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Carlos Fuentealba se llama también Roger Abraham Vallejo y ha vuelto a ser asesinado en Honduras

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Cuando el maestro Carlos Fuentealba cayó  asesinado en una ruta de Neuquén fueron cientos, fueron miles los que lloraron su muerte. Fue un llanto, un grito tan fuerte que su eco todavía no se ha secado. ¿Cuántos miles y cuántos cientos lloran y gritan en las calles de Tegucigalpa por la bala que le quitó la vida al maestro Roger Vallejo? Deben ser los mismos y muchos más.

Desde que la bala de la policía provincial mandada por Jorge Sobisch fulminó a Carlos Fuentealba son cientos y miles los que han jurado sobre las tizas ensangrentadas no detenerse hasta que sus asesinos, pero sus asesinos de verdad, paguen las cuentas que deben pagar. ¿Cuántos miles y cuántos cientos ocupan ahora las calles de Honduras para exigir que los asesinos de Roger Vallejo paguen su muerte ya?

Unos y otros; ayer, hoy y siempre, aquí y allá, los cientos y los miles repiten furiosos ¡No pasarán!

Add comment Agosto 2, 2009

La iglesia de Honduras con los ricos y los militares (como toda iglesia latinoamericana a lo largo de la historia)

Las conferencias episcopales de casi todos los países latinoamericanos se han pronunciado a favor y en solidaridad con las declaraciones golpistas del cardenal hondureño Oscar Rodríguez Maradiaga y su tropa de negro.

Los últimos días de junio y casi como un prólogo al golpe militar monseñor Darwin Andino, obispo de Tegucigalpa, pontificaba: “Lo que se ha dado en Venezuela se está dando en Honduras, se dio en Bolivia y en Ecuador. Yo aquí en todo miro la mano del presidente venezolano Hugo Chávez y el país no se puede entregar al chavismo ni a nadie, pues queremos seguir siendo libres e independientes”. Una declaración de guerra, un llamado a la destitución de Zelaya.

Como desde los Estados Unidos y del conjunto del establishment político se hizo hincapié en el “espíritu legalista” y la acción “acorde a la ley” llevada adelante por los golpistas, tratando de guardar las apariencias, Andino sostuvo  en consonancia que Zelaya “ya no se desempeñaba como presidente de la República”; agregó que “las instituciones del Estado democrático hondureño están en vigencia” y “sus ejecutorias en materia jurídico legal han sido apegadas a derecho…”. Verdaderamente increíble.

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Se trata, claro, de la misma iglesia que en su momento bendijo a Augusto Pinochet y Jorge Rafael Videla, y ayer nomás acompañó el levantamiento de la derecha en Santa Cruz de la Sierra contra el gobierno de Evo Morales, para mencionar algunos ejemplos de su performance reaccionaria ejecutada desde que América es América.

En la medida en que la manifestación  popular se mantiene las amenazas clericales se han ido torciendo hacia la forma de una suerte de consejo desmovilizador. Así Rodríguez Madariaga instó públicamente a Zelaya para que “reconsiderara” su regreso porque “podría desatar un baño de sangre. (…) por favor medite, porque después sería demasiado tarde”. “Hasta el día de hoy no ha muerto un solo hondureño”, agregaba mintiendo descaradamente , obviando los mil episodios de la represión estatal que se suceden cada día y con la única intención de impulsar el miedo para que los trabajadores no continúen con sus huelgas y las masas en la calle.

1 comment Julio 31, 2009

El “golpe” en Honduras, los medios, la trama y el revés

Los eventos que se desarrollan desde hace unas semanas en Honduras procuran al observador atento un buen ejemplo del funcionamiento de los medios; ofician como la mostración amplificada de su hilacha y sus rengueras.

Sucede que desde hace por lo menos dos décadas las diversas formas de la prensa y sus sesudos analistas vienen fatigando a la población del continente americano acerca de las bondades de la democracia institucional. No vamos aquí a detenernos a analizar la naturaleza y el carácter democrático de tales “democracias”, sino que lo que se pretende subrayar es el argumento que, frente a cualquier levantamiento social, represión salvaje, huelga masiva, crisis política, catástrofe económica o etcéteras por el estilo, sostiene que lo más importante es preservar, justamente, esas instituciones democráticas “que tanto ha costado conseguir” y que lo demás puede esperar y quedar supeditado a tal necesidad prioritario. Por lo tanto ya bien puede ir la gente saliendo de las calles y volviendo a sus casas…

Ahora bien, llega el golpe de Estado cívico-militar en Honduras y ¿qué hacen los medios (argentinos y, hasta donde sabemos, de buena parte de América)? Pues repudiarlo, según dictaba el guión mencionado y era esperable por lo tanto que así sucediera. Pero ocurre que a poco andar -es decir durante la jornada siguiente- advierten que no se trata de un “golpe” común, que las burguesías de los diversos países dudan frente a su caracterización y en muchos casos lo ven, aunque fingiendo mirar hacia otro lado, con verdadera simpatía. Un comportamiento que incluso se detecta en los mismísimos Estados Unidos, pese a que las declaraciones diplomáticas y las gárgaras de Hillary Clinton y Barack Obama maquillen un poco la cuestión con su belcanto.

