Mal agüero

junio 16, 2017 at 4:12 am Deja un comentario

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Él de inmediato intuyó lo que iba a pasar pero no soltó prenda porque  no quería quedar como pájaro de mal agüero frente a sus compañeros. Ocurre que hace ya dos semanas que la caldera de la Facultad de Ciencias Humanas dijo basta y el frío se apoderó de inmediato de los salones, oficinas y aulas de la universidad patagónica, que enfrenta, claro, temperaturas más bajas que la media.

Después de un par de cruces de acusaciones y la idea de que se podían llegar a suspender las clases, la decisión fue que la vida cotidiana siguiera más o menos como siempre. Se están cambiando unos cuantos caños y arreglando una buena cantidad de aparatos con años de desatención, al tiempo que se espera que se sustancie el llamado a licitación para el arreglo de la caldera, la madre de todos las batallas a la hora de la llegada del invierno, sobre todo por los costos que se rumorean.

Para el mientras tanto se mandaron a comprar los caloventores porque, sobre todo las rodillas, después de estar un rato sentado, literalmente empiezan a doler. En algunas dependencias prefirieron los radiadores eléctricos con circuito de aceite que rescataron vaya uno a saber de dónde, casi como antigüedades vintage de los noventa.

Fue entonces, cuando se topó con la novedad de todos esos caloventores encendidos al mismo tiempo que tuvo la seguridad de que se venía el chispazo. Y eso por la simple suposición de que seguramente el cableado eléctrico no es más joven que los caños reventados que llevan el agua y el vapor de la calefacción. Eso fue la semana pasada; ésta ya le contaron que habían saltado los tapones, las paredes estaban mala y peligrosamente calientes en las zonas por las que pasan los cables, así que ahora deben turnarse para su uso.

No es un visionario o experto en cuestiones energéticas, la explicación es mucho más sencilla y dramática: en las últimas temporadas ya pasó en por lo menos cinco colegios porteños en los que ha tenido en suerte dar clases.

Allá como acá hay una única censura acordada por todos. Está prohibido encogerse de hombros y repetir: “Hay que pasar el invierno”.

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