Carlota en Weimar, de Thomas Mann

junio 29, 2011 at 8:56 pm Deja un comentario

En 1939 el escritor alemán nacionalizado estadounidense, y ganador del Premio Nobel una década antes, Thomas Mann, publicó un curiosa novela, Carlota en Weimar (Lotte in Weimar). La obra fue traducida en 1941 por Francisco Ayala para la colección “Las grandes novelas de nuestra época” de la editorial Losada, de Buenos Aires.

Las 352 páginas giran en torno a un suceso muy simple: la visita que en septiembre de 1816 realiza la viuda Carlota Buff de Kestner a la ciudad de Weimar. Se hospeda en la hostería “Al elefante” acompañada de su hija “y servidumbre”. La mujer había nacido en  1753, en Wetzlar, y es nada más y nada menos que la muchacha que alguna vez encendiera el amor loco, desbordado y trágico del joven Werther, según lo narró en una de sus obras más famosas Johan Wolfgang Goethe.

Ocurre que la pobre Carlota hace años que carga con el peso de las interrogaciones constantes acerca del libro que le arrancó la vida propia. En Weimar, para colmo, todos, el camarero Mager en primerísimo lugar, son declarados súbditos del genio de Goethe y se conocen de memoria Las cuitas del joven Werther. En un episodio inicial e imperdible, la mujer defiende su cuerpo y su alma del acoso espiritual del fanático tratando de argumentar que una cosa es el arte y muy otra la “vida real”, y para demostrarlo le señala que la Carlota del Werther tiene los ojos negros, mientras los de ella son bien azules, razón frente a la cual obtiene como respuesta ingeniosa: “¡Una licencia poética!”.

Después lo que se viene es todo lo contrario a lo que el lector más tradicional espera de una novela moderna. Los supuestos diálogos son en realidad monólogos de cara a la cámara: largas parrafadas, a veces de páginas y páginas, donde Carlota y sus ocasionales visitantes y encuentros se dedican a filosofar sobre el arte, la moral, el tiempo, el matrimonio, la existencia en general.

La escena final, donde el mismísimo Goethe comparte un carruaje y la charla con Carlota, busca levantar un poco la intensidad que se fue perdiendo mientras los capítulos avanzaban.

En fin, sin duda una obra menor o poco lograda de Mann, aunque tiene esa gracia de atreverse con los modos de la “novela de tesis” en el transitado motivo moderno de la mixtura de creadores y creados en pie de igualdad ontológica. Para cerrar, entonces, una cita del enfático Mager que bien podría servir de epígrafe para cualquier volumen de ensayos posmodernos:

En el actual grado de nuestra cultura ya no corre la multitud en pos de los potentados; son las estrellas de la vida intelectual las que la atraen.

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