Posts filed under ‘Fábulas con y sin moraleja’

Bombas

El lunes la secretaria del colegio comentó en la sala de profesores que la Dirección General de Cultura y Educación de la provincia de Buenos Aires, a cargo del recientemente asumido Gabriel Sánchez Zinny, frente al reguero de alertas telefónicas de bomba que ha alterado el normal dictado de clases y conmocionado la vida escolar de las localidades de Morón, Quilmes y Almirante Brown, por lo menos, distribuyó un protocolo de actuación en el que insta a las autoridades de las escuelas a denunciar ante el poder judicial y a funcionarios de la cartera las “situaciones de conflicto o riesgos graves”. Según supo entonces, se trata de una figura establecida en el Reglamento General de las Instituciones Educativas, sin más especificaciones que “situaciones de vulneración de derechos de alumnos” o “delitos en perjuicio de la institución o dentro de ella”. O sea que cualquier malintencionado podría encuadrar legalmente una toma estudiantil “ilegal” dentro de ese rubro, reflexionó el docente y atemorizante temor por apocalípticas explosiones comenzó a mutar en muy otra cosa..

El martes mientras desayunaba leyó en La Nación que, el gobierno bonaerense evalúa “capacitar a personal de la policía local para que pueda revisar una escuela ante una amenaza, con el objetivo de agilizar los procedimientos que, por el momento, hacen personal especializado”. Cuál es la novedad, se dijo, si ya se han denunciado incontables  incursiones policiales a los colegios en el último período, para espiar y hostigar a los estudiantes y maestros protestones.

Mientras se duchaba el miércoles a primera hora estaba seguro de que en cualquier momento el noticiero de la radio iba a difundir un comunicado del Ejército Islámico haciéndose responsable por las amenazas de artefactos explosivos en las escuelas argentinas.

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octubre 9, 2017 at 4:44 am Deja un comentario

Contaminación acústica

De pronto advirtió que lo impensable había ocurrido. No tenía la más mínima idea de cómo, pero sucedía, y de manera evidente. Paró la oreja para recoger una vez más la prueba empírica y así fue. Un pequeño milagro, una imposibilidad física. Naufragio de toda insistencia pedagógica -es un decir- que se hundió por el salto de la cantidad a la calidad tan inútilmente sofrenado a lo largo de años.

En ese instante concurren a su memoria  aquellas primeras clases, las del cargo inicial que le tocó en suerte en un colegio privado religioso de Vicente López ni bien se recibió, al cual fue a parar sencillamente porque sus autoridades insistían con tener más docentes varones. En la sala de profesores se la bancaba, jamás le dijo nada al rector, pero salía apurado rumbo al silencio de la plaza que estaba a la vuelta. No soportaba planificar puntillosamente clases que los ruidos y gritos de los adolescentes le imposibilitaban cumplir más allá de una cuarta parte, y le imponían a las clases un ritmo sincopado, un frenético sube y baja acústico.

O las de la escuela pública de la vuelta del monoambiente en Once, cuando cambió su estrategia primera e intentó imponer orden y progreso aullando más que sus alumnos. Cuando creía haber conseguido el cometido, en realidad se trataba de una mera apariencia, puesto que no lo lograba interés alguno en el estudio sino el sueño o la indiferencia.

Y ahora, mientras completa de espalda a los estudiantes una fórmula larga en el pizarrón, nota que el aire está lleno de un murmullo constante y permanente, que en ningún momento se interrumpe. Sigue y sigue. Después de largo minutos de perplejidad comienza a inquietarlo un imprevisto interrogante: ¿y si no cesara jamás?

agosto 15, 2017 at 4:09 am Deja un comentario

Matanceros

Como cucarachas cuando viene la lluvia fuerte y el torrente las arrastra por los caños. Vio a que a sus compañeras les causa gracia la deriva metafórica, de modo que siguió: como cuando en el borde de la rejilla los bichos medio mareados se desparraman como un agua negra…

Lo nuevo es que las nuevas jornadas del paro docente provincial comenzaron en medio de un clima turbio por las amenazas más o menos directas, siempre precedidas de sonrisa de empleado de McDonald’s, de parte del gobierno. Fueron varias las directoras de escuelas de La Matanza quienes denunciaron que -una vez más- a primera hora del día inspectores del Ministerio de Trabajo bonaerense recorrieron los establecimientos para constatar que las puertas estuvieran abiertas, que no hubiera revoltosos en las entradas y de paso sumar el porcentaje de adhesión a la huelga.

Los testigos dicen que cayeron de a montón. Según denunció el SUTEBA matancero los mimos inspectores que jamás recorren las escuelas cuando hay denuncias por riesgo edilicio, agua contaminada, pozos desbordados, paredes electrificadas, baños tapados, aulas que se llueven, esos mismos, de pronto se multiplicaron y saltaban de un lado a otro más rápido que Flash.

