Posts filed under ‘Arte y literatura’

Winckelmann y la belleza

Después de un par de años de andar dándole vueltas, finalmente tomamos el libro con la mejor disposición lectora. Se trata de una selección de la Historia del arte en la Antigüedad. Observaciones sobre la pintura de los antiguos, publicado originalmente por el iluminista alemán Johann Joachim Winckelmann en 1764. Un clásico con todas las letras. Aunque lo que empujó al volumen en cuestión sobre la mesa de luz fue otro clásico: el perfil de Winckelmann que escribió Johann Wolfgang von Goethe en 1805 y que en esta edición en castellano hace las veces de un prólogo general.

Después, la inercia de la lectura ejerce su magnetismo y uno termina leyendo el tomo completo, como puede, lamentando a cada paso no tener frente a los ojos (o en la memoria) las infinitas referencias a templos, pórticos, representaciones en monedas, murales, pinturas y esculturas con que Winckelmann ilustra sus afirmaciones.

Pero de pronto, en uno de los capítulos más esperados, el intitulado “Definición de la belleza”, en el apartado “Imperfecciones de la forma humana” nos topamos con la siguiente aseveración:

Por consiguiente, los ojos colocados oblicuamente, como algunas veces se ven entre nosotros, y como lo son, en general, los de los chinos y japoneses y los de las estatuas egipcias, son irregularidades que nos chocan.

Y unos renglones después:

Los ojos pequeños de los habitantes del Norte y Oriente deben ser catalogados entre las imperfecciones que los caracterizan, lo mismo que la estatura corta y achaparrada.

Más tarde:

Un negro puede ser bello si los rasgos de su rostro son regulares. Un viajero nos asegura que el trato cotidiano con los negros hace desaparecer a nuestros ojos lo que su color tiene de chocante.

 En fin, definiciones, todas ellas, que, en el fondo, más que asombrar o disgustar, tienen la virtud de ser bien reveladoras de aquello que se busca establecer: la “esencia” de la belleza.

marzo 10, 2019 at 4:16 am Deja un comentario

Qué busca el público, según El protegido de Leopoldo Torre Nilsson

El protegido es una película escrita y dirigida por Leopoldo Torre Nilsson que se estrenó en 1956. Se trata de un filme menor, que incluso los más seguidores del director de Boquitas pintadas suelen saltear, y el cual, curiosamente, hace unos días se emitió en la tarde de clásicos del cine nacional de la Televisión Pública.

Es una obra muy pretenciosa y, quizás por eso, igualmente olvidable, que incluye el yeite -muy de época- del “cine dentro del cine” para sostener su mínima narración; antecedida por la leyenda “Por cualquier semejanza que este libro tenga con la realidad, el autor se siente muy entristecido”…

Allí, de cualquier modo, hay una línea de diálogo bien interesante que merece destaque. Sale de la boca del todopoderoso y cínico productor apellidado Vanasco (Guillermo Bataglia), quien en un cierto momento se dedica a apostrofar displicentemente contra el valor de las historias y la labor de los guionistas. Su lección dice, palabras más o menos:

El público no quiere aprender. El público ya lo sabe todo sobre el mundo. Lo que el público quiere es olvidar. Olvidarse de su vida para no terminar matando al quiosquero de la esquina o al gerente en la oficina. Y como olvidar resulta cada vez más difícil, por eso surge la necesidad de complicar cada vez más la trama.

Una pura filosofía existencial de la composición.

octubre 26, 2018 at 3:56 am Deja un comentario

Xu Lizhi, poeta obrero

Entré en contacto con la poesía de Xu Lizhi por primera vez gracias al documental Versos chinos, sobre la vida de seis trabajadores que son también grandes poetas. Al traducir los poemas y los subtítulos del documental, me sentí inmediatamente atraída por el estilo directo, honesto y oscuro de Xu. Aunque su vida era infeliz -y se suicidó con 24 años un año después tirándose desde el piso 17 de un edificio de Shenzhen cercano a la fábrica Foxconn donde trabajaba- no hay trazas de autocompasión en su poesía. Por el contrario, observa con ojos fríos la sociedad que le rodea, las condiciones en las que trabaja, su propio destino. Su realidad es la de millones de personas en China, en especial en el Sur, convertido en el centro de producción y explotación del país.  Su “poema de vergüenza” (Tragué una luna de hierro), no se limita a su persona, sino que tiene un alcance público y nacional.

Xu Lizhi

Los poemas que he escogido para traducir ofrecen una rendija a su vida y a su cínica visión del mundo creativa. Uno de estos poemas, que no es otra cosa que la información que aparece en la etiqueta de un frasco de mantequilla de cacahuete, cobra todo un sentido nuevo gracias al título: Obituario para un cacahuete. Este desparpajo, este humor (si es humor) es típico del mejor Xu Lizhi. Mantiene al lector (y al traductor) agarrado por el cuello y gracias a sus recursos retóricos y sus temas cotidianos, se ha convertido en uno de los grandes poetas chinos, aunque haya muerto tan joven. Una antología de sus poemas, con el título Un nuevo día, acaba de ser publicado en China.

