La educación según Max Weber

octubre 25, 2010 at 11:00 am Deja un comentario

Max Weber, el papá de la sociología contemporánea, no se dedicó centralmente a reflexionar sobre el lugar que la educación ocupa en el mundo contemporáneo. Sin embargo, en sus escritos fundamentales pueden encontrarse diversas e interesantes referencias al respecto. Y algunas de ellas bien polémicas: en las aulas, afirmaba Weber a manera de síntesis, “no cabe más virtud que la probidad intelectual”, una afirmación que parece situarlo lejos de la realidad de las escuelas de masas propias de la segunda mitad del siglo veinte. Por esta razón, muchos autores han subrayado el carácter elitista de la perspectiva weberiana en lo relacionado con el ámbito educativo (como en otros aspectos de su pensamiento).

Weber describió como sigue el contexto mayor del universo burocrático en el que vivimos. Sostuvo que

la peculiaridad de la cultura moderna, especialmente de su estructura tecnoeconómica, es la previsibilidad o calculabilidad del resultado. La burocracia, tan bienvenida para el capitalismo, la desarrolla en tanto mayor grado cuanto más se “deshumaniza”, cuanto más completamente alcanza las peculiaridades específicas que le son contadas como virtudes: la eliminación del amor, del odio y de todos los elementos sensibles puramente personales, de todos los elementos irracionales que se sustraen al cálculo.

De acuerdo con esta tendencia mayor,

nuestras instituciones educativas occidentales y continentales, especialmente las superiores -universidad, institutos técnicos y comerciales, escuelas preparatorias y ciertos institutos de enseñanza secundaria- se encuentran bajo la influencia predominante de la necesidad de atender a aquella “formación cultural” que cultiva las enseñanzas cada día más indispensables para el burocratismo moderno: la enseñanza de especialidades.

No queda mucho lugar para la especulación optimista, pues

el ámbito de la influencia autoritaria de las relaciones sociales y de los fenómenos culturales es mucho mayor de lo que parece a primera vista. Valga como ejemplo la suerte de dominación que ejerce la escuela, mediante la cual se imponen las formas de lenguaje oral y escrito que valen como ortodoxos.

En definitiva,

la autoridad de padres y de la escuela lleva su influencia mucho más allá de aquellos bienes culturales de carácter (aparentemente) formal, pues conforma a la juventud y de esa manera a los hombres.

Todas las citas fueron tomadas de Economía y sociedad (México, Fondo de Cultura Económica, 1979).

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