Posts tagged ‘improvisación’

Eduardo Lagos y su Dialecto

Con la formación clásica del trío que la música de jazz e improvisación supo llevar a la libertad creativa y la (im)perfección formal, piano-bajo-batería, el argentino Eduardo Lagos supo brindar algunos de los mejores momentos de estilización de los ritmos y las melodías folklóricas. Dialecto es un registro de 1990 que grabó junto a dos compañeros en inspiración, género y generación, el contrabajista Jorge González y la batería del Pocho Lapouble.

Son nueve temas que rondan los cuatro minutos cada uno y que están tomados del “cancionero folklórico” criollo que se ha vuelto anónimo de tan conocidas que suenan en la oreja las melodías aun cuando no sepamos el nombre y el de su compositor o intérprete más tradicional.

Así desfilan Andrés Chazarreta, los Hermanos Abalos y Atahualpa Yupanqui, la “chacarera del rancho”, “Pastorcito de Belén” y “La oncena”, valsecitos, gatos y zambas recreados con la soltura de quien los conoce bien y desde siempre. Y se anima a someterlos a una cirugía estética profunda sin que, tal la sorprendente paradoja, sigan siendo inmediatamente reconocibles. La versión del “Padre del carnaval”, de Horacio Guarany y César Isella, es fantástica.

Cuando murió, hace bien poco, a los ochenta años, las menciones en los diarios lo despidieron como el “padre de la música de proyección folklórica”. Puede ser cierto no, gustar o no el calificativo, pero ésa es otra cuestión. Por suerte dejó unos cuantos discos, como éste, donde sigue viviendo.

mayo 12, 2011 at 12:50 pm Deja un comentario

Charlie Nothing, su saxo psicodélico y el arte de dingulatear

Charlie Nothing fue un músico, dibujante, luthier y escultor estadounidense que durante casi cinco décadas se la pasó vagabundeando con su arte por buena parte de los territorios de su país. Murió en octubre del año pasado aunque, a juzgar por sus declaraciones, tal vez no, dado que insistía una y otra vez que él jamás había nacido ni concurrido a escuela alguna.

Supo integrar diversas bandas efímeras para presentaciones en pequeños escenarios de Los Ángeles y Nueva York, como la First Uniphrenic Church and Bank Band que tuvo como cantante original a una muy joven Debbie Harry, antes de su consagración con los Blondie. Supo compartir también algún escenario con Frank Zappa cierta noche.

Se ufanaba de ser un músico polifacético, aunque se destacó en un instrumento por él inventado y que respondía al nombre de dingulator. Se trataba de una especie de guitarrón de cuerpo de acero (no demasiado diferente en su concepción al conocido modelo de la Nacional), aunque ten{ia la particularidad de que estaba construida con metal tomado de autos viejos (según Nothing de ningún otro fierro podía obtener buen sonido) y que era variable la cantidad de cuerdas: los seguidores de sus performance al parecer llegaron a contar 27 en una ocasión, aunque lo común eran 7 u 8.

Don Nadie, si se nos permite la respetuosa y afectiva traducción (no pudimos constatar si el original se trataba o no de un “seudónimo artístico”), perteneció a esa creativa y movediza fauna juvenil que peregrinó por los caminos estadounidenses a partir de la posguerra, siguiendo la tradición trazada por los beatniks y miles de artistas populares que, a su manera, buscaron reconectar el arte con la vida y exponerlo en las calles y los bares sin mayor aspiración de trascendencia o reconocimiento institucional.

Sin embargo, Nothing dejó como legado un disco de 1967 que hoy es joya de alto precio entre los coleccionistas.

Se trata de una grabación que realizó ese año para el mítico sello californiano del músico experimental John Fahey, Tacoma, quizás el único que Fahey permitió que no estuviera dedicado al instrumento que ocupa su corazón y manos, la guitarra. El disco se llama The Psychedelic Saxophone of Charlie Nothing y es una larga improvisación de saxo agresivo apenas enmarcado por una tenue percusión más un tímido ukelele. Desprolijo, sucio e imperfecto (como los dibujos con que el propio Nothing engalanó su portada), el disco es bien bien sabroso, y parece haber sido concebido para demostrar aquello que su intérprete y compositor no se cansaba de repetir, sobre todo cuando se presentaba en vivo, que Charles Nothing era la reencarnación de Ubu Rey.

El disco en cuestión se consigue en este sitio.

mayo 30, 2008 at 12:36 pm Deja un comentario



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