Il Mestieri delle Armi, de Ermanno Olmi
Junio 28, 2008
Ermanno Olmi (Bérgamo, 1931) es un director de cine italiano que comenzó su carrera hacia fines de la década del sesenta (Il Tempo si è Formato, 1959; El empleo, 1961), aunque recién comenzó a lograr un reconocimiento mayor casi dos décadas más tarde, principalmente con El árbol de los zuecos (1978), que tuvo buena y perdurable repercusión incluso en la Argentina.En el año 2000 y para el sello Studio+Canal Olmi filmó Il Mestieri delle Armi (El oficio de las armas).
Se trata de un filme histórico, si bien Olmi esquiva en su tratamiento la forma más tradicional de la exposición narrativa y opta por una serie de cuadros sucesivos, especie de “pantallazos” con los que sintetiza el conjunto de la historia que pretende contar a través de algunos de sus momentos simbólicamente más destacados (recurso que abunda ya en su filmografía anterior).
El fondo que se relata es verídico y documental, y aconteció en la Italia del siglo XVI cuando las tropas borbónicas del emperador alemán Carlos V se decidieron a extender su poder por toda Europa, capitaneados en la ocasión por el general Zorzo Frundsberg que cabalgaba con la horca en la mano en busca de la cabeza del Papa. La conquista de Roma se producirá finalmente en mayo de 1527.
La narración tiene como figura central a Giovanni de Médicis, de 28 años de edad, capitán del ejército del Vaticano; y su corta y agitada vida que una herida de batalla y la gangrena truncarán. El largometraje se desarrolla con una estrategia de filmación cercana al documental o el ejercicio de reconstrucción histórico-antropológico, y anuda algunas escenas quizás excesivamente demoradas con otras verdaderamente magnéticas, como el despedazamiento del Cristo de madera por parte de los hombres animalizados y desesperados por el frío.
De cualquier modo no se entiende demasiado bien la insistencia, incluidos los carteles del final, por resaltar la evidencia de que el nombre y honorable Médicis fue muerto por las armas de fuego, que por entonces eran una novedad en su uso por parte de los ejércitos y desde entonces, claro, no pararon de multiplicarse; tal resalte le da a la película un cierto tinte humanista, o de manifiesto antibélico demasiado ingenuo, sobre todo proyectado sobre la complejidad del período histórico que se eligió contar.
Es destacable la medida música de fondo de Fabio Vacchi, y acertada su elección de ese violín solo, cimbreante y agresivo que cierra la película.
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