Veinticuatro de marzo

Marzo 30, 2008

Una vez más, un año más, la cuestión es sencilla, o al menos puede ser simplificada con algunos trazos generales como para ganar en claridad.

Por un lado está la consideración del 24 de marzo como otra fecha agregada a los feriados de la patria. De tal manera es reproducida su memoria en las escuelas y en los discursos de los funcionarios. Un período oscuro de la historia argentina que cada tanto debe ser recordado con cierta pompa, sobre todo para subrayar que ya pasó, que por suerte los argentinos hemos recuperado hace tiempo la institucionalidad democrática. La Escuela de Mecánica de la Armada, así como otros centros clandestinos de detención, se convertirán en monumentos que testimonien lo que alguna vez allí ocurrió y serán regenteados por los organismos de derechos humanos con buen sintonía con el gobierno. Ya hubo un Nunca más, algunos represores presos; es de esperar que en los próximos años caigan algunos otros, diez o doce, pongamos, y que esta vez las prisiones no sean de lujo para ellos.
Convertir el 24 de marzo en “Día de la Memoria” es una acción que sigue la misma inspiración política de quienes jamás olvidan mencionar los campos de concentración donde el nazismo masacró a millones medio siglo atrás pero se comportan en la actualidad como si el genocidio del pueblo palestino en Gaza y Cisjordania no estuviera sucediendo. Una memoria bien peculiar, entonces, y bien viciada, aunque pretenda que no, por los intereses económicos y políticos.

Por otro lado se encuentra la estimación de que aquel pasado vive en el presente, y no por un capricho de la voluntad o una fantasía de la ideología, sino porque las bases sociales y económicas que alimentaron el golpe de Estado que trajo consigo la matanza de miles son las mismas que hoy siguen comandando a la Argentina de una manera más o menos visible. La tarea número uno de los gobiernos democráticos a lo largo de estas tres décadas ha sido la preservación del aparato represivo del Estado, por esa razón los que fueron a dar con sus huesos a la cárcel cumplieron el papel del castigo simbólico y no real por lo acontecido. ¿Qué más podríamos esperar si así, frente a hechos similares, ha sucedido en el resto de los países de América latina y el mundo? Preguntarse por qué es necesaria tal salvaguarda de los aparatos de seguridad y represión lleva a cavar profundo para entender la naturaleza última de nuestras sociedades, su verdadero carácter de clase.

Por eso la convocatoria del Encuentro Memoria, Verdad y Justicia reúne en su llamamiento el pasado y el presente, cuando agrega a aquellos treinta mil los nombres de Kosteki y Santillán, Carlos Fuentealba y Lázaro Duarte, y cuando exige la aparición con vida de Jorge Julio López y el cese de la represión hoy de parte de las fuerzas de seguridad y las patotas sindicales que se mueven en zonas liberadas contra los activistas sindicales antiburocráticos que desde el 2001 han ido multiplicándose en los subterráneos, el Hospital Francés, las fábricas recuperadas, el Casino de Buenos Aires, la metalmecánica Dana Spicer, la Línea 60 de colectivos, el Hospital de Clínicas, los centros de estudiantes universitarios y secundarios, la organización de los barrios, los trabajadores del campo, las agrupaciones piqueteras y los organismos de derechos humanos no cooptados por los dineros del gobierno.

La consideración del 24 de marzo, por lo tanto y de acuerdo con esta segunda “interpretación”, supone advertir que el 24 de marzo no terminó con la llegada al poder de Raúl Alfonsín pero que, además, tampoco empezó con el arribo a la presidencia de Jorge Videla. La observación es particularmente pertinente si se tiene en cuenta que la Triple A y las bandas parapoliciales anteriores a 1976 también actuaron bajo el cobijo del Estado y de la mano de la burocracia sindical con la pretensión de arrancar de la clase obrera y el movimiento popular todo atisbo de independencia e imponerle una total y vertical regimentación. Igual que hoy; de allí la preocupación oficial porque las investigaciones sobre lo ocurrido con la represión en 1974 y 1975 se circunscriban a un par de nombres y que no se tire demasiado de la piola, porque ni bien se arrastra un poco el ayer y el hoy se vuelven a tocar en continuidad.

Por supuesto que pueden agregarse infinidad de matices a lo arriba apuntado, pero en el fondo y de manera por demás evidente estos dos cuadros de interpretación son los que hoy, 24 de marzo, se vuelven a enfrentar, en las cabezas y en la calle.

Entry Filed under: Política y catástrofes por el estilo. Etiquetas: , , .

Leave a Comment

Required

Required, hidden

Some HTML allowed:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <pre> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <strike> <strong>

Trackback this post  |  Subscribe to the comments via RSS Feed


Entradas recientes

a

Etiquetas

medios