¿Qué otra cosa cabía esperar?

julio 21, 2015 at 4:23 am Deja un comentario

Ni bien se conocieron los índices de pobreza que la semana pasada distribuyó la Universidad Católica Argentina, y que alcanzó a oir en el informativo de la radio mientras se bañaba, él se sonrió imaginando las respuestas de grueso calibre que desde el gobierno iban a empezar a llover para tratar de demostrar lo contrario. ¿Qué otra cosa cabía esperar? Siempre ha ocurrido así en el último período, y para colmo ha comenzado a desatarse, como un azote de dios, el furor de las campañas políticas rumbo al afamado sillón de Rivadavia.

Pero no fue así. En su lugar se extendió un cuidado y prolijo silencio al respecto. A sus compañeros de trabajo también les llamó la atención y fue tema de comentario seguido, durante los primeros días, en el recreo largo y el mate cocido en la sala de profesores.

Qué otra cosa cabía esperarPorque todos apostaban a favor de que la difusión del creciente número de pobres criollos por parte del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, que ya roza la tercera parte de la población, con dos millones de personas por debajo de la indigencia, había causado un impacto profundo en la Casa Rosada, y no podía ser de otra manera.

El único que se atrevió a tirar una rápido comentario en contra fue Aníbal Fernández en alguna de sus charlas matinales.

Según dicen los periodistas a través de sus rápidos análisis, el silencio oficial no tuvo que ver con la indiferencia, sino más bien con la desilusión hacia una universidad tan cercana a Francisco, y el temor a tensar la cuerda del desgste en sus cruces con la iglesia.

Si es así, bueno, que cada quien tenga las amistades que quiere o se merezca. Pero frente al dato de que el cuarenta por ciento de los chicos argentinos son pobres es incomprensible que no abran la boca; no ya para negar, sino para decir qué piensan hacer.

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