Poesía Perú S. XXI

Nos pasaron esta antología que congrega a una cantidad de poetas peruanos que recién empiezan a despuntar con sus obras. El volumen, que se llama Poesía Perú S. XXI y fue editada por el sello Yacana, reúne alrededor de un centenar de textos. La variedad y la heterogeneidad son dueñas del conjunto en el cual se pueden encontrar aquellos intentos que se adaptan cómodamente a temas y formas más tradicionales, y aquellos otros que buscan desesperadamente despegarse del pasado; la mayor parte, como era dable suponer, oscila entre un polo y el otro.
La selección fue realizada por Willy Gómez Migliaro, Dalmacia Ruiz Rosas y Juan de Dios Delzo cuya intención parece haber sido la de abrir el juego lo más posible como para que le quede a los lectores el trabajo de establecer si allí, debajo de los textos, en la raíz, pueden encontrase uno o muchos hilos comunicantes que posibiliten tejer figuras de conjunto.
En la Antiestrofa que ocupa la contrapa del tomo Róger Santibañez escribió: “Lo interesante es que una pléyade de nuevos poetas alumbran la noche limensi. Su palabra quema como la última chicharra del amanecer. Se prende al estribo de la veloz combi, la que casi nos mata de chibolos y se transforma en la eléctrica guitarra que nuestro padre jamás nos quiso permitir. Pero ahora es una música completa resonando en el cielo de nosotros mismos. A eso voy, a que nos expresa y nos redime, esta poesía nueva que nos falta como el aire y que como él mismo nos invita a respirar. Loa a la juventud descarriada que se centra en poesía”.
Nos atrevemos a cerrar con un pequeño consejo: ¡gástense unos mangos en un corrector! Está bien que los recursos sean pocos, pero no se puede, por mínima cortesía hacia quien se pretende que lea, que se ponga a circular una edición con tantos errores.

Les copiamos uno de los poemas que vale la pena destacar:

Rosa América

¡Ay, Alonso de Ercilla…!
Antagonismo de futuro,
De profundis.
Poeta y lío.
¡Ay, Juan de Castellanos…!
Cúmulo de los signos niños,
De omnipresente.
Asustado y asesino.
¡Ay, Inca Garcilaso de la Vega…!
Rumbo de Caronte en tiranía,
Moles viriditas.
Ollantay vivo.
¡Ay, sor Juana Inés de la Cruz…!
Bestia limpia que busca en la tapada,
De refracción.
Ojo en vagina.
¡Ay, César Vallejo…!
Recipiente aviador de Pariacaca,
De hereticum.
Impura y hermosa.

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Reportaje a Igor Stravinsky, medio siglo atrás

En su número 247, correspondiente a los meses de julio y agosto de 1957, la revista Sur publicó en sus páginas iniciales (1 a 12) un interesante reportaje a Igor Stravinsky. La entrevista lleva por título “Respuestas a treinta y seis preguntas”, fue realizada originalmente por Robert Craft ese mismo año y traducida por Virginia Erhart y Jaime Rest.
Antes del texto llamado “Testimonio” en el que Victoria Ocampo se dedica a contar que conoció personalmente al autor de
La consagración de la primavera y de qué manera frente al desconcierto y el rechazo generalizado fue de las primeras en defender aquel gran arte innovador, Craft combina en su interrogatorio algunas demasías tendientes a tratar que Stravinsky le cuente sus encuentros con otros “grandes nombres” (Schönberg, Klee, Webern, Debussy, Kandinsky, Diaghilev…), con otras observaciones en algunos casos muy técnicas pero bien jugosas.
A continuación reproducimos algunos extractos.

Pregunta: -Con frecuencia ha señalado usted que el período de hallazgos armónicos ha terminado, que la armonía ya no se abre ni a la exploración ni al aprovechamiento. ¿Querría explicarse?