Eleanor Goodman

La versión original en chino de los poemas puede consultarse aquí:

(http://www.clb.org.hk/sites/default/files/archive/en/File/xu%20lizhi%20poems.pdf)

 

Tragué una luna de hierro

Tragué una luna de hierro,

que llaman tornillo.

Tragué vertidos industriales y formularios de paro,

me incliné ante las maquinas, ¡que pronto mueren nuestros jóvenes!

Tragué trabajo, tragué pobreza,

tragué puentes peatonales, tragué toda está vida oxidada.

Ya no puedo tragar nada más.

Todo lo que trago se atraganta en mi garganta.

Hago llegar a todo mi país

este poema de vergüenza.

El artículo completo y otros poemas pueden leer se aquí.

marzo 23, 2016 at 4:55 am Deja un comentario

La canción de los efectos vivificadores del dinero, de Bertolt Brecht

Bertolt Brecht

 

 

 

 

 

 

 

 

Por baja cosa cuenta el dinero en este mundo
Que resulta empero frío a falta de numerario.
Y puede trocar al pronto en harto hospitalario
Merced al gran poder del material dinerario.
Todo eran ecos de lamento vagabundo
Y ahora resplandece soleado
Lo que antes andaba congelado.
A cada quien, lo que desea.
De rosa el horizonte tintado
Mirad: ¡la chimenea, humea!

Sí, todo ahora se ve harto diferente
Late a pleno ritmo el corazón. Gana altura la mirada.
Abundante es la comida. Holgado el abrigo.
Y el hombre es ahora otro hombre.

¡Ah! Yerran todos
Cuantos creen que nada importa el dinero.
La fertilidad se hace yerma
Cuando el buen flujo se ciega.
Todos van tras algo, que toman do se halle
Mas no todo resultaba tan duro
Que quien no sufre el dentellazo del hambre, bien que se allana.
Todo está ahora desierto de corazón y de amor.
Padre, madre, hermanos: ¡todo es pugnaz!
Mirad: ¡ya no humea la chimenea!

Aire espeso por doquiera, que a nadie para nada contenta.
Todo rebosa odio, todo rebosa envidia.
Nadie quiere ser ya caballo, que todos se pretenden jinete.
Y el mundo es un mundo frío.

Así ocurre con todo lo bueno y grande
Que no tarda en atrofiarse en este mundo.
Pues con estómago vacío y pies
Desnudos nadie está para grandezas.
No se quiere lo bueno, sino dinero
Y todo cobra un porte pusilánime.
No bien tiene el bueno algo de dinero
Tiene lo que precisa para ser bueno
Quien ya preparaba una atrocidad
Observa: ¡la chimenea, humea!

Sí, vuelve a creerse en el género humano
Noble es el hombre, y bueno y todo eso.
Prosperan las buenas intenciones, que andaban flojas.
Se afirma el corazón. Se ensancha la mirada.
Se reconoce lo que es caballo y lo que es jinete.
Y solo así consigue el derecho volver a ser derecho.

(Traducción tomada de Sinpermiso.)

enero 10, 2015 at 4:28 am Deja un comentario

La histórica revuelta de los estudiantes chilenos se hizo historieta

La trama va más o menos así y se desenvuelve dentro del marco canónico de un relato de iniciación. Una asamblea estudiantil vota tomar el establecimiento que habitan cotidianamente para exigir cambios en una educación que -juzgan-  necesita imperiosamente ser mejorada.  Nicolás decide abrirse y abandonar el colegio, pero Paula lo frena. “No siempre se puede ver la vida desde la seguridad del arco”, le recrimina irónicamente la adolescente en alusión a su condición de destacado arquero del equipo de fútbol. Nicolás duda; finalmente vuelve sobre sus pasos y se suma a los miles de secundarios chilenos que protagonizaron, allá por 2006, la llamada Revolución de los Pingüinos. Una revuelta cuya onda expansiva llega hasta el día de hoy.

La revuelta de los estudiantes chilenos se hace historieta

Se trata, pues, de una de ficción “basada en hechos reales”, como se suele decir: la novela gráfica Al sur de la alameda, escrita por Lola Larra e ilustrada por Vicente Reinamontes. Publicada por el sello Ekaré, la obra recibió el Premio a la edición en 2014 en Chile y fue seleccionada por el prestigioso catálogo alemán The White Ravens, que reúne los títulos infantiles y juveniles más destacados del año.

enero 3, 2015 at 4:33 am Deja un comentario

Aníba Troilo, Mario Jorge de Lellis y sus jóvenes “discípulos”: un episodio histórico del arte nacional

El Escarabajo de Oro en 1966De casualidad encontramos un recorte de la revista Viva de hace ya unos años (más información no podemos sumar) que reproduce una nota de Vicente Battista llamada “Todo por culpa de Pichuco”.

