El Pentágono es el primer contaminador: no hay yanqui que se precie de tal sin perclorato en sus venas
Mayo 23, 2008
El perclorato es una sal derivada del ácido perclórico, es uno de los componentes indispensables del combustible para explosivos y cohetes y similares medios de destrucción, locomoción y traslado de cosas diversas a los que suelen ser afectos principalmente los ejércitos. Desgraciadamente no es tan útil para el cuerpo humano: se ha demostrado ya de manera fehaciente que por lo menos afecta el crecimiento y el progreso mental de niños puesto que la sustancia se dedica a destruir la función de la glándula tiroides aquella que regula el desarrollo del cerebro.
Pues bien, ocurre que el perclorato se ha estado filtrando de literalmente cientos de plantas de la defensa y de instalaciones militares a lo largo y lo ancho de los Estados Unidos. En los últimos meses divergentes agencias ambientales, oficiales y no, han informado que el perclorato está presente en los suministros de agua potable y de agua subterránea de 35 estados. Además, el Centro de Control de Enfermedades y estudios independientes detectaron también la presencia de la dañina sustancia en cientos de alimentos, la leche de vaca y la humana. Cuando se traza la raya y se suma, resulta que… todo estadounidense tiene un cierto nivel de perclorato en su cuerpo.
La sorpresa mayor sobreviene cuando se intenta la respuesta a la pregunta acerca de quién es el principal contaminador de los suelos y las profundidades del gran país del norte. Pues resulta que no se trata de algún pérfido e inescrupuloso industrial ricachón a la manera de aquel señor Burns que han inmortalizado los Simpson; el mayor contaminador de los Estados Unidos no es una corporación sino el Pentágono. Se estima que cada año el Departamento de Defensa produce más de 750.000 toneladas de desechos peligrososos, una cifra que multiplica por tres los que “destilan” las tres mayores compañías químicos en conjunto.
A pesar de todo, según la investigación que han llevado adelante Jeffrey St. Clair y Joshua Frank para Counterpunch, la mayor parte de las fuerzas armadas yanquis sigue exenta del cumplimiento de las leyes medioambientales federales y estatales. Por este camino, la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) se ha convertido en el principal “cómplice” del Pentágono, y trabaja codo con codo laboran horas extras en lobbies diversos para que la situación no se altere. Durante las últimas cinco décadas el gobierno federal, los contratistas de la defensa y la industria química, que son mucho más que tres, han unido sus fuerzas para bloquear protecciones de la salud pública contra el hoy por hoy ya famoso y popular perclorato.
Los que leemos asombrados los datos desde un lugar alejado de aquellos territorios no podemos, sin embargo, dejar de preguntarnos qué jugos, ahora mismo, corren por la tierra debajo de nuestros pies y por el interior de nuestros intestinos, sobre todo teniendo en cuenta que no todas las naciones cuentan con formas de investigación y control y estadísticas y porcentajes tan precisos como aquellos a los que los pueblos anglosajones son tan afectos.
Entry Filed under: Crónicas e iluminaciones. Etiquetas: contaminación, ecología, Estados Unidos, salud.
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