Igor Stravinsky: - La armonía, una doctrina que trata de acordes y de relaciones de acordes, ha tenido una historia brillante aunque muy breve. Esa historia demuestra que los acordes gradualmente abandonaron su función directa de conducción armónica y comenzaron a ejercer seducción con los esplendores individuales de sus efectos armónicos. Al presente, la novedad armónica está en sus postrimerías. Como medio de construcción musical, la armonía ya no ofrece recursos que puedan indagarse y de los que puedan sacarse provecho. Para el oído contemporáneo (y también para el cerebro), hace falta otra manera de acercarse a la música totalmente diferente.
Una de las modalidades de la naturaleza determina que a menudo nos sintamos más próximos a generaciones alejadas que a la generación que nos ha precedido de inmediato. Por lo tanto, el interés de la generación presente se encauza hacia la música anterior a la “edad armónica”. Ritmo, polifonía rítmica, construcción melódica o de intervalos son los elementos de la estructuración musical que deben explorarse en la actualidad. (…)

Pregunta: - En su música, la identidad se establece por medios melódicos, rítmicos o de otra especie, pero por sobre todo por medio de la tonalidad. ¿Cree usted que alguna vez abandonará la identificación tonal?

Igor Stravinsky: -Posiblemente. Aún podemos crear una sensación de retorno exactamente al mismo lugar, sin tonalidad; la rima musical puede cumplir la misma función que la rima poética. La forma no puede existir sin algún tipo de identidad. (…)

Pregunta: -¿Emplea usted una concepción dialéctica de la forma? ¿La palabra tiene significado en términos musicales?

Igor Stravinsky: - Respondo que sí a ambas preguntas, en la medida en que el arte de la dialéctica es, según los diccionarios, el arte de la discusión lógica. La forma musical es el resultado de la “discusión lógica” de materiales musicales. (…)

Pregunta: -¿Cómo interpreta la observación de Webern: “No escribáis música enteramente de oído. Vuestros oídos os guiarán siempre acertadamente, pero debéis saber por qué…”?

Igor Stravinsky: - Webern no estaba satisfecho con el acto pasivo, desde un punto de vista, del escuchar; exige al auditorio, ya lo integren compositores u oyentes, que estructure relaciones cognoscitivas de lo que oye: “debéis saber por qué”. A quien oye, Webern lo obliga a escuchar, lo incita a relaciones activas con la música, sin las cuales en ningún caso existe relación real con música alguna.

Pregunta: - Valéry dijo: “Podemos componer de manera ordenada sólo con el auxilio de un grupo de convenciones”. ¿Cómo reconocemos esas convenciones, digamos, en las composiciones de Webern para clarinete y guitarra.

Igor Stravinsky: - No podemos reconocerlas. En las canciones de Webern, se descubre un principio de orden completamente nuevo, que con el tiempo será reconocido y se volverá convencional. Pero los aforismos de Valéry, esencialmente clásicos, no prevén que puedan crearse convenciones nuevas. (…)
Terminamos nuestra conversación, según observo, con la música de Webern. Quienes no comparten mi opinión sobre esa música, se sentirán asombrados por mi actitud. De modo que me explicaré: Webern, para mí, está “en presencia de la Música” (de igual modo que el hombre puede estar “en presencia de Dios”), y no vacilo en consecuencia en colocarme bajo la benéfica protección de su arte aun no canonizado.

Igor Stravinsky nació en Lomonosov, Rusia, en junio de 1882. Siguió componiendo y grabando su música hasta después de haber cumplido los ochenta años; se encargó por entonces de publicar también las conversaciones que sostuvo con su amigo Robert Craft. En 1967 sus problemas de salud se agravaron así que decidió trasladarse a Nueva York donde murió en 1971. El 13 de julio de 1957 en el Teatro Colón de la ciudad de Buenos Aires se realizó un “Concierto en homenaje a Igor Stravinsky”, cuyo programa incluía el texto de Victoria Ocampo que antes se mencionó. Poco después apareció el número de Sur que contiene las treinta y seis preguntas de Craft.

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Paredes

El fraude es la verdadera naturaleza
de toda democracia burguesa.

(Paredón de la ciudad capital, provincia de Córdoba, septiembre de 2007.)

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Ana Istarú, Poesía recogida

Ana Istarú es una actriz y escritora nacida en Costa Rica en 1960, quien ya cuenta en su haber con una rica obra publicada. En ella sobresale su poesía que reúne volúmenes como Palabra nueva (1975), Poemas para un día cualquiera (1976), Poemas abiertos y otros amaneceres (1980), La estación de fiebre (1984), La muerte y otros efímeros agravios (198 8) y Verbo madre (1995). También se ha desempeñado como dramaturga; en 1995, después de haber ganado el premio María Teresa León para autoras dramáticas, que otorga la Asociación de Directores de Escena de España (ADE), Baby boom en el Paraíso salió a la luz publicada por esa misma asociación; un poco más tarde esa obra junto con Hombres en escabeche, dos piezas satíricas fueron editadas en un único tomo.

