La educación y la tragedia de los maestros de Perú

julio 17, 2017 at 4:23 am Deja un comentario

(Por Hernán Cruz Enciso. Rebelión, Barcelona, jueves 13 de julio de 2017)- Son los tiempos. Para adueñarse de la riqueza de los países, los dueños del mundo ya no generan tantas matanzas como antes. Las batallas ya no se desarrollan en espacios lejanos, con tanques y aviones, sino en la cabeza de las personas, con programas televisivos o mensajes especialmente diseñados para torcer las conciencias. Ya no se trata de una guerra por conquista de territorios, sino de una guerra por conquista de cerebros. Las balas ya no apuntan al cuerpo de las personas, sino a sus contradicciones y vulnerabilidades psicológicas. Ahora lo importante es controlar mentes: es la guerra asimétrica. Y para controlar mentes, se debe intervenir en la formación de los cerebros y, sobre todo, decidir sobre el contenido de los cerebros. Es decir, para controlar países y, por consiguiente, decidir sobre sus recursos (naturales, humanos), se debe decidir sobre la alimentación, la salud y la educación de las personas. No es poderoso ni potencia, ni siquiera estable, aquel país que tiene oro y petróleo, menos millones de dólares en reservas. Al país que no invierta en educación, salud y alimentación, le espera la decadencia histórica.

Son los tiempos, decíamos. Tiempos de la guerra irrestricta, una contienda donde no hay reglas ni guerras declaradas, donde, por medio de ataques imperceptibles, se utiliza la táctica del socavamiento de la estructura de la Nación-objetivo, hasta lograr, paulatinamente, el control sobre sus recursos estratégicos y su economía. Alguien dijo alguna vez: “Es imposible ganarle una guerra armada a Estados Unidos: es más fácil destruir su juventud, dejándole sin futuro, introduciéndole drogas”. O esto otro: “Es difícil quebrar la voluntad del cholo terco; más fácil es buscar la derrota del pensamiento y de la voluntad mediante programas televisivos aberrantes. Antes se hacía con la religión, luego con el alcohol”. Esa es la guerra irrestricta, donde las armas son “amables”, armas que aparentemente entretienen o “alegran” pero que, sin matar, causan daños irreversibles en la conciencia de los individuos. ¿Es acaso casual que los canales de televisión estén llenos de travestis como los nuevos héroes y paradigmas de la sociedad?

¿Y cómo andamos en educación en el Perú? Muy mal, ya lo dijimos en algún momento: 11% de analfabetismo; el 47% de los estudiantes de la zona rural se encuentra fuera del sistema educativo; el 90% de las escuelas de las zonas rurales son unidocentes o multigrado; el 78% de las escuelas pertenecen al Estado. Solo el 1.6% son de material noble, pero sin los servicios básicos ni con el mobiliario adecuado. El 10.4% se encuentra en situación desastrosa. Además, dos de cada de diez escuelas no cuentan con el servicio de agua y cuatro de cada diez no tienen desagüe. En siete de cada diez colegios los servicios higiénicos se encuentran en estado deficiente. Carencia de materiales educativos de calidad; una parte de esos materiales deben ser comprados, o por los padres de familia, o por los mismos maestros. Metodologías obsoletas: la educación basada en una metodología de transmisión de conocimientos y contenidos ha fracasado.

¿Y cómo andan los colegios? Hay 62 mil colegios en el país. El 15% de ese total requiere sustitución, 56% precisa de rehabilitación, 29% necesita mantenimiento, 30% no tiene energía eléctrica, 40% no tiene agua y 75% no tiene internet. Para resolver ese problema se requiere el 10% del PBI (63 mil millones de soles).

¿Qué más? Un magisterio mal pagado y desmotivado. Hay 320 mil profesores a nivel nacional, y el 40% de ellos debe completar sus ingresos con otras ocupaciones remuneradas. Los salarios de ahora son la tercera parte de lo que eran en los años sesenta. Y como han caído las remuneraciones, cayó el prestigio de la carrera docente, cayó la “dedicación exclusiva” y, por consiguiente, cayó la motivación de los jóvenes por la carrera de Educación. ¿Algo más? Contenidos desfasados frente a los desafíos de la realidad y frente al tiempo histórico. Todos los países tienen un Proyecto Histórico y ese proyecto gira alrededor del potencial humano. País que no invierte en educación –y que basa su economía solo en la enajenación de sus recursos naturales, como el Perú– está destinado a sucumbir igual que el África.