En ella el autor, orejeando sus primeros años en las aventuras del quehacer literario porteño como miembro de El Escarabajo de Oro, recuerda cuando al poeta Mario Jorge de Lellis, de apenas 44 años, le había llegado tristemente la hora de la muerte antes que la de la consagración, y fue entonces que a sus “discípulos” se les ocurrió homenajearlo con la reedición de los Cantos humanos. De Lellis aceptó contento y de inmediato. La empresa sumó a Carlos Alonso para pergeñar la tapa y se decidió una presentación a todo trapo en la casa que albergaba, allá en la calle México, a la SADE, Sociedad Argentina de Escritores. Por la insitución hablaría la noche de la presentación Osvaldo Rossler, y detrás de él Abelardo Castillo y Horacio Salas.

Mario Jorge de Lellis en 1966Pero el personaje cumbre que aceptó hacerse presente esa velada con su bandoneón fue Aníbal Troilo; allí estuvo junto a Tito Reyes y Roberto Grela. El fuelle incluso acompañó la lectura de algún poema que salió de la boca del emocionado poeta.

TroiloFue a las siete de la tarde, consigna Battista, del 5 de abril de 1966. Todo el tiempo los historiadores de la cultura y críticos literarios universitarios, siguiendo las nociones teóricas de autores como Jan Mukarovsky, por ejemplo, buscan luminosas ilustraciones de los momentos de quiebre y cruce, en que una norma estética popular y comercial (“baja”) se ennoblece y pasa a formar parte de la cultura más prestigiosa que, por lo general, una nueva generación de innovadores y promotores culturales cargan sobre sus espaldas y apuntalan con sus lanzas. En tal sentido, Troilo en la SADE junto a los muchachos del El Escarabajo de Oro que reivindican al maestro ajeno a las luces de la cultura hegemónica, es un ejemplo impar. La tormenta gozosa y perfecta.

diciembre 23, 2014 at 4:16 am Deja un comentario

Camino del tabaco, de John D. Loudermilk

12 Sides of John D. LoudermilkEs al menos curiosa la historia de muchos de los clásicos de la música popular comercial. En estos días está cumpliendo ochenta años el autor de una de ellos, John D. Loudermilk. ¿Qué deja este octogenario, hoy bastante olvidado, como legado cultural? Nada más y nada menos que la íncreíble “Camino del tabaco” (Tobacco road). La canción es lo que se considera un estándar del blues que han llevado a sus conciertos y los estudios de grabación infinidad de músicos anglosajones a lo largo de cuatro décadas.
Lo paradójico es que las canciones pergeñadas por Loudermilk -a medias entre la tradición folk, el rock and roll, el blues y el pop comercial- por lo general anduvieron comentando naderías y hasta se bañaron de humor para ingresar simpáticamente en los charts y los repertorios. (Se dice que compositores posteriores, como Frank Zappa, se alimentaron de ellas para muchas de las parodias con agudos coritos doo woop que supieron cultivar las Madres de la Invención.)

Erskine CaldwellPero “Tobacco road” es otra cosa, que busca lugar en la estela de las más duras y tristes canciones del blues negro. Encima parece estar inspirada en la novela homónima publicada en 1932 por Erskine Caldwell, una suerte de historia de realismo social naturalista acerca de las condiciones de vida de los pobres y explotados trabajadores de los tabacales.

La letra de la canción de Loudermilk dice:

Nací en un basural.
mi mamá murió y
mi papá se convirtió en un borracho.
Me dejaron aquí para que creciera o muriera,
en el medio del camino del tabaco.

Crecí en una cabaña roñosa,
todo lo que tengo es aquello que llevo colgado sobre mi espalda.
sólo dios sabe cuánto aborrezco
este lugar llamado Camino del tabaco.

Pero lo voy a dejar, me voy a conseguir un trabajo
con la ayuda y la gracia del Señor.
Podré ahorrar algo de dinero, me haré rico y viejo,
y algún día volveré a la ruta del tabaco.

Aunque sea mi casa, y la única vida que he conocido,
sólo dios sabe cuánto odio este Camino del tabaco.

Voy a conseguir dinamita y una grúa,
y la haré explotar, para que empiece todo de nuevo;
podremos construir una ciudad, que esta vez nos enorgullezca mostrar.
Llevará como nombre “Camino del tabaco”.

La versión original está en el disco de 1962 llamado 12 sides of John D. Loudermilk. Entre los jóvenes ingleses de la llamada british invasion que a mediados de los sesenta empezaron a mandarse al buche el rico legado blusero, estaban los Nashville Teens, cuyo cover fue un éxito en 1964. Es raro ver a los jóvenes blanquitos habitués de programas beat e imaginar qué pasaba por la cabeza de sus seguidores cuando escuchaban la popular letra; más todavía si se tiene en cuenta que -como suele suceder con las tonadas anónimas- no hay mucha claridad acerca de cuál es la letra original y definitiva. Por ejemplo, unos comienzas cerrando el primer verso con “dump” (basural), otros con “trunk” (tronco), y hay quienes prefieren el más difícil, “truck” (camión); vaya uno a saber.

Después de los Nashville Teens y hasta hoy las versiones son catarata. Entre ellas vale destacar la hermosa interpretación de Eric Burdon y los War, contenida en el álbum Eric Burdon declares “War”, de 1970. Aquí tienen, para que se entretengan .

julio 28, 2014 at 2:06 am Deja un comentario

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