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Guantánamo es sólo un botón de muestra: la Cruz Roja denunció que Estados Unidos mantuvo a docenas de prisioneros en Bagram sometidos a “maltrato”
En el mundo que nos ha tocado en suerte hay algunas cárceles que se han hecho más famosas que otras. Así, las celdas de máxima seguridad Guantánamo, además del infierno en la tierra en la imaginación de cada uno de nosotros, se ha convertido en un símbolo transparente del destino que los Estados Unidos y las grandes potencias imperialistas tienen pensado y están ejecutando para el conjunto del planeta con vistas a que el capitalismo obtenga el pasaje a su sobrevida.
Pero, lamentamos tener que agregar, Guantánamo es en realidad sólo un botón de muestra. Algo que en realidad ya sabíamos o presentíamos, dado que las grandes potencias y sus organismos de seguridad se las han ingeniado para desparramar cárceles secretas por los lugares más diversos, poniendo en práctica una saña tal que coloca a la figura del “desaparecido” argentino y las andanzas de Jorge Videla y su troupe en el nivel de los juegos en el arenero.
A las pruebas nos remitimos. Hace unos días, el New York Times informó que el Comité Internacional de la Cruz Roja llegó a la conclusión de que Estados Unidos ha mantenido a docenas de prisioneros incomunicados por semanas e incluso meses en la base militar de Bagram, en Afganistán.
La Cruz Roja dijo, en un comunicado cargado con sus habituales términos de cuidada diplomacia, que se mantuvo a los prisioneros fuera del alcance de sus inspectores y que eran sometidos a tratos crueles, que violaban las Convenciones de Ginebra. Estados Unidos mantiene actualmente a 630 prisioneros en Bagram, más del doble de los detenidos en Guantánamo.
Add comment Mayo 16, 2008
Universo Guantánamo: la tortura como ley y norma
La organización internacional de defensa de los derechos humanos Human Rights Watch acaba de publicar un informe en el que concluye, después de la investigación pertinente y citando las respectivas fuentes de origen de la información, que la Central de Inteligencia Americana, la famosa CIA, inauguró el nuevo siglo transfiriendo a por lo menos catorce prisioneros -tal es la cifra de los casos debidamente corroborados- a Jordania para que fueran interrogados y torturados.
Los “envíos” documentados comenzaron en el 2001 y, según sostiene Human Rights Watch, Jordania operó como prisión y centro de interrogatorios para la CIA desde entonces hasta el año 2004. Se especula, además, que ningún otro país tuvo detenidos a tantos prisioneros como Jordania durante este período.
Son tantas las noticias y denuncias que se han acumulado en estos últimos años para dar cuenta de las torturas auspiciadas por los ejércitos y servicios de seguridad de los países centrales, para obtener datos de importancia, quebrar militantes y lanzar una pedagógica campaña de terror sobre las poblaciones alertándolas sobre los que les puede llegar a pasar si no aceptan las condiciones que el capitalismo imperialista tiene reservadas para todos nosotros, que ya no tiene sentido hablar de excepciones o casos aislados sino que se trata de una normalidad que tiene la fuerza de ley general y una operacionalidad “científico-técnica” sistemática que la nutre y fortalece.
Hace un tiempo las series y películas nos enseñaban que la tortura era una rémora del pasado que ejecutaban siniestramente los inquisidores medievales, los nazis y estalinistas locos y los dictadores bananeros de las zonas más atrasadas del planeta, esto por un lado, mientras por el otro, el costado académico, los sociólogos y filósofos más modernos y aggiornados hablaban de represión soft y formas de dominación indirectas, internalizadas por los “dispositivos de poder”: hoy el rompimiento de los cuerpos es la herramienta dominante que utilizan los civilizados para que los bárbaros entiendan de una vez por todas en qué consiste el milagro de la democracia moderna.
Incluso ni siquiera necesitan hacerlo siempre, como en este caso, de manera clandestina, sino que naciones como los Estados Unidos e Israel se han preocupado de que sus respectivos parlamentos sancionaran las leyes “patrióticas” o de “máxima seguridad nacional” para legalizar así la práctica de tormentos sobre los prisioneros.
En el caso de Jordania, incluso se corporiza una tendencia más perversa aún, que consiste en la “tercerización” de la tortura por parte de las grandes naciones. Dado que si la tortura se realiza en los territorios de los Estados Unidos o Gran Bretaña se corre el riesgo de que los medios se enteren, difundan la información y la “opinión pública” exprese su desaprobación, algunas organizaciones comiencen a levantar obstáculos legales citando a Johan Stuart Mill, Abraham Lincoln y etcéteras, pues entonces es mejor desplazar la tarea hacia alguna república sangrienta que, total que le hace una mancha más al tigre, no presenta mucho problema para hacerse cargo porque sabe que más temprano que tarde llegará la retribución por el servicio prestado.