El otro problema grave es la desnutrición. Uno de cada dos niños de las zonas rurales sufre de desnutrición. Si no se ataca el problema de la desnutrición, no se puede hablar de una buena educación. El niño peruano nace con aproximadamente un coeficiente intelectual de 100 en la Escala de Wechsler. Si a ese niño le damos una pésima alimentación en los tres primeros años, su coeficiente se reducirá a 95. Si después le damos una pésima formación educativa (2 a 3% del PBI en educación), su coeficiente decrecerá en algunos casos a 90 y en otros a 85. Los periodistas César Aquije y Félix Dávila, en el artículo “Perú año 2000, generación de tarados”, advertían que “están convirtiendo a la mayoría de peruanos en mutantes al revés, en seres que estarán incapacitados para sobrevivir en un mundo altamente tecnificado, como no sea en la humillante condición de semovientes (burros y caballos), de virtual ganado industrial”.

¿Cuánto es el presupuesto del sector Educación para el 2017? 26 mil millones de soles. Los países industrializados invierten alrededor del 3% del PBI en investigación, ciencia y tecnología. El Estado peruano solo invierte 0.15% del PBI en investigación. Otros países, principalmente los países del Primer Mundo, invierten en Educación alrededor del 8% de su PBI y, en otros casos como Israel, sumando el público con el privado sobrepasan el 11% del PBI. El Perú en los últimos diez años solo ha destinado entre 2% y 4% de su PBI. Los países inteligentes invierten más en la infancia, luego en los colegios, finalmente en la universidad. En Perú es al revés. Es decir, el que más necesita, recibe menos. En educación inicial, al 2011, Chile destinaba 1766 dólares por alumno al año, Argentina 1745, Uruguay 1200, Brasil 1044 y Perú 289.

¿Y por qué el Estado peruano destina solo el 4% del PBI a la educación y no, por ejemplo, el 10%? Por imposición del Fondo Monetario Internacional (FMI) y del Banco Mundial. Alberto Fujimori firmó, siendo presidente, una carta de intención con el FMI que prioriza el pago de la deuda externa, dejando de lado el gasto público (la educación, el agro y la industria nacionales). Dicha carta impone, asimismo, la privatización de los recursos naturales y de la salud y la educación. Los presidentes que siguieron a Fujimori (Alan García, Alejandro Toledo y Ollanta Humala, PPK) también hicieron cumplir al pie de la letra ese acuerdo. ¿Y por qué el FMI nos impuso esa carta de intención? Supuestamente para que podamos pagar nuestra deuda externa (tenemos deuda de tipo bilateral y multilateral y con la banca comercial). Sin embargo, según los entendidos, estaríamos pagando puntualmente las moras de las moras y los intereses de los intereses de una deuda fraudulenta que ya se ha pagado múltiples veces. Por eso la deuda externa se ha convertido en un círculo vicioso, ya que por pagarla dejamos de invertir en salud y educación, atándonos al capricho de los capitales transnacionales. ¿Y cuál es el trasfondo de la carta de intención? Los países industrializados, que son dueños del Banco Mundial y del FMI (EE UU, Japón, Alemania, Francia, Gran Bretaña, Italia, Arabia Saudí y Canadá), quieren materias primas baratas para alimentar su industria. Debemos aclarar que el Perú no exporta ni una piedra. Son las empresas transnacionales las que extraen las materias primas y las exportan, dejando al país solo tres de cada cien soles que ganan (En Bolivia, los inversionistas solo se llevan 18 soles de cada cien soles que ganan, y los 82 soles restantes el gobierno lo ha destinado a la educación, elevando el gasto a 8% del PBI). (Por ejemplo de Apurímac se llevan a cinco dólares la tonelada de hierro esponja. Convierten esa tonelada de hierro en acero, cuyo valor alcanza los 500 dólares. Pero después, convertido en cuchara, esa tonelada de acero llega a costar cinco mil dólares. Las piedras que en la práctica les regalamos regresan al Perú valiendo miles de dólares). Y para asegurarse materias primas (asegurar el saqueo), estas entidades no solo nos han impuesto un mísero presupuesto a través de gobiernos pusilánimes y sin creatividad sino también nos han impuesto recetas educativas que apuntan a la dependencia. Invirtiendo 10% o 12% del PBI en Educación, en unos veinte años nos podríamos industrializar y dejar de regalarles nuestros recursos naturales y, de paso, les quitamos el mercado mundial.

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