Finalmente una buena selección de todos sus libros de poemas más algunos inéditos fueron compilados en Poesía recogida que la editorial Costa Rica lanzó en el 2003, texto que de alguna manera confirma el lugar relevante que Istarú ocupa entre los miembros de la última generación de poetas latinoamericanos. Los especialistas, por otra parte, la colocan ya junto a Eunice Odio y a Carmen Naranjo, es decir completando el ciclo de la mayor expresión poética femenina de su país.

La poesía de Istaru se caracteriza por mezclar un fuerte colorido moderno con formas provenientes del fondo de la poesía española de siempre; esa misma tensión se encuentra a veces entre una búsqueda más llana y de lenguaje popular, cercana incluso las formas pertenecientes a los llamados “géneros menores” y la prosa, con otra que parece orientarse hacia los quiebres sintácticos y las sorpresas léxicas propias de cierta tradición vanguardista en el continente. Una de las temáticas preferidas por Istaru es la del erotismo, y no se necesita rascar demasiado esa superficie para ver hasta qué punto la elección se inclina hacia una suerte de trabajo impugnador de cierto discurso común -banal y hegemónico a la vez- que suele condenar a un destino de taxidermia los cuerpos y el deseo; y que es particularmente notable en el caso del tratamiento de la mujer.

Sus poemas no han circulado por el Río de la Plata más allá de algún comentario perdido en el suplemento cultural de algún periódico o cierta breve referencia en alguna selección, razón por la cual vale que les copiamos a continuación algunos de los poemas de Ana Istarú.

Bolero irrepetible

Hombres que amé,

los esplendentes hombres de los cines sombríos,

tormentosos o dulces,

los demonios garridos,

los de espléndidas crines,

los arcángeles tácitos,

escoltando la noche,

bordeando como un sueño mi cuerpo humedecido,

hombre tiernos, nefastos,

portentosos, cobardes.

hombres castos (los tuve)

resguardando su fuego de mi pasión sin quicio,

los delgados, los altos, los altísimos,

los que tenían un dejo de avellana

en los hombros,

los feos

que tanto quise amar

como a los más hermosos,

buscando el tramo tibio detrás de sus rodillas,

el ángulo exquisito del tobillo

y sus contornos,

amores desvaídos,

amores elocuentes,

batallando exaltados al igual que San Jorge,

domeñando a mi madre,

el dragón crepitante.

Adónde fueron.

Y adónde fue mi madre.

Hombres que amé

con fe, con sed, con sinrazón,

con lucidez,

como un ciclón que encalla y es sólo desatino,

hombres que amé como nunca jamás,

y esa que soy y fui

y ya no seré nunca

está bailando ahora

perdida en un bolero irrepetible,

cargada de geranios,

de besos que no vuelven

como la línea dura de un astro que se astilla.

Esto fue amor. Lo firmo

con mi saliva y puño

en un vaso de acero en el que brindo.

Hay una colegiala, en algún sitio,

que baila hasta el cansancio.

IV

Ahora que el amor
es una extraña costumbre,
extinta especie
de la que hablan
documentos antiguos,
y se censura el oficio desusado
de la entrega;
ahora que el vientre
olvidó engendrar hijos,
y el tobillo su gracia
y el pezón su promesa feliz
de miel y esencia;
ahora que la carne se anuda
y se desnuda,
anda y revolotea
sobre la carne buena
sin dejar perfumes, semilla,
batallas victoriosas,
y recogiendo en cambio
redondas cosechas;
ahora que es vedada la ternura,
modalidad perdida de las abuelas,
que extravió la caricia
su avena generosa;
ahora que la piel
de las paredes se palpan
varón y mujer
sin alcanzar el mirto,
la brasa estremecida,
ardo sencillamente,
encinta y embriagada.
Rescato la palabra primera
del útero,
y clásica y extravagante
emprendo la tarea
de despojarme.
Y amo.

