Sueños civilizados
Abril 24, 2009
Anoche soñó mucho. Tal vez fueron los casi tres platos de guiso, quizás las discusiones interminables en el laburo, vaya uno a saber; lo cierto es que no paró de soñar en toda la noche.
No fue un sueño largo y único, sino muchos sueños cortos que cada tanto parecían agotarse como si se quedaran sin pilas, pero de inmediato las imágenes volvían a acelerarse y empalmaban con otras nuevas, tan vívidas y coloridas como las anteriores. Cambiaban, por supuesto, las escenografías y los personajes, así como el espíritu de la difuminada trama, pero en el fondo o detrás de las modificaciones había un espíritu común que permanecía.
No fueron sueños eróticos, ni sueños en los que se representaran hazañas deportivas o dolorosos episodios del pasado, tampoco fueron sueños en torno a fantasías delirantes o imprecisas metamorfosis.
Y en realidad eso es lo que más le molesta, no el haber dormido mal y poco debido a las exaltaciones de la mente, sino que su cabeza haya sido capturada por completo por fantasías tan prolijas y aburridas. Por sueños civilizados.
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