En muchos colegios de diferentes distritos el asunto fue peor. No sólo inspectores sino también policías uniformados, de la bonaerense y la local, se apersonaron ni bien se inició la jornada; se atrevieron -como quien no quiere la cosa- a consultar a los directivos acerca del motivo de la falta de actividades y solicitaron información por la cantidad y el listado de quienes habían adherido al paro. Difícil que se hayan llevado algún dato en sus improvisadas planillas.

Que la huelga haya sido impulsada por las seccionales opositoras al oficialismo celeste, conducidas por la izquierda ajena a los buenos contactos oficialistas, seguramente mucho tuvo que ver con la estampida.

julio 13, 2017 at 4:07 am Deja un comentario

Concursos truchos

El comunicado es durísimo, desolador.

Dice que de manera sistemática el gremio viene denunciando aquello en que se han convertido los concursos docentes en la Universidad de Buenos Aires: un elemento disciplinador. Una descarada forma de intervención en el mercado académico que atenta contra la estabilidad laboral en pos de una engañosa calidad académica.

Y detalla que los mismos mecanismos puestos en funcionamiento en concursos precedentes vuelven a desplegarse para dar aspecto de normalidad institucional a las formas más amañadas de favorecer a amigos y entenados.

Los concursos actúan como elemento de presión sobre aquellos profesores que no cuentan con la gracia de la gestión y para el reemplazo de docentes del Ciclo Básico Común por “allegados” a la gestión del rectorado o los decanatos, como ya se ha ocurrido en numerosas ocasiones.

Ninguna de las promesas hechas por el señor rector y el director del CBC valen, porque a la hora de los bifes han negado la presencia del veedor gremial con lo cual no hay garantías de transparencia, ni objetividad ni ecuanimidad…

Por eso, se ha ido agigantando la denuncia de los concursos del Ciclo Básico Común -tanto los llamados concursos de “renovación” que se emplean para desplazar titulares de cátedra que incomodan a la gestión, como los de “nuevos cargos”, orientados a ubicar “titulares afines” y especialmente los antirreglamentarios concursos de auxiliares. En todos los casos tampoco se respeta la posibilidad de participación de los propios docentes del CBC, ni para el debate de jurados, o para el control con un cuerpo de veedores; el accionar de las autoridades demuestra, en consecuencia, que son una truchada

¿Si esto sucede en un concurso de renovación de profesores titulares, qué podemos esperar para los auxiliares? Solo mayor precariedad”, se contesta el ayudante que acaba de leer la declaración sindical. Lo preocupa la asiduidad con que últimamente ha empezado a contar los años que le faltan para jubilarse.

julio 3, 2017 at 5:25 am Deja un comentario

Mal agüero

pizarra.eps

Él de inmediato intuyó lo que iba a pasar pero no soltó prenda porque  no quería quedar como pájaro de mal agüero frente a sus compañeros. Ocurre que hace ya dos semanas que la caldera de la Facultad de Ciencias Humanas dijo basta y el frío se apoderó de inmediato de los salones, oficinas y aulas de la universidad patagónica, que enfrenta, claro, temperaturas más bajas que la media.

Después de un par de cruces de acusaciones y la idea de que se podían llegar a suspender las clases, la decisión fue que la vida cotidiana siguiera más o menos como siempre. Se están cambiando unos cuantos caños y arreglando una buena cantidad de aparatos con años de desatención, al tiempo que se espera que se sustancie el llamado a licitación para el arreglo de la caldera, la madre de todos las batallas a la hora de la llegada del invierno, sobre todo por los costos que se rumorean.

Para el mientras tanto se mandaron a comprar los caloventores porque, sobre todo las rodillas, después de estar un rato sentado, literalmente empiezan a doler. En algunas dependencias prefirieron los radiadores eléctricos con circuito de aceite que rescataron vaya uno a saber de dónde, casi como antigüedades vintage de los noventa.

Fue entonces, cuando se topó con la novedad de todos esos caloventores encendidos al mismo tiempo que tuvo la seguridad de que se venía el chispazo. Y eso por la simple suposición de que seguramente el cableado eléctrico no es más joven que los caños reventados que llevan el agua y el vapor de la calefacción. Eso fue la semana pasada; ésta ya le contaron que habían saltado los tapones, las paredes estaban mala y peligrosamente calientes en las zonas por las que pasan los cables, así que ahora deben turnarse para su uso.

No es un visionario o experto en cuestiones energéticas, la explicación es mucho más sencilla y dramática: en las últimas temporadas ya pasó en por lo menos cinco colegios porteños en los que ha tenido en suerte dar clases.

