Posts filed under ‘Libros y recortes’

Unos y otros

Un  editorial del diario La Nación del día de la fecha, que la emprende contra la toma de los colegios porteños por parte de los estudiantes con el guiño de los sindicatos de maestros, y que lleva por título “Educación para la militancia”, señala que:

(…) La reforma propuesta prevé dos años de ciclo básico, dos años de ciclo orientado y un quinto año “integrador y formativo más allá de la escuela”. Establece un puente entre el último año de escolaridad y el mundo real del trabajo, para facilitar la inserción posterior de los graduados. Pero desde los gremios, y con el apoyo de algunos padres de alumnos, se rechaza la idea con el argumento de que las compañías pretenden incorporar “mano de obra” flexible y barata. Califican la reforma de “neoliberal” y al “servicio de las empresas”.

Sin embargo, el sistema de pasantías o de prácticas profesionalizantes ya rige en el país, conforme un decreto firmado por Cristina Fernández de Kirchner, como opción voluntaria para los alumnos que cursen los últimos dos años del nivel secundario y deseen acceder al régimen general de pasantías. Este esquema también se aplica en varias provincias, escuelas técnicas y colegios privados, además de muchos países desarrollados. (…)

Quien la escribió parte de la presuposición de que la coincidencia de kirchneristas y macristas marca lo absurdo y prejuicioso de la protesta, cuando en realidad ocurre exactamente lo contrario: demuestra la continuidad de unos y otros en la tarea de destrucción de la escuela pública.

 

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septiembre 17, 2017 at 2:43 pm Deja un comentario

Carta del joven estudiante detenido en la Panamericana al diario Clarín por la utilización de su imagen en tapa

Mi nombre es Ezequiel Fernandez. Tengo 25 años, estudio Lengua y Literatura en el terciario 88 de San Justo, La Matanza, y soy hijo de una maestra.

Como parte de la conducción del centro de estudiantes y militante del PTS (Partido de los Trabajadores Socialistas) en el Frente de Izquierda, el día del paro nacional, el 6 de abril, participé del corte de la Panamericana, acompañando a los docentes y trabajadores que se plantan contra el ajuste del Gobierno. Como todos pudieron ver por los medios de comunicación, por orden de Eugenio Burzaco, la Gendarmería reprimió y en ese marco me llevaron detenido. Inmediatamente todos los centros de estudiantes de la zona, junto a la dirección del instituto y centenares de jóvenes se pronunciaron por mi libertad y la del resto de los detenidos, repudiando la represión.

Un día después, el viernes 7 de abril, el diario Clarín utilizó la imagen de mi detención en la tapa de su matutino. Quisieron vender la imagen de una juventud bajo las botas de la Gendarmería, pero por el contrario estamos de pie junto a los trabajadores que están hartos de esta situación. Esa no la cuentan, por eso exijo mi derecho legítimo a réplica.

Como nos enseñaron los luchadores y trabajadores de las generaciones anteriores, el jueves fuimos al paro, fuimos para gritar a todo pulmón nuestras ideas, fuimos para hacerlas carne, fuimos para defender a nuestros docentes. La respuesta fueron palos, gases, hidrantes y mi detención junto con otros luchadores. Luchadores sí, porque sabemos que el Estado y los gobiernos no nos regalan ni conceden ni un derecho sin lucha.

Mientras me detuvieron los gendarmes me decían “zurdo de mierda”, “no vas a volver”, eso no lo cuenta la nota de tapa. Pero igualmente a mi lo único que se me pasaba por la cabeza (además de abrazar a mi familia y a mis compañeros) era salir, para pararme y pelearla nuevamente. Y eso hice.

Estamos cansados que nuestra vida se reduzca a extenuantes jornadas laborales a costa de empresarios que se enriquecen; de ver poco a nuestras familias; de abandonar estudios por trabajos inestables y extenuantes; que nos persigan los policías por nuestras caras; cansados de morir en recitales y boliches a costa de sus ganancias.

Por eso como le explicaba ayer a mis compañeros, pongo en alto mis banderas. Que no nos engañen, lo que está en debate no es si Mauricio Macri o Cristina (no es sólo un gobierno, sino veamos Alicia Kirchner en Santa Cruz). Lo que está en debate es si perdura este mundo donde todo vale para mantener las ganancias empresariales utilizando para eso el poder del Estado, a costa de nuestras vidas, rifando el futuro de nuestra juventud.

Como dije ayer, se los vuelvo a decir hoy: nuestras vidas valen más que todas sus ganancias. Pero sólo nosotros las defendemos, junto a los docentes y trabajadores que se plantan.

Por eso, llamé a la juventud a organizarse y luchar por fortalecer esta perspectiva como lo hice ayer en la asamblea. Y exijo al diario Clarín que utilizó mi imagen a que me conceda mi legítimo derecho a réplica. Porque no estoy de rodillas, porque estuve de pie cuando estaba detenido y lo estoy afuera donde estudio y me organizo, militando junto a mis compañeros y compañeras.

Firma, simplemente: Ezequiel Fernández

abril 18, 2017 at 4:14 am Deja un comentario

La esclavitud creó el mundo moderno

La esclavitud creó el mundo moderno“(…) Fíjense, por ejemplo, en el modo en que el avance del conocimiento médico fue financiado con vidas de esclavos.

El índice de mortandad en el viaje transatlántico al Nuevo Mundo era asombrosamente alto. Los barcos esclavistas, sin embargo, eran más que tumbas flotantes. Eran laboratorios flotantes, que ofrecían a los investigadores una oportunidad de examinar las enfermedades en ambientes relativamente controlados y en cuarentena. Doctores e investigadores médicos podían aprovechar los altos índices de mortandad para identificar una cantidad de síntomas desconcertantes, clasificarlos en enfermedades y formular hipótesis sobre sus causas.

Ejércitos de médicos atendían en los puertos esclavistas a lo largo de la costa atlántica.  Algunos estaban dedicados a aplacar el sufrimiento; otros, simplemente buscaban cómo hacer que el sistema de esclavos fueran aún más rentable. En cualquier caso, identificaban tipos de fiebres, aprendían a reducir la mortandad y a aumentar la fertilidad, experimentaban sobre cuánta agua hacía falta para que una cantidad óptima de esclavos sobreviviera en base a una dieta de pescado salado y charqui, e identificaban la proporción ideal de calorías necesarias para las horas de trabajo. Invaluable información epidemiológica sobre una cantidad de enfermedades -malaria, viruela, fiebre amarilla, disentería, fiebre tifoidea, cólera, etcétera- se  extrajo de los cuerpos de los moribundos y los muertos.

Cuando los esclavos no podían ser mantenidos con vida, las autopsias de sus cadáveres también ofrecían información valiosa. Por supuesto, como probó la escritora Harriet Washington en su deslumbrante libro Medical Apartheid, estos experimentos continuaron mucho más allá de la esclavitud: en los 1940, un doctor dijo que ‘el futuro del negro reside más en el laboratorio que en las escuelas’. Tan tardíamente como en los años 60, otro investigador, citando un discurso pronunciado en la Escuela de Medicina de Tulane, dijo que era ‘más barato usar negros que gatos porque están por todas partes y son animales de laboratorio baratos’. (…)”

El artículo completo de Greg Grandin se puede leer aquí.

enero 7, 2015 at 4:57 am Deja un comentario

Alexander Mora, un campesino que anhelaba ser maestro (es el único de los 43 estudiantes mexicanos desaparecidos cuyos restos fueron identificados)

(Por Óscar Granados. El Pericón, Guerrero -México-, lunes 22 de diciembre de 2014)- Ezequiel Mora cierra el puño de su mano derecha y golpea su pierna con fuerza: “Yo no quería que fuera a la normal, pero se aferró”. Su voz es tan baja que apenas se escucha. Habla de su hijo, Alexander Mora, como si aún estuviese vivo. Sin embargo, en su humilde casa, en El Pericón —un pequeño pueblo en Guerrero, con 1.900 habitates—, le ha puesto un altar como si estuviese muerto. Una cruz hecha con flores blancas, un par de veladoras y un listón negro rodean los retratos de Alexander, el único de los 43 estudiantes desaparecidos del que se han localizado los restos. El 16 de septiembre se vieron por última vez: “Lo llevé junto con su hermana a un baile… hablamos de la escuela. Estaba recontento”, comenta Ezequiel mientras arregla los gladiolos rojos que acaba de comprar para la ofrenda. “Su deseo siempre fue ser maestro y llegar hasta el último rincón de Guerrero”.

El 7 de diciembre, cuando se confirmó que algunos de los restos hallados, en un basurero y en el río de Cocula, eran de este normalista de 19 años, todo el pueblo corrió a la casa de Ezequiel, que se ha mantenido incrédulo ante la versión del Gobierno. “¿Por qué sólo han encontrado a mi hijo? ¿Por qué dicen que sólo él ha muerto?”, se pregunta. Alexander nació el 25 de abril de 1995. Fue el penúltimo de los ocho hijos —seis hombres y dos mujeres— que tuvo Ezequiel con Delia, que murió hace cinco años con 51 años; su retrato, de cuerpo entero, también está en el altar.