(de La estación de la fiebre)

El hambre ocurre

el hambre
su alquimia pertinaz

transmutación violenta
en la costilla

tener un hombre vivo entre los dedos
tirárselo a la muerte

el hambre es una muerte
que se hace la olvidada
se demora

finge buscar su cita en la libreta

pero al final te toca
y es una brea
inarrancable

no deja cicatriz

o sustrae al más pequeño de la casa
lo convida
al baile helado

el hambre ocurre
esto lo escribo en Costa Rica
estamos en setiembre ochenta y cinco

pero resulta
la muerte aquí es católica apostólica
el sueño en que moramos no resiste
este grillete
así nadie comenta
el hambre queda en rasgo de mal gusto

la paz

aquí la paz se nutre con la sangre

Add comment Mayo 16, 2008

El oficio de intervenir. Políticas de subjetivación en grupos e instituciones

Raquel Bozzolo, Osvaldo Bonano y Marta L’Hoste, El oficio de intervenir. Políticas de subjetivación en grupos e instituciones, Buenos Aires, Biblos, “Sin fronteras”, 2008, 304 páginas.

Los autores de este volumen son a la vez psicólogos e investigadores y docentes universitarios en Buenos Aires y La Plata. Intentan ofrecer a través de las cinco partes que integran El oficio de intervenir reflexiones y respuestas prácticas al quehacer del psicólogo de cara a los traumáticos hechos sociales que la dictadura brutal y la represión social descerrajaron sobre la Argentina de las últimas décadas. Se trata de coordenadas precisas; según cuentan en la presentación: “Nuestro equipo se formó en un cruce de recorridos personales, en plena posdictadura, para elaborar y pensar críticamente las experiencias transitadas. Nos conocíamos desde nuestro trabajo de resistencia ante la dictadura, nos reunían convicciones y apuestas políticas que coincidían en la situación; también lo hacían preocupaciones teóricas semejantes. Comenzamos a trabajar juntos en el momento en que tanto las formulaciones como los dispositivos con los que habíamos trabajado en la casa de las Madres de la Plaza de Mayo se habían transformado en obstáculo”.

De alguna manera el norte de los diversos capítulos está dado por la convicción de que las formas más tradicionales del quehacer del psicólogo, incluidos los aportes clásicos de la psicología social y del llamado análisis institucional, deben ser revisados y, de alguna manera, aprovechados, sintetizados y superados por las exigencias y la demanda de los diversos procesamientos individuales de un cerrado contexto sociocultural. Así trazado, el camino sigue una vía más bien inductiva: no tanto de la teoría a la práctica sino más bien al revés, desde los procesos de subjetivización hacia las exigencias que éstos imponen a los modelos teóricos. El ida y vuelta impone en consecuencia y con posterioridad una decantación que busca que la propia reflexión teórica se robustezca a partir de los nuevos enfrentamientos y experiencias -es decir, se vuelve una renovada exigencia de conceptualización-, que envuelven, por supuesto, la figura misma del psicólogo y los modos de constitución de su subjetividad profesional.

De tal modo las diferentes secciones por momentos parecen convocar a un lector especializado pero en otros, dada la materia más “concreta” sobre la que se edifican, el análisis de hasta qué punto la vida pública se apoya y alimenta sus universos simbólicos o imaginarios en procesos sociales de subjetivización, el lector al que se busca seducir se muestra como más amplio y diverso en su gusto. Basta al respecto, por ejemplo, leer el tratamiento que se hace del episodio de “cambio de bebés” conocido periodísticamente como caso Costa-Mangini para observar el interés de los autores por proyectar sus observaciones más allá de un campo en exceso restringido. O el apartado que se dedica a analizar los “efectos” de la guerra de Malvinas, o aquellos en los que se cruzan los territorios de la ley, los discursos del “humanismo”, los derechos humanos y el saber psicológico.

La “intervención” del psicólogo, en suma, es mostrada, teorizada y evaluada en términos sociales, políticos, morales y profesionales, y a la luz de una experiencia inmediata que, si bien no “contiene” y clausura la reflexión, permite si entender que tal contextualización brinda un punto de arranque (y de anclaje) imprescindible.

