de la sociedad en la que estamos viviendo, porque la tercerización se ha convertido en instrumento necesario para que el empresariado pueda llevar adelante el intento por recomponer su tasa de ganancia. No son pocos los que afirman que con posterioridad al Argentinazo y la llegada del gobierno que se autocalifica como nacional y popular la explotación de los trabajadores ha disminuido, que los laburantes están mejor. En un debate televisivo el mencionado Recalde se interrogaba frente a cámara: ¿Qué queda de los noventa? Nada queda de aquel entonces, era su conclusión y así polemizaba con quienes afirmaban que poco había hecho el gobierno para beneficiar a los trabajadores.

Creo que vale la pena tildar cinco cuestiones que permanecen. Las agencias de trabajo; y no se trata de casos excepcionales, marginales: hay empresas en las que el 60 por ciento de su plantilla es contratado por agencias. Los “períodos de prueba”, que se extienden y extienden sin que nadie sepa por qué. La reducción de las indemnizaciones; pocos señalan, como el propio Recalde alguna vez ha hecho, que entre 1930 y 1993 se pagaban dos sueldos de indemnización por año trabajado, algo que ya no existe. Más el trabajo eventual reglamentado, más el trabajo en negro que no ha bajado nunca del 35 por ciento; y si el trabajo en negro subsiste en un nivel tan alto es porque los Rocca lo necesitan.

En una etapa de crisis capitalista mundial si el empresario no tiene las herramientas disponibles y a su alcance no puede plantearse la tarea de reconstituir la tasa de ganancia a partir de la explotación creciente del trabajador. Es ésta la situación que explica por qué el obrero y el empleado griego son hoy sometidos a una degradación gigantesca de sus condiciones de vida, y es ese mismo fenómeno el que involucra a los trabajadores argentinos y permite tentar las razones del asesinato de Mariano Ferreyra.

El libro de Christian Rath Trabajadores, tercerización y burocracia sindical. El caso Mariano Ferreyra (Buenos Aires, Biblos, “Sociedad”, 2011, 192 páginas) será presentado el día jueves 10 de noviembre, a las 19 horas, en la vieja sede de la Sociedad Argentina de Escritores, México 524, ciudad de Buenos Aires. Además de su autor, hablarán en la ocasión Hernán Camarero (historiador), Horacio Meguira (asesor jurídico de la Central de los Trabajadores Argentinos) y Néstor Pitrola (dirigente sindical gráfico y del Partido Obrero).

noviembre 9, 2011 at 9:42 pm Deja un comentario

La Policía Federal reprimió manifestación juvenil de apoyo al reclamo de los estudiantes y el pueblo de Chile

En la tarde de ayer el Movimiento Estudiantil de Chilenos Exiliados junto a agrupaciones estudiantiles, centros de estudiantes combativos, organizaciones políticas y sociales manifestaban frente a la Embajada de Chile en Buenos Aires su solidaridad con la lucha del pueblo chileno contra el gobierno reaccionario de Piñera y el repudio a la represión  que se cobró la vida del estudiante Manuel Gutiérrez.

La respuesta de la Policía Federal fue avanzar con carros hidrantes contra los manifestantes y detener a 6 compañeros militantes del PR (ML) y del PTS que fueron alojados en la comisaría 53, en cuyas puertas se concentró de inmediato un numeroso grupo de compañeros que cortaron durante horas la avenida Las Heras exigiendo su inmediata libertad.  Acusados de resistencia a la autoridad y daños, fueron trasladados al penal de Madariaga desde donde fueron liberados recién en horas de esta mañana.

Así fue con los docentes de Santa Cruz que manifestaban frente al Ministerio de Trabajo, así es con los procesados en cada lucha que suman miles, así es con los asesinados en Bariloche, en Formosa, en el Indoamericano, en Jujuy y con los 5 años de silencio y encubrimiento de la desaparición de Julio López.

El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner sostiene una lógica represiva sobre los que luchan que muestra su verdadera naturaleza.

¡VIVA LA LUCHA DEL PUEBLO CHILENO!

¡BASTA DE REPRESIÓN E IMPUNIDAD!

¡BASTA DE PERSECUCIÓN A LOS LUCHADORES!

¡LIBERTAD A LOS PRESOS POLÍTICOS!

¡APARICIÓN CON VIDA YA DE JULIO LÓPEZ Y LUCIANO ARRUGA!

¡CÁRCEL COMÚN Y EFECTIVA A TODOS LOS GENOCIDAS!

 ¡NO A LA LEY ANTITERRORISTA!

 CONTRA LA REPRESIÓN ¡UNIDAD Y LUCHA!

BASTA DE REPRESIÓN E IMPUNIDAD

Buenos Aires, 2 de septiembre de 2011

Coordinadora Antirrepresiva por los Derechos del Pueblo (CADeP)

septiembre 2, 2011 at 8:46 pm Deja un comentario

Paredes

Las calles de Santiago.

agosto 21, 2011 at 1:45 pm Deja un comentario

Entradas antiguas



A %d blogueros les gusta esto: