Historia de una pintada, alquimia de la interpretación: ¡Basta de olor a podrido en el barrio!
Octubre 31, 2009
La frase se encuentra allí, refulge y la alcanza a ver desde el colectivo que se escapa rumbo a la provincia. Dice: “Basta de olor a podrido en el barrio”. Más o menos en Freire al 300, el barrio en cuestión es Villa Crespo. Fue escrita en la pared de una esquina con pintura en aerosol azul que el tiempo y la historia han ido opacando en su color pero, al revés de lo que el sentido común pudiera juzgar, han agigantado en su trascendencia.
Sucede que ni bien se aleja una cuadra piensa que basta con que el paseante arranque con sus ojos la frase de ese cruce de calles para que se precipiten y enloquezcan un sinnúmero de interpretaciones posibles.
El encantamiento que la oración produce permite hablar, claro, en su extensión, de la Argentina y el mundo, sin duda, pero ¿de qué habla ahora, así, arrancada, sin que otra cosa se sepa o presuma, sin agregar otro dato?
La asociación libre de la experiencia de quienes habitan en la ciudad de inmediato salta a otras zonas de la capital federal (Palermo, Primera Junta) y las protestas de los vecinos. Remite a las cloacas colapsadas y a los vientos abrasadores de la especulación inmobiliaria que mete torre y más construcciones de apuro para gente y más gente que deberá apilarse como pueda y cagar en tubitos que se empastan. Entonces la frase se ha transformado en una denuncia contra gobiernos que se dedicaban a practicar de corrido la inacción y dejan que los capitalistas pasten libres y engorden según su necesidad y posibilidades que poco saben de la necesidad del prójimo.
Tal vez la referencia son las inundaciones de la semana pasada. La apreciación es verosímil. Pero no, la pintura se ve vieja e incluso semeja haber sufrido los ataques parcialmente infructuosos que el dueño de casa de seguro emprendió una mañana de sábado con solventes varios, cepillos de alambre y espátula de hierro.
Quizás la conjetura exagere y se trate más bien de la queja frente a algún fenómeno local, una catástrofe de la cuadra. Quién sabe si a pocos metros no han instalado un taller de fundidos de plásticos o un obsceno parripollo de chimenea humeante, por ejemplo (no puede tratarse de ninguna industria grande porque su presencia sería por demás notoria y evidente), que despierta constantemente el mal humor de los habitantes del lugar.
Alquimia de la interpretación. ¿Y si el eslogan de vida tiene una pretensión metafórica, no literal? ¿Vivirá en algunas de esas casas alguno de los miles de represores que han logrado zafar de todo castigo gracias a la anuencia oficial? ¿La imagen retórica se alimentará quizás del contenido de la denuncia ecológica frente al planeta que ha entrado en zona de catástrofe; o, más todavía, tentará el filo de la definición filosófica? Como si el último de los hombres reflexionara de cara a la descomposición de todo aquello a lo que alguna vez, hace mucho y vaya uno a saber por qué, le fue dado tener vida…
Claro que la palabra “barrio” apunta en contra de toda propensión universal, de modo que lo mejor es volver a poner los pies sobre la tierra, o quizás no: el tango y diversas expresiones de la poesía popular hace siglos ya que enseñan el alcance necesariamente cósmico de las mejores pinturas de lo inmediato y local.
Si apareciera ya, en este instante, quien la pintó y dijera: “Eh, cortala, viejo, no es para tanto. Yo sólo me refería a que…”, ¿deberíamos creerle? ¿Bastaría su declaración al pie del grafiti, como la firma responsable del autor, para que el juego hermenéutico se detuviera? ¿O acaso no hace ya tiempo que incluso los amateurs de la psicología han aprendido que la comprensión de lo que se hace se encuentra bastante más allá de lo que dicta la conciencia o cree saber la intención inmediata?
Cuando desde las nubes y el cielo oscuro se llegan las primeras gotas de la lluvia, en el 71, rumbo a la provincia, le cuesta ya repetir las exactas palabras de la frase que hace minutos mantiene tensos su memoria y pensamiento. Los avatares del significado se pierden entonces en el sueño.
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