“La estructura actual de nuestras sociedades está sostenida por la constitución de contradicciones y escisiones, entre lo público y lo privado, la vida íntima y la vida social, la subjetividad y la política, la palabra y el acto, el cuerpo como soporte de fantasías y el cuerpo productivo. (…) en el dispositivo propuesto por las organizaciones de derechos humanos la convención que se instaura no neutraliza ni reinterpreta las significaciones directamente reales, sociales e históricas de los efectos en lo psíquico de la represión social y política. -escribió Osvaldo Bonano en el capítulo “El control social de las disciplinas”, que cierra con algunas definiciones que comprometen al volumen en su conjunto- Así, por ejemplo, los profesionales sostienen con sus actos y no sólo con sus palabras una definición pública de sus opciones políticas, y comprometen su cuerpo productivo con el desciframiento de los fantasmas terroríficos de la desaparición y la tortura. Hasta donde pude verlo, esto implica un posicionamiento social y ético-político inconmensurable con el llamado ‘lugar del analista’ como posición socialmente determinada. Trabajar para producir las consecuencias teóricas de esta cuestión quizás sea una de nuestras tareas más urgentes.”

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Estimado señor refugiado… Una carta del gobierno británico digna de las antologías del humor negro (si no fuera por sus amargas consecuencias)

Podría parecer una muestra del ancestral humor de flema inglesa si no fuera por sus consecuencias por demás inmediatas y dramáticas. Ocurre que Gran Bretaña decidió sin mayor trámite cerrarle las puertas a miles de iraquíes quienes, desesperados por la situación que les ha tocado vivir en su país (en gran parte gracias a los “esfuerzos democráticos” de los ingleses), se decidieron a buscar asilo en aquellos territorios europeos que rodean al famoso Big Ben.

El periódico The Guardian informó que el gobierno británico le ha enviado cartas a más de 1.400 refugiados iraquíes en las que los intima (más bien: les ordena) que regresen ya a Irak o afrontarán “una pobreza extrema” en Gran Bretaña. Dicho en otras palabras menos eufemísticas: se trata de un vulgar chantaje puesto que lo que anticipa el Estado británico, antes de que a alguno se le ocurra iniciar trámite de algún tipo, es que no los van a ayudar con alimentos ni alguna clase de hospedaje después de algunas días, no distribuirán entre ellos las visas de aduana necesarias y correspondientes para que obtengan algún tipo de empleo, los mantendrán amuchados en algún galpón antes de embarcarlos nuevamente, etc.

Las cartas dicen que los iraquíes tienen tres semanas para regresar voluntariamente a su país, período tras el cual van a perder el apoyo estatal y terminarán ilegales y en la calle.

El párrafo más memorable y jocoso de la epístola en cuestión es aquél donde se brindan los fundamentos para apoyar la decisión oficial inglesa. El gobierno británico esgrime como argumento mayor que ahora “Irak es seguro para los refugiados”…

Claro que, a renglón seguido y en el colmo de la perversión diplomática y humanitaria, les solicita a los señores refugiados que firmen una renuncia de derechos que absuelve a Gran Bretaña de toda responsabilidad por su situación una vez que regresen al territorio iraquí.

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Guantánamo es sólo un botón de muestra: la Cruz Roja denunció que Estados Unidos mantuvo a docenas de prisioneros en Bagram sometidos a “maltrato”

En el mundo que nos ha tocado en suerte hay algunas cárceles que se han hecho más famosas que otras. Así, las celdas de máxima seguridad Guantánamo, además del infierno en la tierra en la imaginación de cada uno de nosotros, se ha convertido en un símbolo transparente del destino que los Estados Unidos y las grandes potencias imperialistas tienen pensado y están ejecutando para el conjunto del planeta con vistas a que el capitalismo obtenga el pasaje a su sobrevida.

Pero, lamentamos tener que agregar, Guantánamo es en realidad sólo un botón de muestra. Algo que en realidad ya sabíamos o presentíamos, dado que las grandes potencias y sus organismos de seguridad se las han ingeniado para desparramar cárceles secretas por los lugares más diversos, poniendo en práctica una saña tal que coloca a la figura del “desaparecido” argentino y las andanzas de Jorge Videla y su troupe en el nivel de los juegos en el arenero.

A las pruebas nos remitimos. Hace unos días, el New York Times informó que el Comité Internacional de la Cruz Roja llegó a la conclusión de que Estados Unidos ha mantenido a docenas de prisioneros incomunicados por semanas e incluso meses en la base militar de Bagram, en Afganistán.
La Cruz Roja dijo, en un comunicado cargado con sus habituales términos de cuidada diplomacia, que se mantuvo a los prisioneros fuera del alcance de sus inspectores y que eran sometidos a tratos crueles, que violaban las Convenciones de Ginebra. Estados Unidos mantiene actualmente a 630 prisioneros en Bagram, más del doble de los detenidos en Guantánamo.