Add comment Abril 10, 2008
Veinticuatro de marzo
Una vez más, un año más, la cuestión es sencilla, o al menos puede ser simplificada con algunos trazos generales como para ganar en claridad.
Por un lado está la consideración del 24 de marzo como otra fecha agregada a los feriados de la patria. De tal manera es reproducida su memoria en las escuelas y en los discursos de los funcionarios. Un período oscuro de la historia argentina que cada tanto debe ser recordado con cierta pompa, sobre todo para subrayar que ya pasó, que por suerte los argentinos hemos recuperado hace tiempo la institucionalidad democrática. La Escuela de Mecánica de la Armada, así como otros centros clandestinos de detención, se convertirán en monumentos que testimonien lo que alguna vez allí ocurrió y serán regenteados por los organismos de derechos humanos con buen sintonía con el gobierno. Ya hubo un Nunca más, algunos represores presos; es de esperar que en los próximos años caigan algunos otros, diez o doce, pongamos, y que esta vez las prisiones no sean de lujo para ellos.
Convertir el 24 de marzo en “Día de la Memoria” es una acción que sigue la misma inspiración política de quienes jamás olvidan mencionar los campos de concentración donde el nazismo masacró a millones medio siglo atrás pero se comportan en la actualidad como si el genocidio del pueblo palestino en Gaza y Cisjordania no estuviera sucediendo. Una memoria bien peculiar, entonces, y bien viciada, aunque pretenda que no, por los intereses económicos y políticos.
Por otro lado se encuentra la estimación de que aquel pasado vive en el presente, y no por un capricho de la voluntad o una fantasía de la ideología, sino porque las bases sociales y económicas que alimentaron el golpe de Estado que trajo consigo la matanza de miles son las mismas que hoy siguen comandando a la Argentina de una manera más o menos visible. La tarea número uno de los gobiernos democráticos a lo largo de estas tres décadas ha sido la preservación del aparato represivo del Estado, por esa razón los que fueron a dar con sus huesos a la cárcel cumplieron el papel del castigo simbólico y no real por lo acontecido. ¿Qué más podríamos esperar si así, frente a hechos similares, ha sucedido en el resto de los países de América latina y el mundo? Preguntarse por qué es necesaria tal salvaguarda de los aparatos de seguridad y represión lleva a cavar profundo para entender la naturaleza última de nuestras sociedades, su verdadero carácter de clase.
Por eso la convocatoria del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia reúne en su llamamiento el pasado y el presente, cuando agrega a aquellos treinta mil los nombres de Kosteki y Santillán, Carlos Fuentealba y Lázaro Duarte, y cuando exige la aparición con vida de Jorge Julio López y el cese de la represión hoy de parte de las fuerzas de seguridad y las patotas sindicales que se mueven en zonas liberadas contra los activistas sindicales antiburocráticos que desde el 2001 han ido multiplicándose en los subterráneos, el Hospital Francés, las fábricas recuperadas, el Casino de Buenos Aires, la metalmecánica Dana Spicer, la Línea 60 de colectivos, el Hospital de Clínicas, los centros de estudiantes universitarios y secundarios, la organización de los barrios, los trabajadores del campo, las agrupaciones piqueteras y los organismos de derechos humanos no cooptados por los dineros del gobierno.
La consideración del 24 de marzo, por lo tanto y de acuerdo con esta segunda “interpretación”, supone advertir que el 24 de marzo no terminó con la llegada al poder de Raúl Alfonsín pero que, además, tampoco empezó con el arribo a la presidencia de Jorge Videla. La observación es particularmente pertinente si se tiene en cuenta que la Triple A y las bandas parapoliciales anteriores a 1976 también actuaron bajo el cobijo del Estado y de la mano de la burocracia sindical con la pretensión de arrancar de la clase obrera y el movimiento popular todo atisbo de independencia e imponerle una total y vertical regimentación. Igual que hoy; de allí la preocupación oficial porque las investigaciones sobre lo ocurrido con la represión en 1974 y 1975 se circunscriban a un par de nombres y que no se tire demasiado de la piola, porque ni bien se arrastra un poco el ayer y el hoy se vuelven a tocar en continuidad.
Por supuesto que pueden agregarse infinidad de matices a lo arriba apuntado, pero en el fondo y de manera por demás evidente estos dos cuadros de interpretación son los que hoy, 24 de marzo, se vuelven a enfrentar, en las cabezas y en la calle.
Add comment Marzo 30, 2008

