Una civilización con una tolerable proporción de barbarie o la barbarie a secas (o de cómo el gobernador de San Juan puede comparar a los pobladores movilizados en Famatina con los nazis y a la vez decir la verdad)
enero 27, 2012 at 9:46 pm Deja un comentario
Tanto el gobierno nacional como los provinciales le temen a las puebladas más que a la peste, y saben que la gente con bronca en la calle consume con rapidez cualquier capital político acumulado. Por eso en estos días hemos visto y escuchado verdaderos malabares discursivos a partir de las movilizaciones de los pobladores de Famatina y las muestras de simpatía y el eco social que han ido recogiendo en buena parte del país. Quedó claro en el discurso de la presidenta, que con manotazo de ahogado hasta se la agarró con Greenpeace porque supuestamente no abrió el pico por los estragos causados por los ingleses en los alrededores de la islas Malvinas a la búsqueda de petróleo o vaya uno a saber qué. Como si hubiera en ese cuestionamiento alguna razón que debieran escuchar los manifestantes de Famatina, Chilecito, Bariloche, en fin, todo el país. Lo cierto es que en la aplaudida por los presentes alocución al término de su licencia Cristina Fernández de Kirchner ratificó con el pulgar en alto la vía libre oficial para el quehacer de las multinacionales mineras.
Algún ida y vuelta todavía más barroco rodeó las acciones discursivas del gobernador de La Rioja. Luis Beder Herrera, que anunció varias veces que el proyecto minero en el Famatina era decisión de su gobierno y que se iba llevar adelante sea como sea, a poco andar agregó que se demorará “el tiempo que sea necesario” a fin de “explicar” a los pobladores movilizados que en realidad no hay ningún peligro de contaminación. Aquel a quien todos los riojanos le dieron el voto cuando le decía no a la minería contaminante y antes de que tardará las veinticuatro horas posteriores a su asunción en cambiar el no por un sí, Beder Herrera, sostiene que no existe ninguna prueba en ningún lugar del mundo que dé cuenta de la catástrofe que las grandes minas a cielo abierto traen consigo, lo cual significa que la gente se moviliza de a cientos de miles y enfrenta policías y gendarmes engañada por alguna propaganda demagógica y maliciosa que una buena labor pedagógica logrará disipar de inmediato.
Las palmas sin embargo se las lleva otro gobernador peronista. El de San Juan, José Luis Gioja, que realizó unas increíbles declaraciones a la radio La Red. Poniendo la cola en remojo puesto que en su provincia existen dos proyectos de minería a gran escala, Pascua Lama y Veladero, y quizás ya intuye la que se le viene encima, afirmó que los que se oponen a los proyectos mineros son iguales a “Hitler”, quien “prefería que el perro de la señora rubia viviera mejor que el negro” que “no tenía nada que comer”. El mandatario dijo que sabía bien que “a algunos no les gusta que se toque un cerro”, pero ocurre como con la construcción de un dique, comparó: “Yo prefiero entre tres o cuatro privilegiados que disfruten ese paisaje, que 700 mil sanjuaninos tengan agua para regar y podamos seguir viviendo bien”.
Por supuesto que se trata de declaraciones y afirmaciones ridículas que rápidamente todo el mundo le salió a retrucar, pero lo importante es un algo que permanece en el fondo de sus argumentos, un núcleo de naturaleza extorsiva. Ese algo que queda expuesto no cuando escandalosamente menciona a Hitler, sino cuando enfatiza: yo prefiero. En la superficie, Gioja lo expresa en los términos de la prosperidad que supuestamente otorgan a la población estos emprendimientos, pero más crudamente, abajo, en la raíz, la idea es: no hay otra. ¿Quieren trabajo? ¿Quieren que alguien compre en sus negocios? ¿Quieren electricidad, automóviles y computadoras? Pues es esto o nada. Es verdad que hay un costo a pagar, lo sé aunque no pueda admitirlo frente a las cámaras, ustedes también lo saben; banquensenlá, porque no hay otra… Una civilización con una tolerable proporción de barbarie o la barbarie a secas.
En el fondo más profundo e histórico es el argumento que las naciones grandes han levantado desde que llegaron a estas tierras y con mayor fuerza a medida que la máquina del capital colonialista se lanzó a andar, y que las burguesías y los gobiernos menores no pueden sino repetir con uno que otro matiz. Esto, y no otra cosa, es la modernidad capitalista, siempre ha sido así, aunque ahora, en la era de su descomposición, huele peor que nunca. Quienes, como hoy los trabajadores y el pueblo de Famatina, se movilizan contra las grandes empresas mineras piden lo imposible.
(Las palabras de estadista del gobernador sanjuanino -el señor de la foto que acompaña- se pueden leer aquí.)
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