Billy Wilder: A foreign affair

Julio 9, 2009

A foreign affair es una película dirigida por Billy Wilder que se estrenó en 1948 y que es, lejos de los mejores filmes de este director norteamericano, una obra bien destacable.
Y lo es por una razón más bien perversa.
Trata de una insulsa legisladora estadounidense que se traslada a Alemania con el poco preciso objetivo de “controlar” la moralidad de las fuerzas aliadas instaladas en ese territorio. Berlín es, como era de esperarse apenas terminada la Segunda Gran Guerra, un montón de ruinas donde la gente sobrevive como puede. Hay hacia el comienzo del relato una suerte de tour del horror y del humor negro para los recién llegados en los que se les cuenta la cantidad de bombas que cayeron sobre ese lugar, los infinitos cañonazos soviéticos y el avance de las topadoras francesas e inglesas.
En ese contexto se desarrolla… una historia romántica.
Es un decir. Lo cierto es que a los soldados yanquis sólo les interesa conseguir mujeres, lo cual no resulta, al parecer, muy difícil dado el hambre y la desesperación reinantes. De hecho algunos de ellos maldicen a dios porque alguno proveniente de Moscú le birló la dama que tenía entre ojos porque medio kilo de manteca rancia pudo más que un par de medias de nylon.


Resulta difícil que, dada la inmoralidad rampante que resulta de la fábula en cuestión, el espectador no se vea empujado a tratar de leer entre líneas algún borroso mensaje humanitario que Wilder pueda haber dejado flotando allá debajo, pero la verdad es que lo que más rápidamente se huele con los ojos es otra sustancia bastante más desagradable y pringosa que vaya uno a saber cómo llegó hasta allí. Algo mucho más espeso que la propaganda política convencionalizada ya por Hollywood hace muchos años.

Sobre el final -cuando ni siquiera queda claro qué es lo que se quiere decir sobre la inclinación natural de “los alemanes”- la bella cantante que interpreta Marlene Dietrich termina marchando hacia un “campo de trabajo” a levantar ladrillos, según se dice, para expiar el pecado de haber simpatizado antaño con la causa nazi.
Véanla o vuelvan a verla, sobre todo aquellos que gustan de los títulos clásicos de Billy Wilder, y después seguimos charlando.


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