Allá como acá hay una única censura acordada por todos. Está prohibido encogerse de hombros y repetir: “Hay que pasar el invierno”.

junio 16, 2017 at 4:12 am Deja un comentario

Persignarse o resistir

Desde comienzos del año pasado cuelga en el pizarrón de entrada de la escuela una lámina con una reproducción fotográfica del rostro del ministro de Educación de la nación, Esteban Bullrich. No en la cartelera sindical, por cierto, sino en la que está en la pared de enfrente, allí donde la escuela pega las cuestiones oficiales y las fechas de inscripciones como para anoticiar a los padres, entre otras cuestiones institucionales. Pues bien, en algún momento desde el ministerio enviaron una comunicación acompañada por la mentada foto y allí quedó, cada día un poco más amarillenta.

Ocurrió entonces que, durante la inauguración de obras de infraestructura escolar en la provincia de Corrientes y como contestación al planteo de un sacerdote, el ministro en cuestión se pronunció abiertamente en favor del dictado de educación religiosa en las escuelas. Luego de la bendición de las aulas por parte del cura, quien con sus plegarias aprovechó para descargar la responsabilidad de la crisis social sobre la población dado abandono de las premisas divinas, Bullrich afinó el garguero y sostuvo que no estaría nada mal que las escuelas alberguen contenidos curriculares de las diversas religiones, siempre que se siga el ejemplo de Jesús…

A él esa primera mañana del día después se lo ocurrió entrar en la sala de profesores deformando aquella canción del origen del rock nacional; emulando mal a Javier Martínez cantó fuerte entonces : “…persignarse o resistir…”. Entre las risas debió incluso aclarar después para un colega más joven que la referencia era Manal y no Malón.

La jornada siguiente optó por una vuelta de tuerca más decidida. A partir de ahora, se dijo, cada vez que entre al colegio voy a acercar la mano para tocar la imagen de Bullrich y después, con una media reverencia, me voy a persignar muy respetuosamente. Así lo hizo. La secretaria lo vio y para su sorpresa repitió el rito. Una semana después el saludo mañanero ya era de rigor para todos sus colegas.

Hoy, reflexionando sobre el acontecimiento, se le ocurrió pensar durante el viaje en el colectivo, casi como una moraleja: “Ojalá pudiéramos alcanzar así de rápido tamaña igualdad de criterio y acción para cosas más importantes…”.

mayo 3, 2017 at 4:41 am Deja un comentario

El candidato

Cuando leyó el título conjeturó que lo que seguía a continuación era el comentario sobre el relanzamiento de alguna vieja película de Robert Redford o quizás una argentina de los años sesenta; también su imaginación le puso a un voto a una probable referencia a algún viejo relato de David Viñas. Pero no, se equivocó.

El apelativo en cuestión hacía mención nada más y nada menos que al ministro de Educación nacional, Esteban Bullrich. De acuerdo con el periodista la alianza Cambiemos está pensando lanzarlo como candidato a senador bonaerense en las elecciones de esta año. La postulación, que todavía no está definida, permitiría -tal el argumento- exorcizar a la vez el apellido Macri (Jorge) y los atropellos de Elisa Carrió, a quien requieren desde el territorio de la Capital Federal. Ni muy muy ni tan tan, Bullrich sería el justo medio, como para que Aristóteles se quede tranquilo en su tumba.

La crónica dice a continuación que el gobierno lo ha “estado midiendo” y las encuestas le dan muy bien. Él, claro, docente porteño, no lo puede creer.

Por un lado Bullrich hizo a un lado la paritaria nacional y en consecuencia prácticamente se autoexcluyó del mundo operativo de la educación , aunque lo inviten a los programas televisivos para que explique que nada que ver… Tampoco la retórica persuasiva está de su lado: la comparación entre las gesta educativa y la “campaña al desierto” congregó sobre su testa una lluvia de puteadas de todos los colores. Como si fuera poco se rajó a Holanda detrás de Mauiricio Macri en medio de la huelga docente, y desde el país que obligó a las zanahorias a hacerse anaranjadas sumó declaraciones que presentan al hitlerismo “como una dirigencia que no supo unir a los ciudadanos”, en lo que fácilmente puede entenderse como una justificación de la matanza nazi. Una asamblea de los profesores de la Universidad de Buenos Aires votó solicitar la renuncia del ministro frente a disparates de tamaño calibre.

Pero los relevamientos de opinión le dan bien y los focus group le levantan el pulgar. Eso comentan. “Para mí la pifian de acá a la luna”, piensa. “Pero bueno, quizás me equivoque”, se dice después de una pausa. “Una vez más.”

abril 5, 2017 at 4:09 am Deja un comentario

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