Ahora lo ves, ahora no lo ves: cuándo las patotas del gobierno cobran visibilidad y cuándo pasan “inadvertidas”
Marzo 30, 2008
Quienes vienen siguiendo la actualidad no únicamente a través de la prensa masiva sino también a partir de los periódicos de la izquierda y los espacios de la comunicación alternativa saben bien que la “llegada” de D’Elía y las organizaciones piqueteras cuyos dirigentes son funcionarios de gobierno y están financiadas por él nada tiene de excepcional sino que marca una continuidad con lo que viene sucediendo por lo menos desde hace dos años.
La metodología de las patotas no fue un invento reciente para cargar contra ciertos sectores medios que fueron a cacerolear aprovechando la crisis de las retenciones y los enfrentamientos subsiguientes, sino que hace ya tiempo que se suceden de manera periódica y organizada. Que se los presente con ese grado de “excepcionalidad” es una muestra elocuente de los pases de magia con que los “comunicadores sociales” vuelven visibles ciertos eventos y hacen desaparecer otros.
La lista probatoria de lo que decimos es por demás extensa. Incluye, por ejemplo, la carga contra los estudiantes de la Federación Universitaria de Buenos Aires por parte de los dirigentes del sindicato que agrupa a los empleados no docentes de la universidad porteña; a los médicos y enfermeros del Hospital Francés en lucha que vieron como mastodontes amigos de los Kirchner irrumpieron a los golpes para romper una asamblea mientras vivaban a la “gloriosa” jotapé; los trabajadores de los subterráneos que al día de hoy siguen sufriendo el hostigamiento de los matones del sindicato de transporte, que incluso se llegaron en un colectivo que paró en el cruce de Callao y Corrientes para dispersar una asamblea que los delegados llevaban adelante en el Hotel BAUEN; los despedidos y delegados del Casino de Buenos Aires que fueron atacados por los burócratas del sindicato portuario y los del hipódromo; los obreros de la fábrica metalmecánica del conurbano Dana Spicer que recibieron los palos y las piedras de los mafiosos del SMATA; los colectiveros en asamblea de la Línea 60 que sufrieron las trompadas y los fierrazos de los barrabravas del sindicato de la UTA, los maestros de Neuquén y de Salta, y los trabajadores de varias fábricas tomadas, y las organizaciones piqueteras no afines al gobierno hostigadas en los comedores populares y los barrios donde militan diariamente, y las jóvenes que gritaban contra la iglesia en el último Encuentro Nacional de la Mujer…
En fin, lo que es evidente y así debe ser subrayado para que el análisis político gane en claridad es que no se trata aquí de un personaje más o menos antipático que de golpe “asombra” a los periodistas y los analistas políticos que ya estaban desacostumbrados a formas de conducta “poco corteses”, sino de una política de Estado, permanente y de larga data. Y que como tal se repite -por si a alguien le queda duda de su naturaleza gubernamental- en territorios liberados por la policía, la gendarmería y la justicia argentinas, que en ninguno de esos casos ha intervenido para impedir la acción o detener y enjuiciar a alguien, sino todo lo contrario.
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