El búho, de Bebé Kamín

Junio 25, 2008

El sábado pasado, 7 de junio, pudo verse en el programa “Cine de barrio”, que el canal 7 de la televisión abierta exhibe hacia la hora de la siesta, a eso de las 14,30, la opera prima del director Bebé Kamín titulada El búho. Según se anunció el filme no ha sido estrenado comercialmente, así que bien valía la pena el esfuerzo.

Ni bien pasan unos pocos minutos el espectador intuye las razones por las cuales nunca se estrenó. Es un verdadero delirio donde Kamín quiso darse el lujo -típico pecado de principiante- de meterlo todo, sobre todo con la intención de resolver de una vez y para siempre la tensión entre vanguardia política y vanguardia estética.

La pieza arranca on imágenes documentales de trabajadores que recogen algodón mientras un narrador en off da cuenta de su sufrimiento cotidiano con un lenguaje mezcla de visitador antropológico e interpretador sociológico que arman el marco de lo por venir. Y lo qu viene es una fábrica textil, donde una obrera (Virginia Lago) brindará el ejemplo típico de lo que es la alienación producto de la aceleración y cronometrización endemoniada del ritmo de la producción, aunque planteada inicialmente en términos de relato de ficción.

Hay secuencias donde, a la manera del “documental de denuncia” (seguramente con La hora de los hornos como modelo) se desmenuza una idea del consumo jugada desde una perspectiva bien moralista y que no rehuye los elementos del humor. La perspectiva humorística también está presente en una secuencia de animación que en un cierto momento presenta al supervisor de la fábrica en los términos de los Tiempos modernos chaplinescos.

Un poco después hará entrada en escena, no queda muy claro a cuento de qué, un grupo de psicodrama como para que se advierta la soledad existencial del hombre y sus problemas de comunicación. Un aspecto que se resalta en la relación que la joven trabajadora tiene con su inexplicable novio y el modo en que la mirada y la grosería de los hombres parece empeñarse en acosar de manera brutal a las mujeres.

Aparece también la crítica insoslayable a los medios, particularmente la televisión y sus telenovelas berretas que capturan la sensibilidad popular con los peores recursos, y hasta la parodia de una canción beat que en su letra reclama “Vamos ya, ayudenlá…” (el resto de la música está dada por un conjunto desmadejado y previsible de “efectos electrónicos”)

La película fue filmada en sólo cuatro semanas de 1974 con una cooperativa armada para la empresa de muy bajo presupuesto. Un año más tarde Kamín filmaría el recital de Adiós Sui Géneris bajo la mirada atenta de su mentor Leopoldo Torre Nilsson, con un horizonte un tanto más profesional.

Aunque quienes lean este escrito no lo crean, el comentario anterior fue escrito con la mayor ternura y comprensión “de época”. Como dato documental se puede agregar que uno de los camarógrafos que participó de la tarea fue Raymundo Gleizer.

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