Bertolt Brecht según La Banda de la Risa
Julio 10, 2009
En el Teatro de la Rivera, allí, frente al Riachuelo, puede verse en estos días la versión de una obra de Bertolt Brecht llamada Un hombre es un hombre. Se trata de una pieza que un joven Brecht dio a conocer hacia 1925, cuando quizás todavía nos estaban claras en su cabeza las ideas fundamentales de la teoría del distanciamiento y el drama épico pero ya tenía mucho para decir, sin duda.
Se trata de una versión protagonizada por La Banda de la Risa, que cuenta con la dirección Claudio Gallardou, el miembro más célebre del grupo y quien también interpreta al personaje principal y fue el adaptador de la pieza.
La obra lleva por subtítulo “La transformación del changador Galy Gay en las barracas militares de Kilkoa en el año mil novecientos veinticinco” y cuenta las desventuras de este humilde trabajador cuando las tropas británicas llegan a aquel territorio asiático y llevan confusión y desesperación a su cuerpo y alma.

La puesta, de acuerdo con el camino que la Banda de la Risa viene laborando desde mediados de los ochenta, sigue los rudimentos de la tradición circense que, si bien por un lado permite acentuar cierto filo absurdo que la anécdota pone en primer plano, así como las máscaras y los gestos de trazo grueso y acentuado iluminan igual sinsentido en la vida del changador que se ve transformada dramáticamente así como al resto de los esperpénticos personajes que lo acompañan, por momentos se apoya demasiado en giros y clisés propios del quehacer actoral más convencionalizado por lo peor del cine y el teatro comercial y la televisión. En ese sentido son particularmente desagradables el uso de “malas palabras” (permítasenos el exceso moral) y las dobles intenciones subrayadas con modos de dibujito animado en la búsqueda del efecto rápido y esperable sobre los espectadores.
Si bien la moraleja general puede ser esperablemente empujada hacia una suerte de humanismo que denuncia las barbaridades que el torbellino del autoritarismo y la ambición bélica le hace a los simples mortales, también aparece en Un hombre es un hombre el típico recurso brechtiano de poner a un individuo frente a una situación que se lo lleva pero que a la vez le hubiera posibilitado resistirse, emprender el camino contrario, en fin: la elección.
En fin, Brecht merece un poco más de entusiasmo e imaginación.
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