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Retórica virtual de dirigentes, economía real de los simples mortales

El jefe de Gabinete, Alberto Fernández, declaró el viernes pasado que los dirigentes ruralistas “se volvieron locos” cuando se propuso discutir la política de retenciones a las exportaciones de soja y girasol. Por su parte, casi al mismo tiempo, el presidente de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, aseguró que el conflicto “dejó de ser una pulseada por unos puntos de retenciones…”.

En medio de discursos tan retóricos y llenos de énfasis, pero donde el fondo de la cuestión queda siempre sin mentar, ¿quiénes creen ustedes que ejercitan la “economía real” y terminan pagando a precio oro un pedazo de queso fresco que no se vuelva agua sobre la pizza en el supermercadito chino de la vuelta?

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Raquel lleva el boleto del colectivo en su mano y piensa

En La Plata la Noche de los Lápices es una verdadera leyenda. No sólo por la memoria de la barbarie represiva que se conmemora todos los mediados de septiembre, sino por la cantidad de anécdotas y detalles que a lo largo del tiempo se han ido acumulando para engordar la figura de aquellos chicos, sus reuniones interminables, sus peleas, el modo en que se constituyó la coordinadora de los secundarios, el boleto estudiantil como necesidad y bandera.

Todo eso da vueltas en la cabeza de Raquel cuando ve venir el colectivo, cierra lo que está leyendo, sube, estira la mano con la monedita y espera que la máquina le devuelva su comprobante. Piensa entonces cómo es posible que algo tan pueril, algo que se deshace en su mano sudada, que puede traducirse en unos pocos centavos, veinte o treinta cuadras de bondi, esa cachito de papel se haya convertido en una consigna política, una forma de la agitación y el enfrentamiento social más despiadado.

Una reivindicación histórica por otro lado, piensa, que se ha mantenido y atravesado décadas en que los ómnibus cambiaron, y sus puertas, sus tapizados, sus colores y sus formas, y también los colores y las formas de los boletos, pero que atraviesa todo el país, lo aúna como una constante que se repite en el reclamo y es parte ya de las exigencias rutinarias a los gobiernos nacional y provinciales y a las empresas por parte de los empobrecidos estudiantes argentinos que se organizan y salen porque no les queda otra.

Cuando llega a casa y se sienta a la mesa para almorzar, su hermano mayor cuenta contento que a las autoridades no les quedó otra que acompañar el pedido de los centros y las agrupaciones, y que parece que el boleto estudiantil sale también para la universidad.

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El pequeño golpe

Tomó el segundo trago de agua de la botellita de plástico que colgaba de su mano y después juntó los pies dispuesto a levantarse de la silla y rajar.

En ese momento cuatro nuevos clientes llegaron desde la calle, cruzaron el salón del banco y dos de ellos cortaron sus números esperando ser atendidos. Por un instante, dados los movimientos imprevistos y bruscos, imaginó que iba a presenciar un asalto, pero no, su fantasía de inmediato se disipó al reconocer a uno de ellos, un viejo vecino del barrio que hace algún tiempo se mudó.

Entonces cambió de idea y permaneció sentado.. Alto, gordo, el tipo se había emprolijado todo lo que un hombre como él era capaz de hacerlo. Sus ojos eran penetrantes pero no agresivos y su bigote de siempre lucía ahora pequeño y bien recortado. En fin: se parecían. Entonces, pensó, ¿por qué le darían a él un préstamo que no a mí? La cercanía de aquel hombre avivó la luz de esperanza que alguna vez había encendido la folletería.

Finalmente gritaron su número y él se paró como un resorte. Con el papelito en la mano un segundo después se instalaba frente a una mujer sonriente que lo saludó cordial y agregó de inmediato: “Usted dirá”.

En ese momento, vaya uno a saber por qué, recordó que en la novela de Dashiel Hammett que leía la noche anterior el personaje entraba a un bar donde una chica cantaba la canción llamada “Decime lo que querés y yo te diré cuánto de eso vas a conseguir”.

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