Alexander Mora, un campesino que anhelaba ser maestro

Ezequiel mira las fotografías en silencio. Arrastra sus sandalias en el suelo de tierra de esta casa con el techo de tejas rotas y las paredes pintadas de azul. Aquí creció Alexander. Hace dos años, recuerda su hermano Omar, aplicó para entrar a la normal de Ayotzinapa, pero lo rechazaron. Así que acudió a la Universidad Autónoma de Guerrero a estudiar Desarrollo Regional. “Su sueño siempre fue ser maestro”, espeta Omar, pero al instante rectifica: “Bueno no, siempre quiso ser futbolista, pero no había pa’tanto”. A principios de 2014, Alexander insistió. Lo aceptaron en la escuela normal Isidro Burgos. Su suerte duró poco. El 26 de septiembre, fue detenido por la policía local de Iguala junto a otros 42 compañeros y entregado, de acuerdo con la reconstrucción del crimen que ha hecho la fiscalía, a unos pistoleros del cartel llamado Guerreros Unidos que le dieron muerte.

El apoyo económico lo recibió de uno de sus hermanos que trabaja como jornalero en Estados Unidos. Ezequiel de vez en cuando le daba algo de dinero que ganaba con la cosecha de maíz, frijol y calabaza, y de su trabajo como taxista. Hugo, otro de los hermanos de Alexander, habla poco. “Ya no quiero decir nada, porque todo lo que se dice en los medios de mi carnal [hermano] es pura mentira”, arguye. Su mirada está puesta en los dos árboles ciruelos que están en el patio de la casa de Ezequiel y que se han quedado secos. “Decían que era de Los Rojos (una organización criminal que opera en Guerrero), que sembraba mota [marihuana]… ya no confió en nadie”. “La música, eso sí que le gustaba un chingo”, recuerda Hugo. “Yo tengo un aparato (cadena de sonido) y me la pedía prestada… le gustaba eso del reggaetón, lo que escuchan los morros [los jóvenes]”.

Detrás de Hugo hay una manta con el rostro de Alexander. Dos más cuelgan de una pila de tabiques apilados rústicamente y que sirven de pared. “Tenía un equipo de fútbol aquí en El Pericón, se llamaba Juventus”, dice Hugo con una leve sonrisa, “pero la verdad es que le iba al Cruz Azul”, y suelta una carcajada.

A 114 kilómetros de El Pericón, Jesús Hernández, alías El Chaparro, se ha duchado con agua fría. El día termina y se prepara para descansar en un pequeño cuarto de escasos cuatro metros cuadrados. El Chaparro ahora duerme solo. Antes del 26 de septiembre, diez de sus compañeros de primer grado en la escuela Isidro Burgos, le hacían compañía. “Alexander se echaba aquí conmigo”, dice mientras señala con su mano morena una pequeña manta carcomida por el tiempo y que por las noches les servía de cama. “Fue el último que llegó y no había espacio para otro”, detalla.

En las paredes del dormitorio, pintadas de rojo y blanco, se extienden algunas cuerdas. De ellas cuelgan algunos vaqueros, camisetas, un par de sandalias y unas deportivas de ‘La Roca’ o ‘El Randy’, como le decían a Alexander. “Acomodé toda la que estaba ahí en el suelo… toda su ropita sucia que había dejado”. Nadie toca nada. El Chaparro aún lo espera de vuelta. “No está muerto, a lo mejor está por un lugar o lo tendrán secuestrado”.

Desde que era niño, Alexander ayudaba a su padre en el campo. “No había de otra, todos mis hijos se han dedicado a la tierra”, comenta Ezequiel. Lo poco que sembraban les daba para comer. “Sus hermanos se enojaban cuando se iba temprano del campo a jugar fútbol, pero tenía que consentir un poco a Alexander, era su única diversión”, añade. “A veces salía algo para vender y el dinero lo repartía entre todos… un día con ese dinero me compró unos huaraches [sandalias] y me las regaló de Navidad”.

Fue la tarde del 27 de septiembre cuando un par de jóvenes, estudiantes de la normal, acudieron a la casa de Ezequiel para decirle que Alexander había sido secuestrado. “Sus amigos decían que no le había pasado nada… Pero me di cuenta de que lo habían desaparecido. Y desde ahí me sentí mal. Jamás pensé que el pendejo Gobierno de Iguala anduviera metido con los narcotraficantes”. Lo único que le queda de su hijo es el recuerdo. Todas sus cosas se las dejó a Ayotzinapa.

diciembre 27, 2014 at 4:12 am Deja un comentario

¿Adónde fue a parar el mayor superávit de la historia argentina?

Bolsa de dinero“(…) un asombroso y jamás soñado superávit externo de 163.600 millones de dólares, acumulando los superávits anuales del 2003 al 2014 provenientes del Balance Cambiario del Banco Central. Como muy bien lo señala Pablo Gerchunoff, “ no hay registros de un superávit comercial que se aproxime al registrado durante esos 12 años.

Para igualar las exportaciones de esos años, en dólares a precios constantes, es necesario sumar las exportaciones de los sesenta años previos al kirchnerismo que van de 1943 al 2002.

