La tierra será nuestra, de Ignacio Tankel

febrero 15, 2012 at 8:11 pm Deja un comentario

Si bien se suele asociar la etiqueta a una especie creativa surgida desde los años sesenta y hasta hoy, en realidad cine independiente ha habido siempre, en el mundo y en la Argentina. Aunque no siempre, claro, tuvo similar inspiración o búsqueda. En estos días y en horarios disímiles, se puede ver en el canal de cable Volver una rara y poco frecuentada pieza documental.

Se trata del filme dirigido en 1949 por Ignacio Tankel, con guión de Osmar Cano, que lleva por nombre La tierra será nuestra. Es una mezcla de realismo social y folletinazo, que tiene por escenografía los pagos de Chivilcoy. En esa naturaleza se retratan las desventuras de una humilde familia de chacareros que, finalmente y gracias a la ambición de los buitres bancarios, lo perderá todo. Para ir hilvanando la historia se recurre a una serie de estampas muy estereotipadas, como las que enfrenta al trabajador sencillo del campo con los abogados y funcionarios que manejan una jerga judicial incomprensible para las simples mortales, y para quienes sólo puede albergar la mala nueva de la penuria y la desesperación.

De tal modo, cuando se prepara para recoger lo sembrado, don Eusebio y los suyos deben dejar en mano de los especuladores lo poco que tienen y marchar hacia la nada con las escasas pertenencias apretujadas en una carreta. El hijo varón parte en tren rumbo a la ciudad en busca de trabajo, el padre prefiere quedarse a la buena de dios pero en el único lugar que lo reclama como suyo.

El cierre lo ocupan las figuras desoladas del viejo Eusebio y su mujer; el hombre de pronto tropieza y se levanta con un poco de tierra en el puño, listo para hacerlo reventar con bronca contra el suelo maldito, pero la esposa lo detiene, le pide que no blasfeme, no se debe blasfemar contra la tierra que alimenta, le dice. Él le hace caso, la abraza y ambos, esperanzados, lanzan la profecía de la frase del título…

Y entonces ocurre el milagro. Pasan los cartelitos que llevan desde 1943 a 1949 y la “Nueva legislación agraria” que ha puesto todo en su lugar  y dado la tierra a quienes son sus verdaderos dueños. Asoma un locutor del tipo “Sucesos argentinos”, que cuenta cómo ha cambiado todo en la Argentina, después se lo ve al hijo de don Eusebio montado sonriente en un tractor y charlando con un amigo.

El telón final acompaña la voz del locutor que enfatiza: “Ya la tierra es para quien la trabaja”. De donde se educe que el dios-de-la-maquinita es el gobierno de Juan Perón que trajo consigo una profunda reforma agraria que habría transformado el régimen de la tenencia de la tierra y liquidado los latifundios, razón por la cual no se entiende muy bien por qué pasa lo que pasa en la Argentina de hoy de la soja y los agronegocios. En fin, una curiosidad, un documento de poco más de una hora.

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