De pronto los medios, entonces, casi al unísono, cambian sus títulos y copetes, y en lugar de “golpe” y “gobierno de facto” empiezan a hablar de “crisis política”, términos más o menos.

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En el caso argentino los vaivenes se acentúan a partir de los ampulosos anuncios de la presidente Cristina Kirchner de que va a viajar para acompañar al depuesto primer mandatario en su vuelta al terruño y el sillón del mandamás. Pero el viaje aborta y los periódicos y las radios y los noticieros de la televisión recolocan su lengua y estrategias. Ahora ya no es muy claro si en Honduras hubo o no un “golpe”.

Para colmo, y con el telón de fondo de la ONU, Arias, otro presidente de largo curriculum como intermediador en América Central, se lanza a la arena para ofrecer sus buenos oficios y acercar las posiciones entre el presidente sacado y el nuevo presidente asumido. Los medios dudan sobre el vocabulario a utilizar para cubrir el evento, dado que al comienzo habían enfatizado que el “nuevo”, producto del “golpe”, era ilegal y sólo era “legal” el antiguo, ¿cómo carajo justificar ahora que a través de la mediación se les dé igual entidad a los dos? ¿No es de hecho un modo de convalidar lo que, unos días antes, se aseguraba que no podía ser convalidado bajo ningún punto de vista?

En fin, la trama y el revés: es hasta gracioso observar de qué manera estos hechos -la historia, en fin- que escapan a los esquemas ideológicos y retóricos que los medios han sabido elaborar con paciencia los ponen en cuestión y denuncian su raíz profunda. Porque lo que queda claro es que el tambaleo y los sacudones bruscos se explican por la necesidad inmediata de adecuarse a la “línea” -más o menos directa o como decidida insinuación- que dictan los poderosos. Un puro ejercicio de ventriloquía. El resto, como siempre, son sólo banderitas y globos.

Add comment Julio 15, 2009

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“Latinoamérica no es cuartel”

(Escrito con pintura negra sobre la pared blanca de una casa en Tegucigalpa por un grupo de jóvenes de entre los miles que en estos días se han movilizado contra el golpe militar en Honduras.)

Add comment Julio 11, 2009

Honduras, el garrote y la zanahoria

“En el surco trazado por este macaneo, se ha sembrado la idea de que Estados Unidos no ha tenido nada que ver con el golpe de Estado en Honduras. Es una forma de decir que ‘la embajada’ ya no es más lo que era y que los golpistas son leones sin dientes ni garras. En realidad, las gestiones diplomáticas para reponer al presidente Manuel Zelaya se han transformado en el medio fundamental para imponer la victoria política de sus adversarios, la oligarquía golpista. Como informa Clarín del primero de julio, Zelaya prometió en Washington ‘que no buscará la reelección y que, al finalizar su mandato en enero, vuelve a su casa’. O sea que el destituido tira la chancleta antes de haber obtenido la más mínima concesión de sus enemigos.”



Más: “Las maniobras diplomáticas se despliegan (…) el objetivo de ellas es neutralizar la posibilidad de un levantamiento popular en Honduras, con la zanahoria de una salida ‘más económica’, de origen internacional, y también los ajetreos diplomáticos de Chávez y de los mandatarios del Alba. Pero es claro que el golpe tiene el apoyo de toda la gran burguesía de Centroamérica y más allá de ella de toda América latina, porque responde al propósito fundamental de la burguesía internacional de aprovechar la crisis mundial para revertir los procesos ‘bolivarianos’ en su conjunto”, escribió Jorge Altamira (“Honduras o el cuento de la no intervención norteamericana”), en Prensa Obrera del jueves 2 de julio de 2009.

Las observaciones son por demás justas, no sólo por lo sucedido en los días siguientes y hasta hoy, sino también porque posibilitan percibir con claridad que el panorama de “tranquilidad continental” y búsqueda de “consensos pragmáticos y civilizados” que, según los analistas políticos de todos los días, se abrieron con la llegada de Barack Obama al gobierno, el inminente cierre de la prisión de Guantánamo y el levantamiento del bloqueo a Cuba y “señales” por el estilo, es una pura espuma.

Debajo, se agitan las aguas de la crisis política que atraviesa al conjunto del continente americano, los Estados Unidos incluidos. Ellos, al igual que nosotros y los otros, no saben muy bien qué hacer y lejos parecen estar de tener posiciones únicas respecto, salvo en lo que respecta a aquella máxima que reza que hay que detener a toda costa las movilizaciones populares que no estén claramente encuadradas por el poder.

Add comment Julio 11, 2009


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