” Lamentablemente, y como sucede con el mito histórico que el peronismo sabe gobernar, el kirchnerismo termina su gestión desaprovechando la oportunidad más brillante que tuvimos en toda la historia argentina. En efecto, ¿adónde fue a parar ese fabuloso superávit externo de 163.600 millones? Las cifras del Banco Central también señalan que el principal destino de ese superávit fue financiar una salida de capitales privados al exterior por 94.500 millones de dólares. A ello se agregaron otros 40.300 millones de dólares para pagar los servicios de la deuda pública debido al nulo acceso a los mercados financieros internacionales. En conclusión, de esos 163.600 millones solo se destinaron 16.000 millones a aumentar las reservas internacionales. (…)

El artículo completo del economista y ex secretario de Hacienda Mario Brodersohn puede leerse aquí.

octubre 16, 2014 at 11:58 am Deja un comentario

Julian Barnes, El sentido de un final

Julian Barnes, El sentido de un finalJulian Barnes, El sentido de un final, novela, Barcelona, Anagrama, Panorama de narrativas/822, 2012, 186 páginas, traducción de Jaime Zulaika.

Lejos de cierta ampulosidad -si la memoria no nos falla- que le valió inmediata repercusión y popularidad con sus El loro de Flaubert y Una historia del mundo en diez capítulos y medio, Julian Barnes bajo un tono con El sentido de un final, y lo hace para bien. Quizás se trate de esas cosas de la madurez, axioma en el que por lo general nadie cree. En fin.

El sentido de un final es un relato breve, fuertemente determinado por la primera persona del narrador-protagonista (Tony Webster), que se somete (una vez más) al esquema del relato de formación que arranca con la escuela secundaria y las amistades y amores primeros que por entonces se cosechan. Después llegan las separaciones, los desencantos y el salto hacia el presente donde un hecho traumático (un suicidio, en este caso) que intenta ser comprendido en el eco de aquel pasado.

Julian BarnesEs entonces cuando El sentido de un final se vuelve literal. Porque los apuntes enmarañados del comienzo de pronto se organizan y articulan para que el sentido sea pleno. En primer lugar para el pobre Tony, quien de pronto se da cuenta -casi en la última página- por qué su ex mujer lo trata de pelotudo incapaz de entender nada y por qué su ex suegra le dejó tan curiosa herencia. En segundo lugar porque se devela lo que el título anticipaba aunque todavía quien lee no estuviera en condiciones de darse cuenta: que el “final sorpresa” baraja y da de nuevo para armar la historia, que el lector ahora debe decir “ahhh” y que ésta es una narración tradicional, cualidad que nunca scondió puesto que ya lo anuncia en su mismísimo nombre, ése que está en la tapa.

(Georg Lukács afirmaba que toda gran pieza narrativa desde estar concebida, antes de comenzar su factura, desde el final, pues ese punto el que garantiza totalidad e integración. Esto dicho sea de paso.)

octubre 4, 2014 at 3:49 am Deja un comentario

La guerra de Fink, de Martin Walser

La guerra de FinkMartin Walser, La guerra de Fink, novela, Barcelona, Lumen, “Palabra en el tiempo”/285, 2000, traducción de Daniel Najmías, 276 páginas.

La idea del pobre mortal, solo, enfrentando una elefantiásica e infinita burocracia es ya un tópico de la literatura y al arte contemporáneos, antes y después de Franz Kafka. Y en un punto esta historia de Martin Walser se ubica en esa tradición, aun cuando la lleve al absurdo y el humor de cara al épico combate de Stefan Fink por restaurar el honor perdido o algo que se le parece. Esto frente a la sospecha o intuición, para aquellos que no sabemos ni pizca de la lengua alemana, de que parte del gusto estético que Walser orienta tiene mucho que ver con el enredo en siglas, jergas y micro referencias culturales que seguramente se nos pierden casi en su totalidad a los “extranjeros”.

Martin WalserDe cualquier modo lo más interesante de esta guerra está dada por el universo de fondo de una Alemania que, a fines de la década del ochenta y frente a la disolución de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas y la mitad germana “comunista”, se supone pujante, democrática, moderna y republicana, y que a poco andar en realidad se revela como una sociedad absolutamente conservadora y atenazada por los peores prejuicios, incluidos los religiosos. Así, La guerra de Fink adquiere un verdadero carácter testimonial.

Frente a las proporciones de tamaño cosmos inamovible, el enojo desbordado de Fink, la tozudez incomprensible de su rabieta incluso para quienes les son más cercanos y el destino previsible de la inutilidad de la rebelión -algo peor que la derrota-, la epopeya inservible que resalta la primera persona merece ser seguido con atención.

julio 19, 2014 at 3:04 am Deja un comentario

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